Opinión

No hacer nada

Una persona se relaja en una tumbona junto al mar. Foto: Alfcermed | Pixabay.

Los hay incapaces de figurarse sin obligaciones, ese lujo al alcance de tan pocos. Les digo que si uno se convirtiera de pronto en dueño absoluto de su persona, lo primero que haría sería liberarse de imposiciones. ¿Se imaginan levantarse sin que suene el despertador, poder elegir la tarea, nadie que te mande y atreverse a decir no a lo que te supera y bloquea? Vida plena y ninguna servidumbre. Me apunto.

 No sería el paraíso, pero no tener deber estricto que cumplir, vivir al margen de la rutina y hacer fiesta los días de diario se le parece. ¡Qué bien!, dejar de correr para llegar a la hora, no tener que aguantar el dolor de muelas del jefe y reírte solo cuando el chiste te hace gracia. Les digo que bueno el trabajo no será cuando tienen que pagar porque se haga. Matar no mata, pero no deja vivir en paz.

No es broma y, pese a reconocer que no hacer nada está mal visto y que convenza lo de que para medrar sin hurtar lo mejor es trabajar, lo cierto es que la mayoría preferiríamos holgar. Cosa harto difícil de lograr por la mucha habilidad que se requiere, cara dura o ser un cuentacuentos excepcional. Porque multimillonarios hay, todopoderosos, ricos de cuna y a quien le toca la lotería, pero los más somos de trabajar, callar y soñar. La verdad, no hacer nada es hacer algo, así que toca seguir como estamos, un día bien y tres, creyéndonos mal.

Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor


Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)

Deja un comentario

No dejes ni tu nombre ni el correo. Deja tu comentario como 'Anónimo' o un alias.

Te recomendamos

Buscar
Servicios