Hace cinco siglos el mundo entero miraba a Salamanca por las teorías ideadas por un grupo de hombres sabios. Juntos formaron lo que se denomina La Escuela de Salamanca. Conversamos con Manuel Paz, catedrático de Enseñanza Media y profesor universitario –Usal, Ucav, Uned- de Filosofía sobre cómo su saber cambio la manera de entendernos, que hoy en día está en riesgo.
¿Qué pensó cuando escuchó hace unos días las declaraciones de Ursula Von der Leyen, aunque reculó, de que el orden mundial se desmorona ante las crecientes violaciones del Derecho Internacional y la UE deberá adaptarse a esta nueva era de volatilidad?
Me sentí desilusionado porque sigo creyendo en los valores que ha defendido Europa en los últimos siglos, valores que arrancan justo de la época de La Escuela de Salamanca. Era una especie de renuncia a todos esos valores.
Y a cinco siglos de pensamiento.
Sí. En este sentido me desilusionó como demócrata. Hay varios niveles de Democracia. Uno elemental que consiste en que el sistema para conseguir el poder, se haga mediante votos. Ese es un nivel elementalísimo. Pero, es muy peligro, porque aquí caben todos los totalitarios.
De hecho, Hitler subió al poder en unas votaciones y Trump es el presidente más votado de Estados Unidos…
Exacto. Cabe la posibilidad de que los totalitarios se aprovechen de este nivel. El totalitarismo, aunque por desgracia nació en Europa, lo hizo precisamente para negar los valores europeos de siglos anteriores. Luego hay un segundo nivel, el sistema democrático como un sistema formal. El primero es necesario, pero es peligroso. El segundo también, pero se queda corto. No basta con un sistema formal, se necesita también un sistema de valores.
¿Cuáles serían esos valores fundamentales?
El primero es el respeto al otro, porque no todo el mundo es igual, ni piensa igual, ni actúa de la misma manera. El segundo es que el representante tiene que responder a criterios de verdad. Actualmente, se está imponiendo que respondan a criterios de falsedad, de mentira o incluso de estupidez. Ese sentido fundamental de la democracia parecía abandonado por completo en las declaraciones de la líder europea. No estoy dispuesto a renunciar al respeto al otro ni a la verdad en el sentido de que mi representante me represente de verdad y que yo pueda fiarme de él.
Le cedemos nuestra confianza…
Claro, yo le concedo la confianza, pero no para que el representante haga lo que quiera, sino para que haga lo que yo quiero y he expresado en un voto por un programa que me ha dado. Si ese programa se elimina o se dice que se ha ‘cambiado de opinión’, entonces ya no cuenta con mi voto porque es otra cosa.
¿Qué podríamos hacer los votantes? Porque es muy ‘cainita’ lo de los programas…
Los votantes podemos hacer bastante, entre otras cosas, tener en cuenta quién nos ha mentido única y exclusivamente para obtener el poder o para mantenerlo, y actuar en consecuencia. Alguien que niega los valores democráticos no es demócrata y, por tanto, no hay que votarle. Desgraciadamente, en la sociedad del siglo XXI y también en la del XX, los que ya tenemos cierta edad, esto estaba muy mediatizado porque los totalitarios no se presentan como tales. A partir de los años treinta del siglo XX, la inmensa mayoría de los totalitarios, se presentaban como demócratas.
Es que salían por las urnas…
Claro, utilizan la palabra democracia…
Y, libertad.
También la palabra libertad e incluso respeto para colarnos que son demócratas. Los totalitarios aprovecharon un lenguaje para colarnos que se presentaban como demócratas, cuándo cómo mucho entendían la democracia en el primer nivel, en el que utilizaban un medio -votos- para luchar por la conquista del poder. Se sirven de términos como ‘democracia popular’, ‘democracia orgánica’ u otros apellidos que tienen muy poco que ver con lo que es la democracia. Por desgracia, eso se sigue manteniendo en el siglo XXI.

¿Qué opina de que las Humanidades -Historia, Filosofía, Literatura- están siendo desterradas de la enseñanza y que esté dominando la ‘cuenta de resultados’ en el amplio sentido de la palabra?
