El éxito personal por sí solo no satisface plenamente, como tampoco el poder o el dinero. Tal ocurre con la inteligencia artificial, capaz de producir de manera eficiente, precisa y barata, pero que, hecha de luz fría y sin alma, nunca se emocionará ni conmoverá. Es hora de reivindicar, por encima del beneficio, el amor, la amistad y la solidaridad, y hacer porque los jóvenes crezcan sin prisa y se envejezca estimado.
Suele ser lo fácil, eso que está al alcance de todos, lo que más gratificación produce: contemplar el amanecer, la sonrisa de un niño, escuchar música, bailar, sentirnos en los que queremos. Pocas cosas son tan satisfactorias como estar con los nuestros, conversar con los amigos, pasear, leer y soñar. Lo grande es la suma de las pequeñas cosas y hacer sencillas las cosas, de gente grande.
Hay que reinventarse, hacer por ser dueños de nuestra historia, obrar atrevidos, entusiasmarse con lo cotidiano y poner en valor nuestros méritos. Cuanto más satisfechos de sí mismos más probabilidades se tiene de alcanzar lo que se desea. Es bueno saberse en un mundo en el que hay miles de cosas extraordinarias de las que podemos disponer, disfrutar y cuidar. Mala es la sensación de que la vida se va sin vivirla del todo.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)



















