Ocurrió esta semana en Tehuacán, en el estado mexicano de Puebla, cuando una funeraria acudió a prestar sus servicios a un barrio pobre.
Había muerto por causas naturales un joven de 19 años. Cuando la empresa introdujo su cadáver en el ataúd exigió a la familia que le pagara los 3.500 pesos mexicanos que costaba el féretro (140 euros).La familia consiguió recaudar 900 pesos (36 euros) entre los vecinos, algo que no ablandó a los dueños de la funeraria, que ni cortos ni perezosos sacaron el cadáver del ataúd, lo dejaron en el suelo y se lo llevaron para atender otro servicio.Los vecinos volvieron a reaccionar y entre todos consiguieron comprar otro ataúd para dar sepultura al joven. El Ayuntamiento facilitó un lugar en el cementerio para poder enterrar a su hijo.https://twitter.com/pueblarojamx/status/1316901322671742976