Detener el mundo no se puede, ni durar siempre, pero en pleno atardecer de violeta el horizonte, hallar palabras para describir la belleza de las cosas, el infinito de la pasión y del dulce sabor de la vida, sí. No es malo dejarse llevar por la corriente, exponerse a lo desconocido, darse un gusto prohibido. El camino no es estrecho, lo hacemos nosotros. Ya saben, el propósito de la vida es vivirla.
En cada uno está contenida toda la belleza del mundo y todos estamos invitados al banquete de la vida, y aunque agua bendita no llueve ni los ángeles están por regalar nada, al alcance tenemos el sol radiante de mediodía, pájaros volando libres a bandadas y a la orilla del río frescor en pleno verano. ¡Jo! Es triste que luciendo en la noche a miles las estrellas, los haya que la ven oscura.
Bien lo de guardar grano para el año que viene y mantener el rumbo en la tormenta, pero contentarse con lo necesario, seguir con la rutina y no romper lo que impide el paso conduce a la derrota. Nada de por vernos sanos y a salvo obligarse a vegetar en casa, salir tres veces al día de paseo y ser portadores de lamentos y suspiros. Les digo que lo que no les suene bien lo manden con la música a otra parte.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)















