Con 6.000 reparaciones al año, el negocio familiar liderado por Antonio de Santiago y Noemí Moreira, de Patinete Charro, se ha consolidado como el centro de referencia para los vehículos de movilidad personal en la ciudad.
En 2016 Antonio de Santiago circulaba por las calles de Salamanca sobre dos ruedas eléctricas. “La gente me miraba raro”, recuerda riendo. Por aquel entonces, el patinete era una excentricidad, una máquina del futuro. Hoy, tras una pandemia que aceleró la necesidad de transporte individual y sostenible, el panorama es radicalmente distinto. Lo que empezó como una afición mecánica en el salón de casa, reparando primero su patín, luego el de sus familiares y después el de los amigos, acabó convirtiéndose en un referente empresarial en la capital charra.
Un proyecto entre el amor y la electrónica
La historia de este taller es también la de Noemí Moreira, la mujer de Antonio de Santiago. Viendo el potencial del sector tras la pandemia, ambos decidieron unir fuerzas y volcar sus recursos en este proyecto propio. “Empezamos en el barrio de Garrido, junto al parque, pero el aluvión de trabajo fue tal que el local se nos quedó pequeño en apenas un año”, explica de Santiago.
Hoy, el equipo combina la veteranía técnica de Antonio de Santiago (técnico electrónico) con la destreza de Noemí Mareira, quien, según su marido, «es hoy la que más sabe de mecánica de todos nosotros». Además, cumplen una labor social y formativa al acoger a alumnos en prácticas del Instituto Río Tormes, preparando a las nuevas generaciones para un mercado laboral que no deja de crecer.

Según dice el propietario del taller, entre el 60% y el 70% de sus clientes son profesionales. Repartidores de plataformas de comida o trabajadores que viven en municipios como Cabrerizos, Carbajosa o Villares de la Reina, y que encuentran en el carril bici la solución perfecta para evitar el tráfico y los problemas de aparcamiento del centro.
Un peligro invisible
Uno de los puntos interesantes es el desconocimiento general sobre la seguridad técnica. De Santiago advierte que el 99,9% de los patinetes no están diseñados para circular bajo la lluvia.
«El litio de las baterías, en contacto con el agua, arde de forma espontánea», explica con gravedad. El taller ha llegado a ver casos dramáticos, como el de un repartidor cuyo patinete, tras mojarse en una borrasca, terminó incendiándose en el interior de su vivienda tres días después, provocando que «se le quemara el piso». Por esta razón, en este taller el protocolo es estricto: cualquier vehículo con sospecha de humedad tiene prioridad absoluta para ser revisado y reparado.
La revolución de las matrículas
Desde enero de este año, el sector ha dado un giro completo con la entrada en vigor de la nueva normativa de la DGT. Ahora, el patinete eléctrico se ha convertido en un vehículo identificado y asegurado.
El responsable de Patinete Charro destaca tres pilares fundamentales que todo el usuario de patinetes debe conocer y la mayoría desconoce:
- La Matriculación Obligatoria: Todos los patinetes deben estar registrados en la DGT. «Es un proceso similar al de un coche; se obtiene un certificado de inscripción y una numeración de matrícula asignada por la DGT», explica.
- El Seguro: Ya no es opcional. Es obligatorio suscribir un seguro de responsabilidad civil para poder circular legalmente.
- Sanciones Económicas: El desconocimiento sale caro. Las multas por circular sin matrícula o sin seguro pueden ascender a 800 euros y 600 euros respectivamente.
Como centro autorizado por la DGT para la manipulación de placas, De Santiago informa de los riesgos de acudir a intermediarios o comprar por internet. «Una matrícula tiene consideración de documento público. Imprimirla en casa es falsedad documental, un delito serio», advierte.

Además, alerta sobre la protección de datos: al pedir la matrícula en sitios no autorizados, la documentación personal «va saltando de un sitio a otro sin trazabilidad». Acudir directamente a un establecimiento autorizado no solo garantiza la legalidad y la seguridad de los datos, sino que reduce el coste, evitando sobreprecios que en internet llegan a triplicar el valor real.
El consejo de los expertos
Para Antonio de Santiago, el mayor error al comprar un patinete es fijarse solo en el precio. «De nada sirve gastarse 400 euros si, cuando se estropea, no existen repuestos». Su taller apuesta por marcas españolas (como Smartgyro o Zwill) que garantizan el suministro de piezas. Su recomendación es clara: acudir a establecimientos especializados donde el asesoramiento sea real y se asegure que el vehículo podrá ser reparado en el futuro.
Con 6.000 reparaciones anuales a sus espaldas, Patinete Charro no solo venden y reparan; educan al usuario. En un sector que se mueve a toda velocidad, la profesionalidad de este ‘hospital de patinetes’ es la mejor garantía para que Salamanca siga circulando de forma segura.
Reportaje. Lara Arias Lordén.




















