No huele a café recién hecho ni a tostadas, pero huele muy bien. Demasiado bien y no es precisamente por algo que se coma o se beba. Como sea, ha conseguido pasar el control de la Guardia Civil y el que no se pone para conectar con la música machacona que braman las torres de sonido, seguro que no tarda en tener ganas de probarlo para perder la sensibilidad y hacerlo más llevadero.
Las horas fluyen y al amanecer la mayoría están reposando la noche, recuperándose para otra jornada de fiesta en la orilla del pantano.
Digamos que no hay demasiadas comodidades, pero los asistentes han dormido (los que consiguieron liberarse de las ataduras del sonido machacón) a pierna suelta con unos más que agradables 17º-18º poco antes de las ocho de la mañana, que ya los quisieras tú en tu casa estos días de ola de calor. Y al levantarse (es un decir) no hay ducha, pero tienes un pantano exuberante a tu disposición.
La Guardia Civil explica que se han congregado dos mil y pico vehículos entre turismos, furgonetas, camiones y autocaravanas, procedentes de otras provincias españolas y varios países europeos, fundamentalmente.
Una rave que suele ser habitual en esa zona del pantano, pero no necesariamente en el mismo término municipal. Este año ha tocado a Salvatierra, aunque en la orilla próxima a Cespedosa, que es el pueblo que se aprecia en algunas imágenes.
Se espera que este domingo comience la desbandada, pero todo depende de lo a gustito que estén. Que se está. Al menos al amanecer. Distinto será a las cuatro de la tarde, aunque siempre te quedarán las torres de sonido y la manta de agua del embalse para aislarte del mundo exterior. Aunque si te encuentras en estado latente el exterior te condiciona menos.
Al salir, guardias civiles de tráfico esperan con bolsas llenas de boquillas para soplar. Madre mía, esos dispositivos sí que pueden arder.