Es un hecho que se ha producido.
Tanto tienes tanto vales cuando debería ser, tanto conoces tanto vales.
La enseñanza ha variado bastante y no siempre para bien. Por centrarnos en el ámbito de la enseñanza en España, tanto la secundaria como la universitaria, tal como la he vivido. En vez de preocuparse en mejorar la calidad de la enseñanza, con la teoría de que el memorismo era negativo o de que la calidad era elitista, se ha ido eliminando oficialmente.
Volvemos a la casilla de salida: Estoy aquí por los votos, paso los cursos porque me lo permite la ley.
El sistema. Esa es la cuestión. De tal manera que muchos centros de enseñanza se han convertido en meras ‘guarderías’, no centros de enseñanza sino estancias de los alumnos. Se valora más el estar o el asistir que el aprender. No se dice, pero se ve que es obligatoria la asistencia, pero no el aprender.
Retomemos. ¿Somos conscientes de la grandeza que tuvo La Escuela de Salamanca como precursora del Estado moderno?
El Estado moderno empezó a fundamentarse teóricamente a partir de una visión del hombre en el plano humanista, frente a la visión más o menos teológica de la Edad Media. Eso era propio del Renacimiento y de ahí venían estas tendencias que luego se desarrollan en La Escuela de Salamanca.
Era importante saber.
Sí y es importante decir que era la concepción del saber Aristotelismo. Tenemos que tener en cuenta que a finales del siglo XVI y principios del XVII, la visión del saber desaparece y es sustituida por la revolución científica, por otra forma de entender todo lo que es el saber. En el caso, de la Filosofía es sustituido por una tendencia a fundamentar el saber en las Matemáticas, que se refleja en Descartes. Esto hay que tenerlo presente porque debilitó la tarea de La Escuela de Salamanca.
¿En qué sentido?
La Escuela de Salamanca se fundamente sobre una visión del saber muy Aristotélica, pero renovada. No un Aristotelismo rancio o que no hiciera caso a los problemas de su época, sino al contrario. Una renovación del Aristotelismo que tenía en cuentan los problemas del momento.
En aquel ambiente ocurrió algo fundamental: el descubrimiento de otra forma de vida con la llegada a América.
Exactamente. El descubrimiento de América y de que allí había sociedades que no tenían nada que ver con las sociedades europeas.
Y, estaban avanzadas.
Dentro de lo que cabía tenían una organización interesante. Esto planteó muchos problemas teóricos.
¿Cómo cuáles?
Cual podría ser la relación entre una sociedad europea, por ejemplo la española o si lo dividimos en la castellana, aragonesa… los distintos ‘reinos’ de la monarquía hispánica y cómo se podían relacionar con aquellas sociedades. Esto originó un problema teórico. ¿La aplicación de la Ley puede ser directamente la aplicación de la Ley de Castilla, o la de Nápoles, o la de Portugal?
¿Qué defendió La Escuela de Salamanca?
Defendió que había que buscar un Derecho Internacional válido para todos, basado única y exclusivamente en el estudio de la naturaleza humana. Esto es clave: que el derecho no estuviera basado en el poder de alguien (en lo que un gobernante «puede» hacer), sino en el saber sobre el hombre. Lo intentaron y lo consiguieron; elaboraron toda una teoría sobre los derechos que corresponden al hombre por el hecho de ser hombre, independientemente de su sociedad.
Debió de escocer esta forma de pensar.
Sin lugar a dudas. Esto chocaba sobre todo en los países donde las teorías políticas no eran las que defendía La Escuela de Salamanca sino que eran las derivadas del ‘maquiavelismo’ o de la ‘razón de Estado’. Esas teorías llevaban al absolutismo, a la defensa del poder por el poder. En cambio, La Escuela de Salamanca defendía el poder al servicio de y, por tanto, defender el saber de lo que sabemos sobre el hombre y el poder debe atenerse a lo que sabemos sobre el hombre.

¿Qué nos diría hoy aquel Francisco de Vitoria? Teniendo en cuenta que no eran personas comunes, eran sabios.
