Cosas de la vida

Javier Ballesteros Botín: “A mi abuelo Emilio le gustaba jugar rápido al golf”

Ballesteros Botín, dos apellidos vinculados al golf y a la banca, Javier Ballesteros Botín nos cuenta en esta entrevista anécdotas de su padre y de su abuelo y su relación con el mundo del golf


Su carrera deportiva va sin prisa, pero sin pausa. Ahora que pronto será Licenciado en Derecho. ¿Ve factible hacerse profesional del golf o le tira más las leyes o las finanzas?
Me tira mucho más el golf que el Derecho, aunque eso no significa que vaya a dejar la carrera de abogado. No sé exactamente cuándo pero seguro que me haré profesional, y no creo que tarde mucho tiempo. Siempre me ha atraído ser golfista y me gustaría intentarlo, creo que me arrepentiría si no lo hiciera.

El hijo de Seve Ballesteros y el nieto de Emilio Botín, durante un torneo de golf.

Usted mejor que nadie conoce lo duro que es ser deportista profesional, por los viajes, los sacrificios, los entrenamientos,… ¿Qué le motivaría para escoger esta vida de trotamundos?
No sabría decirte qué me motiva, sólo sé que quiero ser profesional de golf y debo intentarlo, porque es lo que más me gusta. Soy consciente de que va a ser duro, pero estoy dispuesto a sacrificarme mucho para llegar donde quiero.

¿Ha elaborado un calendario de competiciones para este año? ¿Dónde podremos verlo jugar?
No, todavía no he elaborado el calendario para el 2015.

Su padre era un jugador atrevido, imaginativo, aguerrido, comprometido y ganador, -entre otros calificativos-. Javier, ¿cómo define su juego teniendo en cuenta que su primer maestro fue su padre?
Me considero un buen jugador, soy bastante bueno alrededor del green -¡tuve al mejor maestro!- y también con los hierros, aunque flojeo algo más con el drive; pero estoy entrenando mucho y trabajando en ello, la perfección en golf no existe y todos los días hay que tratar de mejorar.

El hijo de Seve Ballesteos, en un homenaje a su padre.

Conocemos al genio cántabro en el campo. ¿Cómo definiría Javier Ballesteros a Severiano Ballesteros como padre?
Sobre todo, como un padre muy cariñoso conmigo y con mis hermanos. Los tres tenemos muy buenos recuerdos de él: cuando jugábamos al golf, íbamos a pescar, nos llevaba al fútbol… y de todos los viajes que hicimos cuando competía. Yo guardo un recuerdo muy especial: el Open Británico del 2006 cuando le hice de caddie. Fue una experiencia increíble que me sirvió para comprobar cuánto le querían.

Como presidente de la Fundación Seve Ballesteros, ¿qué proyectos tienen previstos para este año? ¿Seguirán apoyando la investigación de los tumores cerebrales?
La Fundación recauda fondos que se destinan a varios proyectos. Por un lado, contamos con el asesoramiento de un comité científico y continuamos apoyando la investigación sobre tumores cerebrales, a través del Laboratorio Fundación Seve Ballesteros integrado en el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), que dirige el Dr. Massimo Squatrito.
Por otro, estamos estudiando varias iniciativas enfocadas a acercar el golf a los niños, y también de cara a apoyar a jóvenes sin recursos económicos. En 2015 vamos a organizar la cuarta edición el Desafío, un conjunto de torneos benéficos que se celebran por toda España, cuya recaudación se destina a financiar los proyectos de la Fundación.

Su padre estaba muy implicado en el diseño de campos de golf. ¿Le gustaría también seguir esta faceta profesional suya?
La verdad es que ahora mismo no me atrae, no me lo he planteado por el momento… pero nunca se sabe.

Javier Ballesteros Botín jugando uno de los torneos solidarios del Desafío Seve Ballesteros.

¿Le gusta jugar en los campos que diseñó su padre? ¿Cómo definiría las estructura, singularidades, ‘trampas’ o encrucijadas que ideaba su padre?
Mi padre diseñó muchos campos pero no conozco tantos; que yo recuerde, he jugado en Sancti Petri (Chiclana de la Frontera, Cádiz), Las Pinaíllas (Albacete) y Santa Marina (San Vicente de la Barquera, Cantabria). No sabría decirte las singularidades, estos tres campos son muy distintos entre sí y, sin embargo, los tres los diseñó mi padre. Un campo también depende mucho de las características del terreno en que se vaya a construir.

¿Con quién le gusta salir al campo a hacer un recorrido?
Jugaría con cualquiera que me hiciera pasar un buen rato, lo único que le exigiría es que no fuese muy lento jugando, ¡me gusta jugar rápido! Cuando entreno suelo jugar con amigos, casi siempre con los mismos, lo pasamos bien y echamos buenas partidas. Somos muy competitivos y a ninguno nos gusta perder.

Su abuelo Emilio Botín también jugaba al golf. ¿Compartían partidas en Pedreña o en Madrid?
Hace algún tiempo que había dejado de jugar, pero sí, con él he jugado varias veces en Pedreña y me acuerdo de un día que jugamos juntos en Turnberry (Escocia): lo pasamos muy bien y es un campazo, una de las sedes del Open Británico. La relación de mi abuelo con el golf fue muy estrecha: no sólo le gustaba jugar sino que además fue presidente de Pedreña durante varios años. También ha dejado un gran legado: el campo de Golf Santander en Boadilla del Monte, del que se sentía muy orgulloso.

¿Qué recuerdos guarda de él jugando al golf?
Muy buenos recuerdos, especialmente que le gustaba jugar muy rápido, ¡casi corriendo! Quizás se me pegó eso de él.

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