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Opinión

La balsa de la Medusa en Salamanca

Los artistas siempre se han fijado en la obra de los demás y toman de quienes les precedieron aquello que más les gusta, reinterpretándolo, haciéndolo suyo, creando de nuevo a partir de lo existente. En cualquier obra de arte siempre hay influencias del pasado, porque nadie nace enseñado y todo cuanto se conoce procede de algún lugar. Las semejanzas surgen con frecuencia de manera inconsciente, por asimilación progresiva, otras veces lo hacen de forma deliberada. Cuando se imita de modo consciente tampoco es sencillo deslindar la copia del homenaje, salvo que apliquemos la máxima atribuida a Víctor Hugo: «el plagio solo es lícito si se convierte en asesinato». Es decir, las ideas copiadas deben mejorar la obra resultante hasta el punto de condenar el antecedente al olvido.

Un ejemplo llamativo sobre la toma de ideas prestadas lo tenemos en la parroquia santuario de María Auxiliadora. En la parte trasera hay una pintura mural del artista motrileño Carlos Moreu Spa, fallecido casi centenario hace ahora dos años. Él vivía en Madrid y, suponemos, por amistad con algún salesiano recibe el encargo de ejecutar la inmensa pintura mural del presbiterio, con el apostolado y los cuatro evangelistas que escoltan a la imagen titular de la Virgen. Las figuras, por petición expresa de los frailes, se pintaron, nunca mejor dicho en este caso, «a la maniera» del Greco. Estas pinturas las hizo a finales de 1961. Unos meses después, en septiembre de 1962, Moreu vuelve a Salamanca con el cometido de pintar el mencionado mural de la parte posterior del templo, también de enormes dimensiones.

Mural de Carlos Moreu Spa, en la iglesia María Auxiliadora.

El tema de esta pintura es un clásico de los relatos salesianos, pues hace alusión al sueño más conocido de Don Bosco, el de las dos columnas. En medio del fragor de la batalla contra los enemigos, la nave de la Iglesia, conducida por el Papa, lograba salvarse al amarrarse a dos columnas emergentes, dedicadas a la eucaristía y la Virgen Inmaculada. Los enemigos, confundidos, acaban huyendo o naufragando. Moreu ahora no imita al Greco. Pero sí toma la referencia de una de las obras más conocidas de la historia de la pintura. Llama la atención que siendo algo tan evidente nunca se haya escrito sobre ello, al menos que sepamos. En la parte inferior izquierda se copia, simplificando la composición y reduciendo figuras, el cuadro más conocido de Théodore Géricault, La balsa de la Medusa, expuesto en el Louvre y considerado por todos como el tratado pictórico de la pintura romántica. Homenaje o plagio, queda a criterio de quien haga la interpretación, pero curioso sí que resulta para el anecdotario cultural de nuestra ciudad.

La balsa de la Medusa, de Théodore Géricault.

Y como anécdota que es, les propuse el reto de localizarlo a mis queridos alumnos de Arte. Unos cuantos se lanzaron al descubrimiento y al final la más tesonera, Helena, lo encontró después de haber removido Roma con Santiago y recorrido unas cuantas iglesias. Las curiosidades de este tipo son incontables. Para descubrirlas, tan solo hay que desarrollar la capacidad de observación. Y tener los conocimientos previos, naturalmente.

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