De la sombra a la luzLocalPortada

La historia de cómo cambió Salamanca gracias a un francés

El general francés Paul Thiébault deambuló por Salamanca entre 1807 y 1812 en plena Guerra de la Independencia y al igual que sus compatriotas dejaron en la ciudad luces y sombras

 

Thiébault, Paul, general francés, era un personaje culto, con dominio de la cultura clásica, como demuestra en su libro de ‘Memorias’. Recogemos en el reportaje su paso por Salamanca y también las tropelías cometidas por los franceses durante la Guerra de la Independencia

 

Salamanca le debe mucho al general francés, Paul Thiébault,  para bien y para mal, como es parte de su urbanismo y su higienismo (sacar el cementerio de las iglésias) y mucho más que recogieron en su libro ‘Memorias’, Miguel Ángel Martín Mas y Ricardo Robledo.

La primera actuación urbanística de Thiébault a su llegada a Salamanca fue la orden, en febrero de 1811, de numerar las casas.

Hasta entonces, solamente las casas de algunas comunidades e instituciones llevaban una inscripción sobre el dintel de la puerta donde se indicaba el propietario y un número que correspondía al orden que hacían dentro del conjunto de las posesiones de ese dueño, sin guardar por tanto ninguna conexión con las casas contiguas.

La siguiente fue la construcción de la Plaza de Anaya. En sus ‘Memorias’ se recrea en la ejecución de esta reforma con detalles que no siempre debemos aceptar del todo. Empieza el gobernador por reconocer que la idea no había sido suya sino del obispo Tavira.

Más de una vez remite a la autoridad moral del obispo salmantino para llevar a cabo esta obra de la que el francés se considera un simple ejecutor: el derribo de varias docenas de casas que, repartidas entre callejuelas, se interponían entre el Colegio de Anaya y la Catedral.

El Gobernador se jacta de haber llevado a cabo la operación en cinco días, de forma tan expeditiva que se evitó cualquier maniobra dilatoria de los afectados.

Sin embargo, como apunta el Libro de Noticias de Zaonero, ‘en julio acavaron de demoler las casas que estavan delante del Colejio Viejo; principiaron a tapar la calle de Azotados, para formar la plazuela’. Es decir, habían transcurrido tres meses y medio entre el anuncio y la demolición.

Otra medida reseñable fue sacar los cementerios fuera de las Iglesias. Thiébault publicó el Decreto de 24 de febrero de 1809, en el que ordenó el fin de las sepulturas en las iglesias y el inicio del nuevo cementerio por razones de higiene y salubridad.

Destrucción del patrimonio

Esta es la parte bonita del legado del general Thiébault en Salamanca, pero también tiene su historia trágica.

La Universidad.

Los franceses, según se explica en el blog: Salamanca paso a paso, con el objetivo de dominar el paso del río por el Puente Romano, comienzan en 1810 a fortificarse los cerros de San Vicente, la Merced y San Cayetano, obligando a los salmantinos a realizar dichas obras tanto con dinero como con sus esfuerzos físicos.

Para llevar a cabo estas fortificaciones se derriban casi todas las casas y edificios de los terrenos cercanos, entre ellos el convento de Santa Ana, el de la Penitencia y el de San Agustín. Y causan graves destrozos en el colegio de la Vega, Montenses, San Jerónimo, Guadalupe, la Merced, San Francisco el Grande, Calatrava y de Clérigos Menores de San Carlos.

Párrafos del Quijote que se pueden leer en la pared de la Universidad, en la Plaza de Anaya.

En 1812 se destruyen edificios emblemáticos para la fortificación de la ciudad por parte de las tropas francesas. Demuelen el edificio del hospicio, los colegios de los Ángeles, el militar de San Juan, San Patricio, San Pelayo, del Rey, Cuenca, Trilingüe y Oviedo, el convento de San Agustín y harán lo mismo con los restos del antiguo Alcázar.

Además, incendian las pocas casas que habían dejado en píe en el barrio de Los Milagros y también colocan minas en otros edificios para destruirlos.

Por si esto fuera poco, el día 6 de julio de 1812, a las 7.30 horas se produce una violenta explosión que ocasiona cientos de víctimas. La explosión se produjo por acumulación de explosivos que se fueron acumulando en una panera de la calle de la Esgrima, paralela a la de Sierpe.

Durante la estancia del ejército francés en Salamanca, una tercera parte de los tesoros artísticos se perdió para siempre, así como edificios que fueron colegios, iglesias y mansiones ubicados entre la Universidad y el barrio de Los Milagros.

Documentación:

‘Memorias’ de un estratega militar, el general Thiébault, gobernador de Castilla la Vieja durante la Guerra de la Independencia. Ediciones Universidad de Salamanca, Miguel Ángel Martín Mas y Ricardo Robledo. Traducción:  Ángela Flores García, Danielle Dubroca Galín y María Vicenta Hernández Álvarez.
salamancapasoapaso.blogspot.com

 

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