El aceite asesino

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En 1981 estaba candente el problema surgido por el consumo de aceite de colza y, como consecuencia, la aparición de una enfermedad nueva, el Síndrome Tóxico. El Gobierno estaba desorientado y sin saber qué hacer. El aceite adulterado se había vendido por toda España y la provincia de Salamanca no había sido una excepción. Se formó una unidad de seguimiento de los afectados que dirigió eficazmente Julio Fermoso, catedrático de Patología Médica, y de la que formó parte María Mendoza, asistente social del Hospital Universitario. Se conoció que en algunos barrios de Salamanca se había comercializado el aceite a bajo precio con el pretexto de que estaba autorizado por las autoridades sanitarias.

La Policía Municipal y los Servicios Veterinarios del Ayuntamiento extremaron los controles de la venta ambulante de productos alimenticios. La venta de aceite a granel estaba prohibida por ley. Aquellos expendedores de aceite activados con una palanca de aspiración en vacío que veíamos en los ultramarinos de nuestras ciudades y pueblos, con las que se llenaban las cántaras que llevábamos desde casa, pasaron en pocos días a mejor vida. También se prohibió la venta de algunos aceites embotellados y etiquetados, de su listado dimos información en el periódico municipal Casa Grande. El Ayuntamiento se esforzó en la vigilancia y en las denuncias de los vendedores infractores. El caso del aceite de colza acabó convenciendo a los vecinos que con las cosas de la salud no se juega y que la persecución de la venta a granel de aceite y a jarreo de leche era necesaria.

Como resultado de la sensibilización surgida por el consumo nació la Cartilla del Consumidor. La Comisión de Mercados y Abastos del Ayuntamiento de Salamanca realizó su edición para facilitar a los ciudadanos los conocimientos de sus derechos como consumidores, las normas de calidad de los productos, la fecha de fabricación y caducidad, los precios máximos autorizados, las prácticas abusivas y los procedimientos para realizar reclamaciones. Cuando terminaba 1981, aciago para el consumo, Casa Grande publicó el primer fascículo de la Cartilla del Consumidor. Estaba dedicado al consumo de alimentos. En números posteriores del periódico municipal se trataron otros muchos temas de interés: vivienda, bebidas y las ventas a plazos.

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