Marisa Fernández Armenteros regresa a Salamanca y lo hace con un Goya bajo el brazo, el que ha ganado como Mejor Película 2026 por Los Domingos.
La productora estuvo en el aula Francisco de Salinas, del Edificio Histórico. Marisa Fernández Armenteros es antigua alumna de la USAL, mitad salmantina y mitad cántabra. Por eso, pisar las calles salmantinas es volver a la que fue su casa en la época más emocional de su vida.
La memoria de los bares y el refugio de la amistad
Después de 25 años, Marisa Fernández Armenteros explica que para ella el encuentro con la ciudad ha sido atemporal, las personas han cambiado, pero todo sigue igual: “Cuando entré en el edificio Anaya me acordé de cuál era el despacho de cada profesor y de dónde presentaba mis trabajos”. Los lugares físicos le han traído los recuerdos más inmediatos: “Es curioso cómo se me han olvidado los nombres de las calles, pero no los de ciertos bares. ¿Por qué la memoria funciona así?”, dice entre risas, recordando los locales como El Moderno, El Puerto de Chus o El Clavel, donde vivió aquellas historias que forman parte de su “educación sentimental», propia de la etapa universitaria.
Más allá de las letras y la comunicación, la productora de Los Domingos afirma que la Universidad le ofreció algo mucho más valioso: la amistad. “Aún conservo el grupo con mis compañeras de Filología; tenemos un grupo de WhatsApp que se llama ‘Las Filólogas’”. Recordó con orgullo cómo su generación, a menudo estigmatizada por elegir carreras de humanidades, ha terminado en puestos de gran relevancia: «En Filología hay gente brillante”.

Salamanca le regaló también el cine en versión original: “Si hoy me dedico al cine es porque aquellos miércoles, día del espectador, iba a los cines Van Dyck y al Bretón. Veía muchísimas películas con los ojos muy abiertos”. Fue en tercero de Filología, estudiando las adaptaciones literarias al cine, cuando nació su verdadera vocación por el séptimo arte. Fernández Armenteros recordó con una sonrisa cómo en aquel entonces con el poco dinero que tenían, hacían muchísimas cosas: “¿Por qué ahora me he dedicado a tener tantas necesidades?”, reflexionó dejando un mensaje de una vivencia plena y de disfrute por cada cosa.
Orgullo de letras
En una charla llena de sinceridad, la ex alumna de la Usal insistió en que la etapa universitaria es el momento de las “corazonadas». Explicó que, cuando eres joven, tomas decisiones desde el corazón, sin pensar en que vendrá después. “Son decisiones livianas, corazonadas”, recordó. Para ella, ese dejarse llevar por la aventura es el reflejo de un talento puro que, con los años, madura hasta convertirse en éxito. Así fue como, gracias a sus notas y a ese impulso, obtuvo la beca que la llevó a vivir a México o lo que la hacía pasar horas en la Radio USAL simplemente porque le apasionaba lo que hacía.
La función de la productora
En el día a día de un rodaje, la productora es ‘sor Crisis’, así la nombró la directora de Los Domingos. Su trabajo es anticipar problemas antes de que ocurran y de que la maquinaria no se detenga. Con jornadas de hasta 16 horas, Fernández Armenteros se encarga de que el ambiente no sea estresante y de que todo el mundo esté cómodo. Pero si el ambiente se vuelve insoportable, ella reparte anchoas de Santander para todo el equipo. Tirando de sus raíces cántabras la productora dice: «Es un regalo democrático; siempre que puedo regalo anchoas, desde el director hasta un auxiliar”.
Tras fundar su propia productora, Buenapinta Media en 2021, Marisa Fernández Armenteros ha consolidado una carrera marcada por la valentía de apostar por historias que otros no se atrevieron a ver. Su firma está detrás de obras como Cinco Lobitos, que revolucionó la mirada sobre la maternidad, o Un amor, bajo la dirección de Isabel Coixet. Esa sensibilidad y estética que irradia todas las historias en las que se sumerge es la clave de que cada película conmueva. Esa sensibilidad la llevó a producir Ciudad sin sueño, una de sus últimas apuestas. Rodada en la crudeza de la Cañada Real junto a la comunidad gitana. Una experiencia que le reafirmó que la educación es la única herramienta real para «abrir ventanas» y despertar la curiosidad.

Un consejo final
Para cerrar, la ex alumna de la Universidad lanzó un mensaje a los estudiantes: “En mi generación pedíamos demasiado permiso y demasiado perdón. Yo os digo: pedid menos permiso”. La productora explicó el valor del nuevo talento venidero, de las historias primerizas, de la ilusión y curiosidad que predomina en su trabajo. Insistió en que la incertidumbre y el miedo son un sentimiento que siempre van a estar presentes, pero que no tenemos que dejar que nos frene, sino usarlos como el motor de los sueños. Su filosofía es clara: “La vida va de meterse en jardines; si no, sería muy aburrida”, concluyó.
Tras este mensaje de alivio, el público tuvo la oportunidad de conocerla personalmente y ver de cerca esa figura de bronce, que tanto significa.
Por. Lara Arias Lordén.
















