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«Cuando lees, vives mucho más»

M.J.- Miren Jasone - Asensio nació en el País Vasco, pero desde los 15 años vive en Salamanca. Es autora de ‘Keswick y el árbol de la vida’, un éxito de literatura juvenil, sus seguidores están de enhorabuena porque acaba de terminar su segundo libro

 

Sobre magia, miedos, fantasías y pérdidas, desde donde resurgir, va la charla con M.J. -Miren Jasone- Asensio, la escritora salmantina que está abriéndose un hueco en la literatura juvenil. Lo hizo con Keswick y el árbol de la vida y seguirá cosechando éxitos con su segundo libro, que va camino de la imprenta, y en su mente rondan las aventuras del tercero de la saga

Miren, ¿Cómo de solitario es el oficio de escribir?
Estás mucho tiempo en silencio. Es la soledad, mi blog de notas y yo,… Me encanta ir a andar por La Aldehuela y ahí suelto la imaginación. Empezar a desarrollar la idea requiere mucho tiempo. Tienes destellos, pero cuesta tiempo que cuajen, que se desarrollen,… No te levantas un día y dices: ¡Tengo una historia en la cabeza! Ahora estoy preparando el tercer libro, aún no estoy escribiendo las ideas, me encuentro en el proceso de definirlo y eso lleva un tiempo.

Explícate…
Tengo la historia en la cabeza, la voy desarrollando y hasta que no sé cómo comienza y termina no comienzo a escribir. Eso no significa que muchos personajes se vayan incorporando en el proceso. Pero, lo que es el esqueleto, lo tengo que tener muy pensado.

¿Qué nos da la magia?
Ilusión, aventura, acción,… Para mí, la magia es un imán. Lo veo en mis hijos, en mis sobrinos,… Cuando me inventaba un microrrelato, que era lo que hacía para los de casa, con un duende, una casita,… veía como la magia los estimulaba y fascinaba.

¿Tus hijos están siendo tus mayores críticos?
Sí, son muy críticos. Los cuatro me han dado ideas para algunos personajes y también una sobrina que le gusta mucho leer. El primer libro era acto para todos ellos, el segundo tiene una lectura un poco más reflexiva y quiero que lo lean los mayores.

¿Te preguntan si te has inspirado en ellos?
Sí. (Risas) Tengo un ‘juego de tronos’ en casa. Se buscan en los personajes para ver si tienen algún rasgo suyo.

Los escritores se nutren de las vivencias…
Totalmente, al menos en mi caso es así.

Hay escritores que aseguran que hasta que no mueren los progenitores, no escriben con absoluta libertad…
A mí me pasó. La muerte de mi padre fue el detonante, el impulso, el cañón que me hizo despegar. No me atrevía, pero cuando murió salió mi esencia. Siempre he escrito para los de casa, pero cuando mi padre enfermó, escribir comenzó a ser una necesidad, ya no lo hacía para los cercanos, no era escribir una obra de teatro para mis hijos. No, se convirtió en otra cosa. De hecho, muchos rasgos de Merlín son de mi padre. (Se emociona)

¿Qué pasó después?
Que el microrrelato o la micro obra de teatro para divertir a mis hijos se convirtió en una novela.

En tu blog preguntas: ¿Alguna vez has tenido la sensación de que tu destino era diferente al de los demás? ¿Te ha pasado?
Sí. Mi destino era seguir la tradición empresarial de la familia. Mi padre quería que siguiera sus pasos. Al final, la vida te marca otros caminos. Hablé con mi padre y le dije que no quería seguir con la empresa. No le gustó, pero sabía que lo que a mí realmente me llenaba era escribir, pero no me atrevía a decirlo. Era un sentimiento de cobardía.

Y te encerraste…
Sí. No lo sabía ni mi marido. Me preguntaba: ¿Qué haces tantas horas ahí? (Risas) Mi madre también me decía: ¿Tú andas en algo? Ya no me llamas. (Risas) Hasta que no tuve la novela, no la enseñé. No puedo explicar por qué lo llevaba en secreto. Luego me lancé, se lo dije a todos y gracias a mis hijos y mi marido lo mandé a una editorial y firmé con la editorial Babidi Bú. En la vida me hubiera imaginado esto.

Sentiste vértigo.
Sí, pero no al folio en blanco. Tenía historias aparcadas en mi cabeza. Veía a mi padre, a Merlín, el Banco de la Amistad, que tiene mucha importancia en el libro (Keswick y el árbol de la vida), parecía que de repente tenía 180 años… Ese personaje empezó a taladrar en mi mente. El Banco de la Amistad era el lugar donde hablaba con mi padre. Fue una necesidad total.

A qué te refieres cuando dices que vives más cuando escribes…
Cuando escribo, me meto literalmente en el mundo mágico de mis libros. Me involucro mucho, empatizo con mis personajes,… cuando describo una acción graciosa, me río y cuando es emotiva, lloro. (Risas) Por eso digo que vivo más.

Eres vasca de nacimiento y por línea materna. ¿Te ha influenciado la rica mitología vasca?
Sí. Es igual que el paisaje. Cuando voy allí, me sale la sonrisa sin querer. Te tira la tierra.

¿Eres del Olentzero, Papá Noel o Reyes Magos? (Los cinco muy mágicos)
Soy de los cinco, porque dan alegría, regalos, ilusiones,…

Miren. ¿La literatura juvenil vive un buen momento?
Creo que sí. Además, durante la pandemia se ha leído mucho más. Es muy divertido leer y vives mucho más. Abres Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas y te ríes. Es una lectura tan buena, te aporta tanto,… Es lo que decía Cervantes: El que lee sabe mucho. Es verdad y además, los libros logran que tengas la mente abierta y ágil.

Acabas de terminar el segundo libro. ¿Dónde guardas los personajes?
No los pude guardar (Risas) porque son los mismo del primero, pero han evolucionado y han llegado más personajes a la Atlántida y a los Cuatro Reinos. Los personajes que han llegado son muy divertidos. Creo que a los lectores les va a encantar porque la aventura y la acción es trepidante. Me lo he pasado muy bien. El primero fue más emoción y el segundo, diversión.

Quizá porque ya sabías a lo que te enfrentabas…
Lo sabía y he evolucionado a la hora de escribir. Los personajes tienen más matices, son más ricos,… Te adelanto que hay piratas, dragones, tornados, tifones,… va a haber de todo. La Atlántida está en peligro y los protagonistas tienen que ir a defenderla….

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