Una semana después del gran premio de la Primitiva que sacudió el barrio, la dueña del kiosco de Chamberí, nos recibe entre la rutina y la esperanza.
La vida cotidiana sigue intacta pero la pregunta que flota en el ambiente sigue siendo la misma: ¿Quién es el dueño de la fortuna? 126 millones de euros buscan dueño, o mejor dicho, el dueño busca pasar desapercibido. Marisa Miguel Luis y su pareja le piden que les paguen unas vacaciones, aunque sea de forma anónima.
La suerte en tiempos de internet
A diferencia de los premios de antes, donde se encontraba a alguien por el boleto en físico, arrugado en el bolsillo y con una sonrisa de incredulidad, en el premio de Chamberí la suerte viajó por la vía de internet. Eso significa que el ganador pudo haber validado su apuesta desde su sofá en el mismo barrio o desde cualquier punto de España, eligiendo este punto de venta de forma aleatoria en la web oficial. Pero como en todos los barrios siempre hay rumores: “rumores hay mil desde el principio”, confiesa la dueña entre risas. “Que si era un andaluz, que si era un catalán, que si es de aquí…yo no tengo ni idea”.
El silencio del millonario
¿Y si no se ha enterado del gran premio que le ha tocado? María Isabel lo duda seriamente. «Es muy difícil no saberlo con un premio tan grande», reflexiona. «Lo habitual es que la persona lo sepa, pero también es habitual no contarlo. Es peligroso». Y no le falta razón. En un mundo donde la privacidad es un lujo, ser el «millonario del barrio» puede convertirse en una condena de peticiones, préstamos y miradas malintencionadas.
Mientras el misterioso ganador guarda silencio, el kiosco continúa con su rutina habitual pero algo ha cambiado. Con tal evento los curiosos se acercan a probar suerte “¡Ah, que has dado el premio más grande! dame a ver si me toca a mi”, es lo que más se escucha en el Kiosco de Chamberí. Pero la dueña confiesa que el negocio siempre ha tenido una clientela habitual que sigue manteniéndose y sobre todo alegrándose por el premio que ha dado.
Un llamamiento al millonario
Pero lo más llamativo de esta historia no está en el bombo de los números, sino en el sentido del humor de sus protagonistas. María Isabel y su pareja han diseñado una camiseta que ya es el emblema del local. En ella, un mensaje directo y cargado de intención: “Somos los loteros de los 126 millones de euros, seguimos sin vacaciones”.
Es un llamamiento desesperado y divertido a ese «fantasma» millonario. «Lo único que le pido son unas vacaciones, que se manifieste aunque sea de forma anónima», dice María Isabel mientras posa para las fotos. Es un trato justo: ella le dio la suerte; lo mínimo sería que el afortunado correspondiera con un descanso merecido para la mujer que le cambió la vida.
Texto y fotos: Lara María Arias Lordén
















