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Cosas de la vida

Venezolanas venden su cabello para comprar leche y pañales

Hasta 120 mil pesos se pueden obtener con la venta de algunos ´mechones´ que se traducen en una tabla de salvación momentánea frente al naufragio de la economía venezolana

 

Apenas cruzó el puente internacional Simón Bolívar, en la línea fronteriza entre Venezuela y Colombia, un hombre moreno se le acercó y, deslumbrado ante el azabache intenso de su cabellera, le preguntó que si venía a vender sus ´mechones´. Natalia sonrió y negó con la cabeza. Pero el hombre tenía razón, pues la finalidad de su viaje era esa.

 

Alguien me dijo que no los vendiera en el sector La Parada, sino en una peluquería del centro de Cúcuta en donde pagan más; para allá me dirigía”, contó Natalia Moreno, joven madre de 20 años de edad, oriunda de San Cristóbal, capital del estado fronterizo del Táchira, quien se vio en la necesidad de vender parte de sus cabellos, con el propósito de adquirir los pañales y la fórmula láctea para su bebé de diez meses de nacido.

Por cada “mechón” se pagan unos 20 mil pesos colombianos, dependiendo de la calidad del cabello, es decir, que no sea pintado ni tenga horquillas.

Cúcuta, capital del Departamento Norte de Santander, en Colombia, se ha convertido, en los últimos años, en una opción para los venezolanos que sortean la crisis económica vendiendo algunas de sus pertenencias, como computadoras, joyas, teléfonos móviles y ahora también sus cabellos.

La mayoría de las compradoras son peluqueras que operan desperdigadas con sus sillas de plástico y sus instrumentos de trabajo por las calles del sector La Parada, en el extrarradio de Cúcuta, que es justo el primer poblado colombiano que se encuentra tras cruzar la línea fronteriza desde San Antonio del Táchira, en Venezuela. Pero también en algunas peluquerías del centro del caluroso villorrio se pueden concretar las transacciones al respecto.

Natalia Moreno, desde niña, mantiene una cabellera larga, muy bien cuidada. Entonces sus padres no reparaban en gastos para comprarle los champús y los enjuagues específicos para mantener su pelo sedoso y con brillo. Esos tiempos quedaron para la memoria.

Ante el alza brutal de los precios de la cesta básica en el país de Simón Bolívar, la muchacha dejó de lado los romanticismos y decidió vender algunos ´mechones´.Me pagaron 185 mil pesos (lo equivalente a unos 60 euros), con los cuales compré un paquete de pañales, dos potes de leche y algunos productos de limpieza; mientras mi esposo que se fue para Perú consigue trabajo y me envía dinero, creo que eso me alcanzará”, precisa la joven.

Muchas de las pelucas colombianas son importadas a otros países latinoamericanos como Panamá o Perú.

Fábrica de pelucas

Muchas fábricas ilegales de pelucas que operan en ciudades colombianas como Cali o el mismo Bogotá son las que, finalmente, incrementan sus dividendos, aprovechando la coyuntura que atraviesan las féminas venezolanas y sus familias. “Esos negocios ilegales y sin los permisos sanitarios y de trabajo nos hacen una competencia desleal y ponen en riesgo a quienes compran esas pelucas, pues no se sabe el estado de salud de quienes venden sus cabellos”, puntualiza el dueño de una fábrica de pelucas de Cúcuta, quien emplea insumos importados para la confección de sus productos y evita aprovecharse de la “desgracia ajena”.

“Nunca imaginé llegar a esto, pero es que realmente la situación en Venezuela es muy difícil. A menudo creo que estamos viviendo una pesadilla; que caemos en un abismo que parece no tener fondo.¡Dios mío!, ¿qué estamos pagando?”, se pregunta la muchacha, con voz temblorosa, antes de seguir su camino.

Por: Raúl Márquez (Táchira, Venezuela) 

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