Opinión

Torres del Carrizal, en memoria de Rosa Reguilón

 

Lo confieso. Me gustan los quesos de Zamora. De vez en cuando pruebo alguno que no conozco y ninguno me ha decepcionado. Pues bien, hace unos días lo hice con uno de Torres del Carrizal. ¡Y se soltaron mis recuerdos sobre dicha población!

En enero de 1970 estaba yo investigando la provincia de Zamora para realizar un mapa geológico a escala 1:200.000. Entre los ríos Salado y Valderaduey, cerca de su confluencia y de Torres del Carrizal, hay una sucesión de Tesos; el más meridional de ellos se llama “de la Mora”. En él hubo un primitivo asentamiento, origen de leyendas alusivas a su nombre. Ya se sabe: tesoros, apariciones y demás, como en tantos sitios.

Pero yo no lo subí aquel 23 de enero con ánimo arqueológico, sino geológico, dado que hay allí un buen corte estratigráfico y, de paso, observar el panorama que desde su cumbre se contempla. Días antes hubo fuertes lluvias que motivaron un impresionante desbordamiento de ambos ríos en la llanura aluvial que se extendía hacía el sur. Me prometí volver al Teso de La Mora para detallar su estratigrafía, pero no lo hice hasta mucho después.

Inundación de la llanura aluvial en la confluencia de los ríos Valderaduey y Salado, el 23 de enero de 1970, desde el Teso de la Mora (Torres del Carrizal, Zamora).

Por aquellos años Rosa Reguilón Bragado estaba estudiando la carrera de Ciencias Geológicas. Al terminarla entró en el entonces Departamento de Cristalografía y Mineralogía, con Antonio Arribas de director, para hacer la Tesis de Licenciatura –lo que todos conocíamos como “tesina”–, y después como profesora ayudante de prácticas. Y así estuvo conmigo muchos, muchos años, compartiendo alegrías y sinsabores docentes, pero no investigadores, dado que yo tiraba por los fósiles y ella por los minerales…

Y os estaréis preguntando que qué tiene que ver esto con Torres del Carrizal. ¡Pues que Rosa era de ese pueblo! Y que cada vez que lo mencionen delante de mí, o lo vea escrito, me acordaré de ella y de las muchas anécdotas que nos ocurrieron a lo largo de los años.

En 1981 la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, que luego ha cambiado de nombre varias veces y ya no es lo que fue, cumplió su Centenario. Para conmemorarlo concedió muchas ayudas para investigación, la principal de ellas sobre la Arenisca de Villamayor y su “mal de la piedra”. En ella intervinimos Rosa y yo. Y también en otra sobre las tortugas fósiles de Salamanca, lo que me permitió hacer una excavación con alumnos de Geología en Casaseca de Campeán (Zamora). En mayo de 1982 estuvimos allí el día de San Isidro y en aquella ocasión vino Rosa también. Comimos los bocadillos que llevábamos en la fuente de San Fernando, en la carretera de Zamora, cerca de Encinas de Arriba, y luego hicimos unas exploraciones en los escarpes que hay antes de la subida a Fuenteelcarnero. Pero hacía mucho calor, que le afectó mucho a Rosa, de quien yo no sabía que se encontraba muy mal del corazón.

¡Y tan mal! Pocos días después tuvo que regresar urgentemente de una excursión de varios días por Asturias, con los alumnos de 4º curso, e inmediatamente fue intervenida en Santander, donde le colocaron no sé si una válvula o dos.

Antiguos miembros del Departamento de Cristalografía y Mineralogía (USAL): Emiliano Jiménez, Rosa Reguilón, Andrés Sánchez Boyero, Gloria Nieves, Ignacio y Emilio Romero y Baltasar Díaz Canut (24 noviembre, 2017).

Desde entonces se tomó la vida con más tranquilidad, pero nunca dejó su trabajo y sus minerales, entre el cariño y admiración de todos sus compañeros, que sabíamos lo que se jugaba. Era una mujer fuerte y animosa, que soportó con mucha entereza su “mala salud de hierro”. Al cabo de varios años tuvo que resistir otra operación para cambiar sus válvulas.

En 2001 consiguió una plaza de Profesora Titular en Ávila, que ocupó hasta su jubilación, en 2013.

En el verano de 2017 comenzó su calvario: estancias intermitentes en el hospital, cada vez más largas. Todavía pudo disfrutar algunos días de bonanza en noviembre y acudió, muy guapa, a la jubilación de Nacho Romero, pero empeoró drásticamente pocos días después, en diciembre, hasta que ocurrió el desenlace fatal el 30 de julio de 2018, con 69 años.

En menos de ocho meses se fueron tres elementos clave de aquel antiguo Departamento de Cristalografía y Mineralogía, que tantos frutos dio: Andrés Sánchez Boyero, en diciembre del 17, Antonio Arribas Moreno, su fundador, en marzo del 18, y Rosa Reguilón Bragado, en julio. ¡Precisamente en el año del cincuentenario de la fundación de aquel Departamento y de toda la Sección de Ciencias Geológicas, que solamente yo pude celebrar!

Mostrar más


Noticias relacionadas

Un comentario

  1. Que bonito artículo Emiliano.
    Yo también tengo muy buenos recuerdos de Zamora y, en concreto, de Torres del Carrizal y de Teso de la Mora. Pero mis recuerdos tienen que ver con la arqueología. Durante unos cuantos años trabajé haciendo el Inventario Arqueológico de la provincia de Zamora. Proyecto que dirigía desde el el Departamento de Prehistoria de la USAL el profesor Ángel Esparza. Torres del Carrizal tiene muchos yacimientos, pero el más importante es el Teso de la Mora, un gran yacimiento romano donde aún se ven dos impresionantes aljibes de esa época.
    Un abrazo Emiliano.
    Flor

Deja un comentario

Botón volver arriba