Por primera vez desde el estallido del conflicto en Oriente Próximo hace un mes, Irán ha logrado abatir un avión de combate estadounidense en su territorio. Según fuentes de la administración estadounidense citadas por Reuters, el aparato -identificado inicialmente como un F-15E Strike Eagle– habría caído en el sur del país persa.
La prioridad absoluta ahora es el rescate de la tripulación. Mientras Washington ha confirmado que uno de los dos militares ya ha sido localizado y puesto a salvo, la suerte del segundo tripulante sigue siendo una incógnita. La situación es crítica: Teherán ha puesto precio a su cabeza, ofreciendo recompensas y condecoraciones a cualquier civil o militar que logre capturarlo o «abatirlo».
En el terreno, la tensión es palpable. Medios locales han difundido imágenes de civiles disparando contra helicópteros de rescate estadounidenses que vuelan a baja cota. En el plano político, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, no ha tardado en mofarse de la situación en redes sociales, cuestionando la «brillante» estrategia de Washington.
Este incidente marca un punto de inflexión en la operación «Furia Épica» liderada por Donald Trump, quien recientemente prometió endurecer los ataques. Mientras tanto, el ejército iraní ha lanzado una advertencia tajante: cualquier represalia contra infraestructuras críticas (puentes o plantas eléctricas) provocará una respuesta «devastadora» que alcanzará no solo a EEUU e Israel, sino a todos sus aliados en la región.



















