Opinión

Sentencias y réditos espurios

España siempre ha sido un país de sentencias, porque aquí no solo juzgan los jueces; a nuestros ciudadanos les obsesiona pronunciarse rotundamente ante cualquier tema. Ningún pueblo, que yo conozca, ofrece al mundo esa compilación popular de tanta raigambre como es un refranero.No consiste en un extracto literario al decir de bastantes expertos, no; más bien constituye el prontuario filosófico que nos permite enfocar la vida desde amplias referencias vitales. Añadamos el hecho insólito de que los autores, en vez de pasarse años lucubrando sobre el ser y su entorno, cimentaron sus dictámenes sobre observaciones y sentido común. Sin embargo, semejante preferencia, huérfana de toda requisitoria habitual, obtuvo respuestas válidas durante siglos. Solo una sociedad adormecida e inculta tras magistral ingeniería, puso fin al curtido concierto refrán- rumbo vital.

Hoy ha emergido un linaje que coopera con los legítimos árbitros de forma ilegal, desvalijando toda deontología: medios audiovisuales. Estos, por principio, deben acometer el papel sustantivo de informar sin límites ni regates ideológicos, fiscalizar el poder. Pese a ello, cada vez con mayor fuerza aparecen comunicadores radicales, fanáticos, armados de un dogmatismo devastador, que corrompen la conciencia social debilitando -al mismo tiempo- el sistema democrático. Hace un instante, la televisión (entrevistando a la portavoz del PSOE, y por su boca) juzgaba al PP de partido infecto, ultra, casi nazi; una piltrafa. Tal pretensión de achacar al rival todos los vicios y peligros, implica desdibujar cuando no impedir la alternancia política, esencia de toda democracia escrupulosa. Ya no se limitan a disputar con nobleza el voto, procuran por medios casi ilícitos eliminar al adversario, incluso con pactos de dudosa calidad democrática.

Dos sentencias judiciales marcan un antes y un después en el pelaje democrático de ciertos partidos. La primera se refiere a las medidas preventivas adoptadas contra políticos catalanes que participaron con arrebato en aquella declaración unilateral, folklórica, de independencia. La otra, harto desatinada, condujo al hazmerreir -aborigen y extranjero- anterior a la resolución final. Cierto que el desprestigio anidó dentro del propio tribunal, verídico el absurdo esfuerzo con que se puso la soga al cuello. No obstante, instituciones, partidos y políticos, potenciaron irresponsablemente tan monumental yerro. Hasta Pedro Sánchez, en gesto inusual, al día siguiente afirmó que el AJD (Acto Jurídico Documentado), un impuesto del año mil novecientos noventa y tres, que supone el setenta por ciento de los gastos notariales, lo pagarían los bancos. Además de subvertir la autoridad del Tribunal Supremo, grave atentado democrático, para justificar a futuro un indulto fraudulento, miente a sabiendas porque al final los bancos lo repercutirán sobre las hipotecas.

Ignoro qué interés muestra nuestro presidente, sobre todo el PSOE, de deslegitimar instituciones fundamentales para el sistema democrático. Empieza por partidos rivales (PP, Ciudadanos, Vox) y poder judicial, mientras trata con cierta intemperancia a las fuerzas de seguridad. Vislumbro vagas intenciones de resucitar un aciago frente popular para satisfacer aviesas intenciones de todos. Pedro Sánchez seguiría en La Moncloa; Pablo M. Iglesias detentaría la vicepresidencia real, gozando de un poder que nunca consentirían las urnas; los independentistas catalanes lograrían indultos, competencias y dinero; PNV junto a otros tendrían papeles protagonistas en la política vasca. Y aún hay quienes, dueños de un cinismo insultante, afirman que ellos (los anteriores, sobre todo PSOE) trabajan para el ciudadano y no como otros que solo miran el voto. España, sus habitantes, les importa un bledo. ¿Está en perspectiva una democracia popular?

Brotan como hongos sentencias dictadas -y no es vocablo candoroso- por personajes, personajillos y chiquilicuatres. Ustedes los integrarán en el grupo de su agrado.

Brotan como hongos sentencias dictadas -y no es vocablo candoroso- por personajes, personajillos y chiquilicuatres. Ustedes los integrarán en el grupo de su agrado. Un PSOE  exquisito acusa a PP y Ciudadanos (por llevar a Sánchez para que explique su negra y plagiada tesis, presuntamente) de utilizar el Senado a favor de sus intereses. Niego que esos intereses sean distintos a los de PSOE y Podemos (junto a otros socios) por llevar al Congreso a destacados líderes de PP por un caso inmerso en la vía judicial. JXCAT, antigua CiU, pone en duda la imparcialidad del Supremo. No lo dirá por los innumerables casos jurídicos en los que bracea dicho partido o alguno de sus dirigentes históricos. Echenique divulga que Casado mancha de cloacas la democracia porque ganó con apoyo de Cospedal. ¡Soberbio!

Pese a todo, hay dos informaciones-declaraciones-sentencias que me inquietan profundamente. Noticia: “Decenas de profesores y varias universidades se unen al referéndum sobre la monarquía de la Autónoma de Madrid”. Declaración: “Un gobierno decente tiene que convertir la voluntad popular en una ley”, Pablo M. Iglesias dixit. Ambas iluminan la antesala a un chavismo, peor todavía, a un comunismo sin biombo que pone en riesgo la democracia. Estos sistemas tienen normas, aprobadas por mayoría, que garantizan el cumplimiento de la Ley y la separación de poderes. Cualquier intento que atente contra dichos principios contiene semillas antidemocráticas. Pareciera que se pretende ganar (con el concurso impagable de altavoces mediáticos) una guerra perdida hace ochenta años, aunque ello conlleve dolor y miseria.

Semejantes jueces (sin toga) ex cátedra, demagogos, populistas, crean y siembran sentencias, principios éticos y políticos, que incumplen descaradamente sin perder por ello prestancia -algo personal- ni seducción, indicativo ajeno a uno mismo. Mantienen intactos, superando hipocresías, corrupciones (incluso dinerarias) y tejemanejes diversos, los réditos que les concede una sociedad demasiado inconsciente. Nadie sensato, lógico, puede explicarse que la gente acepte de buen grado, y a los resultados electorales me remito, el hecho (infumable en democracia) de que un político, Echenique, amenace con salir a la calle si los jueces del Supremo dan razón a la Banca. Todo el conjunto de injerencias ilegítimas, buscan el rédito fácil, espurio, populista, propio de las crisis. ¡Cuánta ignominia acompaña al sillón!

Falta esa sentencia terminante del ciudadano que suele pronunciarse en política poco y mal. Lo apetezco para que no se cumpla el adagio de Michael Moore: “Si vuelves a la gente estúpida votarán a un estúpido”. Espero que algún día los réditos dejen de ser espurios y sean percibidos por su auténtico impositor, la sociedad.

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