La guerra en Oriente Próximo ha entrado este miércoles en una nueva y peligrosa dimensión económica. Fuerzas de Estados Unidos e Israel han bombardeado instalaciones iraníes en Pars-Sur, el gigantesco yacimiento de gas que Irán comparte con Catar en el golfo Pérsico. Este movimiento rompe la estrategia mantenida hasta ahora por Washington de evitar ataques directos contra infraestructuras energéticas para no desestabilizar los mercados globales.
El «péndulo de la guerra» vira hacia la economía
Los ataques han golpeado industrias petroquímicas en Pars-Sur e instalaciones petrolíferas en Asalouye (provincia de Bushehr). La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar, calificando la acción de «error fatal» y anunciando el inicio de una «guerra económica a gran escala».
El Ejército iraní ha emitido una advertencia urgente:
- Amenaza regional: Recomiendan a la población civil de Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Catar alejarse de refinerías e instalaciones energéticas, que pasan a ser objetivos de «reciprocidad» en las próximas horas.
- Corte de suministros: Irán ya ha suspendido el envío de gas al vecino Irak para priorizar su consumo interno.
Alarma en los mercados y condena de Catar
La onda de choque del ataque ha llegado de inmediato a las bolsas de valores y a los indicadores de energía. El precio del crudo Brent se ha disparado más de un 6%, situándose cerca de los 110 dólares por barril, mientras que los futuros del gas en el mercado holandés (TTF) han superado los 56 dólares.
Por su parte, el Gobierno de Catar ha calificado el ataque de «peligroso e irresponsable», recordando que Pars-Sur y su Campo del Norte comparten la misma bolsa de gas. Ante el riesgo de represalias, Doha ya ha ordenado la evacuación de la refinería de Ras Laffan. Cabe recordar que Catar ya mantenía suspendida su producción de gas licuado, lo que supone un recorte del 20% en el mercado mundial; cualquier daño estructural podría prolongar este desabastecimiento más allá de mayo.

