Francisco de Vitoria y todos los miembros de La Escuela de Salamanca eran doctores en Teología. Habían llegado al máximo de la preparación. Eso es innegable. Ya fuera en la orden de los Dominicos, como Vitoria, o en otras como los Jesuitas (de donde salió la teoría del tiranicidio), estaban muy preparados. Yo creo que, si estuvieran hoy aquí, nos plantearían la necesidad de volver al Derecho Internacional desde el saber y no desde el poder. Nos dirían que mantuviéramos los valores expresados en los derechos que corresponden al hombre. Que estudiáramos la naturaleza del hombre -aunque ya no desde un punto de vista puramente aristotélico- y que nos atuviéramos a esas necesidades de los hombres, contando con una visión del hombre como persona, no como el hombre masa, que es una visión totalitaria, y contando las condiciones posibles de la democracia representativa del siglo XXI.
Estaría bien.
Hoy parece que lo que importa es que el «Partido X» o el «Político Y» tengan mucho poder para hacer lo que quieran. Si lo hacen, que lo hagan, eso correspondería a la tiranía. La Escuela de Salamanca le planteó estas verdades incluso a reyes absolutistas, aunque los reyes de la monarquía hispánica eran «menos» absolutistas porque consideraban que debían atenerse a los Fueros de cada reino.
¡Qué moderno! Respetando cada singularidad.
Los reyes de la monarquía hispánica fueron bastante respetuosos dentro de lo que cabe. Felipe II, por ejemplo, cuando gobernaba para Castilla se atenía a los fueros de Castilla, para Portugal a los de Portugal y para Aragón a los suyos. Sabía que tenía que atenerse a esos ‘Usos’ o ‘Fueros’. Hay muy pocos casos de ruptura. Hubo un intento con Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares que provocó un montón de problemas. Pero, en general los reyes de la monarquía hispánica fueron respetuosos dentro de lo que cabe.
Y, ¿fuera de España?
Fuera de España, el absolutismo triunfó enormemente en Francia, pero no en Inglaterra. Recordemos que en el siglo XVII, aquello provocó la Revolución Inglesa, el movimiento de Cromwell y la decapitación del rey. Al final, después de una dictadura espantosa, derivó en la vuelta a una monarquía totalmente nueva, a una monarquía parlamentarista, donde las limitaciones del rey estaban expresadas y también la acción de los representantes.

El Siglo de Oro vio transitar a grandes mentes desde Francisco de Vitoria, Velázquez, Quevedo, Fray Luis de León,… Años de una crisis económica, social y de valores parecida a la actual. ¿Es posible que surja otro Siglo de Oro ahora?
Como posibilidad, sí. Pero el ambiente no lo favorece.
Manuel, estamos gobernados a golpe de tuit.
Sí. Vivimos en la inmediatez. Para prepararse intelectualmente se requiere tiempo, cuando se confunde la urgencia de una determinada cuestión con la solución, nos puede llevar a grandes desastres. No creo que pueda haber un Siglo de Oro sino todos los Siglos de Oro habidos y por haber. En el caso de España, fue más de un siglo, como 130 años. Fue una tarea constante, de preparación y de influencia en la comunidad y en el resto de las personas, que aunque no sabían leer, estaban interesadas en mejorar.
Ese es el principio de todo.
Sí. Y, por otra parte, había que tener en cuenta que había la costumbre de que uno leía y diez o doce estaban escuchando.
Volvemos a la memoria.
Y a la necesidad de que se mantenga y exista. Y, no sea el paso de imágenes que una sustituya a otra. Es posible que tuviéramos otro Siglo de Oro, pero no soy optimista, porque creo que el ambiente actual no ayuda.
¿Por qué?
Porque el sistema lo que intenta es que no pensemos y sobre todo que no pensemos de manera inteligente. Un pequeño detalle: en los años 60 se definía la inteligencia como la capacidad de resolver problemas sin recurrir al ensayo y al error. Si busca hoy, no hay nada de eso en el actual concepto de inteligencia. Incluso cuando hablamos de Inteligencia Artificial se apela a todo lo contrario: a ponerlo todo a partir del ensayo y el error que ya maneja la máquina.
Ahí lo dejamos.
Ahí lo dejamos.


















