Opinión

De aquellos aplausos a Tatcher

De aquellos aplausos a Thatcher, estos lodos trumpianos.

Que no supiéramos calificar entonces de extremista a Thatcher, nos ha conducido a la actual situación de desconcierto y «nueva normalidad»: plutocracia, cacocracia, tecno-casta, tiranías «libertarias», y guerras a tutiplén.

Y si quieren añadir algo significativo que hace juego con la desregulación económica de orden neoliberal, pongan la caída al vacío de la legalidad
internacional.

La Historia, que con cierta insistencia se repite, siempre advierte antes de golpear. Una economía desregulada, inspirada en un extremismo ideológico, condujo en su tiempo a Hitler a través de un crack financiero (crack del 29). En nuestro tiempo, La Historia posmoderna enfiló su rumbo a partir del crack financiero de 2008 (la gran recesión).

Hoy, los seguidores de Hitler patrocinan una economía descontrolada en maridaje con el derecho de agresión territorial: aquella proclama nazi del «espacio vital» («Lebensraum»).

La paradoja es esa operación lógica de nuestra mente que abre una grieta en la apariencia, permitiendo un vislumbre momentáneo de la realidad y sus engranajes.

Solo actuando sobre esos engranajes puede la democracia tener una oportunidad de futuro. No es imposible, pero sí muy difícil.

También hay que contar con que hemos perdido en poco tiempo habilidades lógicas, políticas, de lucha y reivindicación, y en definitiva habilidades críticas y democráticas. Somos hijos de un tiempo de olvidos, egoísmos, simulacros y engaños, pero también de conformidad borrega en el acoso y señalamiento de los más vulnerables, que utilizamos cobardemente como chivos expiatorios de culpas ajenas.

Entre las paradojas de nuestro tiempo (y toda paradoja es una brecha en el simulacro oficial) debe incluirse la afinidad electiva entre Putin y Trump, dos delincuentes reconocibles, que arrastran ya una larga historia de complicidad concurrente y colaborativa.

Putin, ex agente del KGB, nostálgico del imperio soviético, hoy realiza en su régimen híbrido una fusión posmoderna que une la dictadura del dinero
(plutocracia de oligarcas) con la reivindicación de los zares.

Imperialismo, oscurantismo, belicismo, racismo, homofobia, y oligarcas, junto a un neoliberalismo de allí, indistinguible del nuestro de aquí.

Puede adivinarse un ejercicio de ironía en el esfuerzo de Putin como alumno aplicado por imitar al Occidente real, el que subyace debajo de nuestros
simulacros domésticos y democráticos.

En un esfuerzo de sinceridad, podemos llegar a reconocer que el kapo ruso heredó de nosotros, tras un periodo de aprendizaje acelerado, muchos de sus actuales modos de gobierno, junto a un estilo de vida y una jerarquía de mando que algunos consideran típicamente «occidentales». De hecho, en un ejercicio de reconocimiento de semejanzas, más significativas que las diferencias, podemos aventurar la hipótesis de que ni allí (en Rusia) ni aquí (en Occidente) corren buenos tiempos para la democracia, abducida por una plutocracia totalizadora, belicosa, y excluyente.

En cuanto a los nuevos y poco creíbles «libertarios» de Occidente, incluido Trump, Ayuso, Milei, y demás tropa, Timothy Snyder nos advierte:
“En Rusia observamos la transición de la definición de la libertad como falta de barreras a una política de fascismo donde no existen barreras para los caprichos del Líder”.

Otra paradoja que también describe la calidad ética y política de nuestro tiempo es el feeling (otra afinidad electiva) entre Trump y Netanyahu.
Por un lado un supremacista blanco, racista declarado, imperialista convencido, nacionalista feroz y demagogo, que sin sorpresas podría calzarse el capirote del Ku Klus Klan y salir de redada nocturna en busca de emigrantes, negros, y judíos, o participar en las marchas nocturnas con antorchas de los nazis en Charlottesville.

Y por otro lado Netanyahu, dícese sionista, demostrado racista, y contumaz agresor del pueblo palestino y sus derechos, al que sin tregua intenta sustraer su humanidad, su dignidad, y su tierra.

Que vivimos tiempos raros lo demuestra el hecho de Netanyahu se ha aliado ahora con el grupo de los nazis europeos (que en este momento preside Abascal). Y este grupo europeo a su vez está a las órdenes del movimiento trumpiano de USA, colonizado hasta el fondo por una tecno-casta plutócrata que desprecia y acosa a Europa para obligarla a desregular y conceder dócilmente la impunidad de sus delitos y la merma de los derechos de sus ciudadanos.

¿Alguien, de los muchos que aplaudían a Thatcher, no lo vio venir?

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