La ofensiva militar de Israel sobre territorio iraní ha alcanzado un nuevo hito estratégico. En las últimas horas, el ejército israelí ha confirmado la «eliminación» de Esmaeil Jatib, ministro de Inteligencia de Irán, durante un ataque selectivo en la capital, Teherán.
Jatib se suma así a una lista de bajas de alto nivel que en apenas 48 horas ha incluido al jefe de seguridad, Alí Larijani, y al comandante de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, en un contexto de desmantelamiento sistemático de la cúpula del régimen.
Un objetivo prioritario para el Mosad
A Esmaeil Jatib, figura clave del aparato represor desde su nombramiento en 2021, se le atribuía un papel fundamental en la persecución de disidentes y en la organización de actividades contra intereses israelíes y estadounidenses. Su muerte ha sido calificada por el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, como un «cobarde asesinato», asegurando que la estructura del régimen no se verá alterada.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno muestra un escenario de vulnerabilidad extrema:
- Vacío de liderazgo: La muerte de Jatib llega tras el fallecimiento del líder supremo, Alí Jameneí, el pasado 28 de febrero. Su sucesor, Mojtaba Jameneí, aún no ha realizado apariciones públicas, limitándose a emitir comunicados leídos.
- Caza de «traidores»: En un clima de paranoia interna, el Ministerio de Inteligencia informó, poco antes de la muerte de Jatib, del arresto de 111 personas acusadas de espionaje. Además, se ha confirmado la ejecución de un ciudadano sueco acusado de colaborar con el Mosad.
«Nadie tiene inmunidad»
Desde el Gobierno de Israel, el mensaje es de victoria absoluta. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha sido tajante al afirmar que la intensidad de los ataques no hará sino aumentar: «La política es clara: nadie tiene inmunidad en Irán y todos están en el punto de mira».
Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha otorgado libertad total al ejército para continuar con los bombardeos sin necesidad de autorizaciones individuales, mientras el mundo observa con incertidumbre una escalada que parece no tener techo diplomático.

















