Son las nueve de la mañana y, aunque el aire es fresco, Salamanca parece haberse preparado bien para la visita de este jueves. Aún no hay mucha gente, pero por las calles del centro ya se siente la importancia del evento: furgones de seguridad por todos lados controlan cada centímetro para recibir al Rey Felipe VI, quien este jueves preside la investidura del presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella, como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.
Llega el momento de las acreditaciones. “Puedes pasar”. Control y pienso: “No llevo nada peligroso”. Tras una espera inquieta, caminamos hacia la fachada de Filología. Allí, un gran grupo de estudiantes italianos se agolpa en las escaleras de la imponente fachada universitaria. Se les ve nerviosos y divertidos; se sacan selfies mientras esperan y no paran de reír. Son alumnos del programa Erasmus.
Los medios gritan: “¡Ya llegan!”. Una masa de gente en traje aparece por la derecha. En primera fila caminan el Rey y el presidente italiano junto al rector de la Universidad, Juan Manuel Corchado. Saludan a los estudiantes, conversan con ellos entre risas y la ruta continúa por la Rúa Mayor, entre gente asombrada y móviles en acción. Momento en el que pienso: “¿De qué estarán hablando el Rey y el presidente?”. Mientras ellos siguen hacia la Plaza Mayor, algunos nos volvemos para esperar el acto en el interior del Paraninfo.

En el Paraninfo, todo está organizado para que no haya ni un fallo. Suena una música solemne que impone respeto y comienza el cortejo oficial de doctores y catedráticos, precedidos por el coro de la Universidad. Un precioso concierto en directo acompaña la entrada del Rey y el presidente. Al comenzar la ceremonia, se siente el peso del conocimiento. Veo a algunos de mis antiguos profesores y recuerdo mis días en la Universidad; es entonces cuando te das cuenta del prestigio real de esta institución.
El rector Corchado habla sobre las relaciones que unen a España e Italia desde que Nebrija trajo el humanismo italiano a estas aulas. Hoy esa tradición se siente más viva que nunca. Al escuchar el italiano en la sala, me trasladó directamente a cuando iba a clase en Perugia. Allí pude ver que no nos diferencian tantas cosas: quizás solo el horario del sueño (nosotros nos vamos más tarde a la cama porque ellos cenan muy pronto) y, por supuesto, el café. Allí es mucho mejor, un simple café con leche sabe diferente. Vuelvo a pensar: “¿Qué le habrá parecido a Mattarella el café que se ha tomado hoy en la Plaza Mayor?”
Un mensaje para Europa
El discurso del presidente Mattarella estuvo cargado de profundidad intelectual. Con la celebración del V Centenario de la Escuela de Salamanca, recordó cómo los grandes valores de la humanidad fueron forjados en estas aulas. Mattarella rescató figuras representativas que han paseado por nuestra ciudad para advertir que, trágicamente, el mundo parece estar olvidando esos principios.
Citó a Miguel de Unamuno para hablar de la «crisis de valores» que atraviesa el continente. En un eco de 1935, advirtió que Europa debe «preparar el terreno para una vida mejor», basada en relaciones inteligentes y no en una competición destructiva. “Decir que no a la guerra es decir sí a la libertad de culto y de palabra”, resonó con fuerza en el Paraninfo. Mattarella apeló a la Carta de San Francisco para denunciar los abusos del sistema imperialista, recordando que el hombre no es el centro absoluto del mundo, sino un ser en relación con su vecino.

El acto fue un homenaje a los maestros de esta casa: Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Francisco Suárez. Ellos sentaron las bases de los derechos humanos y Mattarella recogió este jueves su testigo, citando la sensibilidad de María Zambrano para entender que la democracia es, ante todo, un estado del espíritu que pone a la persona en el centro.
Tras el peso de sus palabras, que seguramente hicieron reflexionar a más de un catedrático, Mattarella finalizó citando un poema de Petrarca, enfatizando la relación histórica del autor con estudiosos salmantinos. El Rey y el nuevo Doctor abandonaron el Patio de Escuelas dejando tras de sí los valores más importantes de la humanidad.
Por. Lara Arias Lordén.


















