Hay un aliento que recorre el mundo, la diversidad y a cada uno. Lo respira la gente sencilla, los aclamados, los vestidos de púrpura y los desnudos. Está anclado en el tiempo, es de una prodigiosa belleza y se halla en todas las direcciones. Cualquiera puede adoptarlo, se tenga o no alma, sea principio o final. Su grandeza es que a todos beneficia y cada cual puede ponerle el nombre que quiera. Yo, hoy: NO A LA GUERRA.
Basta ya que el odio y la avaricia de unos causen la tragedia y el sufrimiento de todos, haya arrebatos de locura, sangre en las calles y se vuelva a las cavernas. Es triste asomarse a la vida y que te enseñen los dientes, sean salvajes los que te cortan el paso y el horizonte lo quiebren cataratas de fuego. Toda guerra es un fracaso, una fatal calamidad, además de la mayor de las estupideces humanas.
Es hora que se haga porque lo que suceda sea algo hermoso, que se cante y ría contentos, que los niños se hagan hombres y las niñas mujeres. Ha de volverse a lo que corresponde a cada edad, al respeto y la cordialidad, a lo que colma el corazón de alegría y de todo lo que maravilla, que es caracola de la fortuna y magnífica concordia. Ya saben, la paz comienza con una sonrisa y la amistad es ante todo confianza.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)





















