‘Falcon Crest’ en Cantora: Kiko Rivera frena la venta millonaria tras un acercamiento con su madre

Kiko Rivera, en una de las imágenes de su perfil de Instagram, red social en la que abre su corazón y rememora su trayectoria vital. Foto: Instagram.

Parecía que el destino de Cantora estaba sellado, pero la histórica finca de Medina Sidonia vuelve a ser el escenario de un giro de guion inesperado. A pesar de que la operación de venta estaba prácticamente cerrada por una cifra millonaria, Kiko Rivera ha decidido dar un paso atrás, paralizando por completo el proceso.

Reconciliación y dudas de última hora

La noticia ha saltado tras las declaraciones de Begoña Gutiérrez, encargada de gestionar la operación, quien ha confirmado que el DJ se encuentra en un «impás». Según Gutiérrez, el motivo de este parón es un inesperado acercamiento entre madre e hijo: «Kiko dice que se ha reconciliado con su madre y parece que ya no está interesado en vender. Lleva días diciéndole a su abogado y a mí que necesita tiempo para reflexionar sobre este paso», explicaba la gestora.

«Una lianta profesional»

Begoña Gutiérrez, que fuera mánager de la tonadillera, no ha ocultado su malestar y señala directamente a Isabel Pantoja como la responsable de este cambio de opinión. Para Gutiérrez, la artista está utilizando su influencia para frenar la venta en beneficio propio: «Su madre es una lianta profesional y ha vuelto para fastidiarle la vida una vez más».

La situación financiera de Kiko Rivera sigue siendo el punto más crítico de la polémica. Según los datos revelados:

  • El DJ figura como avalista de su madre, no como deudor directo.
  • La deuda que pesa sobre su parte de la finca asciende a 1,1 millones de euros.
  • Hacienda ha emitido un certificado que confirma que Kiko responde con su patrimonio por las obligaciones de la cantante.
El comprador, a la espera

A pesar del caos familiar, el interés por la finca sigue vigente. Según Gutiérrez, el potencial comprador es una persona «sensible y solidaria» con la situación de Kiko, lo que ha permitido mantener cierta paciencia en las negociaciones. Sin embargo, este nuevo «blindaje» emocional de Kiko hacia su madre pone en jaque una operación que prometía sanear las cuentas de ambos y cerrar, de una vez por todas, uno de los capítulos más convulsos de la crónica social española.

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