Salamanca es Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Miles de turistas se acercan a conocerla por las ‘postales’ que han visto de ella. Es necesario poner señales de tráfico, indicativas, informativas… pero se debería de cuidar el lugar dónde se colocan, para que turistas y foráneos puedan disfrutar de la vista, de los monumentos y a la vez tener orientación y comunicación suficiente para no perderse nada, en el más amplio sentido de la palabra.
Lo que muestran estas imágenes -señales en las proximidades del Puente Romano y con las catedrales al fondo- no es un caso aislado, es el síntoma de una deriva preocupante. Salamanca, repetimos, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, está siendo invadida progresivamente por una contaminación visual que banaliza su valor histórico y deteriora su identidad. Quizá si el Ayuntamiento tuviera una Concejalía de Patrimonio, que no la tiene, al menos con la nomenclatura y ya se sabe que si algo no se nombra, no existe, esta colocación de señales como si estuvieran plantando cereal, se cuidarían.
Frente a la silueta imponente de la Catedral de Salamanca, emergen señales, postes, paneles y estructuras que no solo distraen, sino que interfieren directamente en su contemplación. Resulta difícil de justificar que una fotografía del propio monumento se coloque delante de él, como si la realidad necesitara ser sustituida por su copia. Esto se podría calificar como desorden.

La acumulación de señalética, muchas veces redundante o mal ubicada, junto con la proliferación de soportes publicitarios, cámaras, farolas sobrecargadas y elementos sin criterio estético común, está generando un paisaje urbano fragmentado, caótico y carente de sensibilidad patrimonial.
Está montada la estructura donde irá un panel, dese el Ayuntamiento explican que es para anunciar la obra de los Pretiles, que está subvencionada por el Ministerio. Por ley están obligados a informar al paseante del coste de la obra. Es lógico que el contribuyente sepa en qué se invierte su dinero, pero también tiene derecho a disfrutar de las vistas, por lo que se puede buscar una colocación que no dificulte contemplar la belleza arquitectónica de la ciudad.
Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca, partido municipalista comprometido con nuestra tierra, ve imprescindible alzar la voz ante esta situación. «No se trata de una crítica superficial, sino de una llamada de atención urgente, la ciudad se está llenando de ruido visual y nadie parece asumir la responsabilidad de poner orden. Reivindicar una Salamanca más limpia visualmente no es una cuestión estética menor, es una defensa del patrimonio, de la identidad y del derecho de ciudadanos y visitantes a disfrutar de un entorno coherente y digno», puntualiza Martín Galeano.
El líder de Por Salamanca cree que hace falta valentía política y criterio técnico para, reducir la señalización innecesaria, integrar el mobiliario urbano con sensibilidad, eliminar duplicidades y elementos superfluos, priorizar siempre la visibilidad del patrimonio, «porque una ciudad como Salamanca no necesita añadidos para ser comprendida, su historia ya habla por sí sola. Lo que necesita es que dejemos de taparla», concluye Chenche Martín Galeano.

















