Para aquellas personas con la ilusión de mostrar su obra, siempre están abiertas las puertas de algunas cafeterías donde enseñar lo que saben hacer. Las calles de Salamanca están llenas de sueños pintados, escritos, rimados o fotografiados, esperando a que algún pescador les lance el sedal y les dé la oportunidad de exponer.
Fue en el Café La Platea donde tuve mi primera exposición con aroma de café, tertulia y agenda de visitas guiadas, narrando a cada quién lo que se me ocurría en el momento, evolucionando día a día el concepto a límites insospechados. Citizen era el título de un compendio de imágenes urbanas, escogidas sin otro interés que cumplir una ilusión.
Un año después, en 2017, volví a La Platea, en esta ocasión fue con algo más trabajado y mejor hilado. Lisboa, sin ti estaba basada en una experiencia emocional, con momentos vividos en la melancólica capital portuguesa, creo que esta exposición gustó más, a juzgar por la cantidad de personas con las que compartí café y un sueño alcanzado que no contaré.
Mi tercera y hasta ahora última exposición en el Café La Platea la hice en 2021, Historias con historia fue una selección de fotografías, que ilustran algunos de los artículos que escribo en La Crónica de Salamanca, en esta ocasión rocé la modernidad, incorporando un código QR a cada marco, y así se podía buscar en el móvil con el artículo correspondiente a cada imagen.

Estos tres sueños cumplidos, como los de otras muchas otras personas, pasaron por las manos de Ambrosio, que durante años puso a nuestra disposición el Café La Platea, para quienes tuviésemos algo que contar, jóvenes y no tan jóvenes, confiamos en su buen hacer a la hora de diseñar las exposiciones.
Fueron muchas las noches que se quedó solo al cerrar el establecimiento, preparando la nueva exposición a media luz, con la trapa del café bajada, conocedor de la mejor sombra y la mejor luz de cada rincón. Una vez decidida la ubicación de cada obra, lanzaba su hilo de sedal por la trasera de cada cuadro para anudarlo con firmeza y así poder colgarlo en la pared.
Sin duda, fue el pescador de sueños de la Plaza del Corrillo de Salamanca. Descansa en paz.
Gracias por todo.
