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¡Pasas demasiadas horas delante de la pantalla!

Todos hemos oído alguna vez esta frase: Pasas demasiadas horas delante de la pantalla. Seguido de un “te vas a dañar la vista”. Pero, ¿son verdad los rumores sobre las pantallas de nuestros dispositivos? Veámoslo.

Mucho se ha dicho sobre cómo las radiaciones nos afectan o de las adicciones que crean en nosotros. Estos son algunos de los efectos a corto plazo.

Buena parte de la leyenda de los efectos negativos de las pantallas sobre la vista viene de la época de las televisiones de tubo catódico, que cansaban especialmente la vista. Actualmente, buena parte del cansancio al leer en la pantalla de una tablet viene del uso extendido en la web de tipografías sans serif, que hacen el texto menos legible y obligan a una mayor atención. Además, al leer parpadeamos menos, algo que en la lectura de un libro tradicional se compensa al pasar la página.

Es cierto que estar demasiado tiempo fijándonos en las pantallas puede llevar a producir fatiga visual, dolor de cabeza, sequedad ocular y dolores posturales, algo que puede ser evitado descansando unos minutos tras un rato de lectura y no debería suponer daños a largo plazo.

Algo que sí ha sido demostrado sobre el uso de smartphones y tablets es una alteración en los hábitos del sueño. Más allá de las horas de sueño que nos pueda quitar el estar enganchados a un libro en nuestro dispositivo o de que dejar encendido por la noche nos pueda despertar con un Whatsapp a horas inoportunas. Cuando nuestros ojos detectan que baja la luz, el cuerpo libera una sustancia que nos hace sentir sueño y la necesidad de dormir. Los smartphones y los tablets, en ocasiones usados en la cama poco antes de dormir y con la luz ya apagada, no hacen más que acrecentar el problema.

Actualmente hay pocas evidencias científicas que afirmen que la luz de nuestras tablets y smartphones sean perjudiciales para nuestra vista, por lo que podemos seguir utilizando nuestros dispositivos sin peligro de quedarnos ciegos, pero tampoco hay que abusar de ellos para que no se alteren nuestros ritmos de sueño.

Por: José Ángel García Gallego

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