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Opinión

Vocación médica, abnegación y maltrato

El ejercicio profesional de la medicina se ha modificado mucho en las últimas décadas y ha pasado de ser una profesión liberal, que se ejercía de forma individual, a ejercerse mayoritariamente en grupo, formando parte de un equipo, y ello ha cambiado sustancialmente la percepción social del médico como sujeto individual y de la medicina como profesión.

Tradicionalmente se consideraba que para ser médico había que tener vocación, algo que no está muy claro que significa: si es una cualidad intelectual, un sentimiento o simplemente una disposición a. El diccionario define la vocación como la inclinación que una persona siente para dedicarse a un modo de vida, y que puede estar relacionada tanto con la profesión (trabajo, carrera) como con lo espiritual. La palabra, como tal, proviene del latín vocatio, que significa “acción de llamar”. En el caso del médico ambos significados: profesional y espiritual han caminado de la mano durante siglos.

No estoy muy seguro de que esa “disposición a” tenga actualmente el mismo sentido que en tiempos pretéritos, que deban tenerla previamente en quienes quieren ser médicos o que se estimule durante la carrera. No se si puede considerarse una aptitud o una actitud, una mezcla de ambas o ninguna de las dos cosas. La vocación de un médico se presupone, pero nadie saber definir muy bien en qué consiste, a qué obliga, quién la tiene y quién no.

Durante mucho tiempo la vocación se ha asociado a la abnegación (del latín abnegatio), un tipo de virtud moral que consiste en el sacrificio espontáneo de los propios intereses, deseos e incluso de la misma vida en favor de otros, una forma de altruismo que exige auto-sacrificio.

Es posible que esta asociación de vocación y abnegación haya sido la base durante muchos años del ejercicio profesional de los médicos, es posible también que esa asociación se presuponga por la propia sociedad, no obstante los cambios en el ejercicio de la medicina en las últimas décadas han sido tantos que esa asociación, favorable al paciente, se ha terminado utilizando en contra del médico presuponiendo que, por el hecho de serlo, está dispuesto a aceptar todos los sacrificios que se le exijan. La pandemia Covid ha sido un buen ejemplo.

Ya he señalado que ejercicio profesional ha dejado de ser individual para ser un ejercicio colectivo que precisa de recursos y organización, ajenos al propio médico, y es en ese contexto donde el binomio se ha roto. A los médicos se les exige una disposición total, que incluye la abnegación, pero no se le facilitan, cuando no se les niegan directamente, los recursos necesarios para realizar un ejercicio profesional digno y con garantías para los pacientes.

Ejercer la medicina exige una dedicación que conlleva cierto grado de entrega para resolver los problemas de los pacientes, pero no incluye ni la abnegación ni la resignación para aceptar condiciones de ejercicio indignas, que es justo lo que está sucediendo desde hace muchos años y que se ha acentuado con la pandemia; más bien exige cierto grado de rebeldía para enfrentarse a situaciones cuya solución no está en nuestras manos, sino que depende de los medios que la sociedad nos ofrece para afrontar la solución a los problemas de nuestros pacientes, y la actual limitación de recursos no la decidimos los médicos, la deciden los políticos y, por tanto, los responsables directos son ellos.

La vocación no incluye como condición sine qua non la abnegación y la renuncia a unas condiciones de ejercicio profesional dignas, tanto para el médico como para los pacientes. Por eso, resulta difícilmente comprensible la actitud de maltrato a los profesionales por las administraciones sanitarias que deben creer que la vocación y abnegación nos llevan a aguantar todo lo que se refiere a la carencia de medios y a las condiciones laborales que se nos imponen.

Por otra parte, tampoco hay porque soportar la agresividad de algunos pacientes y familiares -afortunadamente una minoría-, fruto en algunos casos de la frustración y en otros del abuso manifiesto por considerar que tienen derecho a todo (para eso pago), descargando esta frustración sobre el médico (y también en otros profesionales sanitarios), en forma de agresividad que se puede observar cada vez en mayor medida en los lugares de trabajo, especialmente en la Atención Primaria, donde se llegan a producir agresiones verbales y físicas, y también en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Recursos para atender a los pacientes con garantías y condiciones de ejercicio dignas y acordes a la responsabilidad es algo que exigimos a la administración sanitaria y respeto de pacientes y familiares son condiciones indispensables para que puedan progresar de la mano el sistema sanitario, los profesionales y los pacientes mientras transcurre el siglo XXI.

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