No descubro nada nuevo si digo que la izquierda a la izquierda del PSOE vive permanentemente troceada en un maremagnum de partidos, marcas, plataformas… y otros conglomerados varios, atendiendo a supuestos matices ideológicos e incluso territoriales.
Partidos que luchan ferozmente entre ellos por ser los adalides de la pureza ideológica y que funcionan como una auténtica secta, la buena, pues los otros son lo peor de lo peor, pero partidos que están completamente desconectados de la realidad y de lo que verdaderamente quieren y necesitan los ciudadanos de este país.
Y es que viendo este revoltijo de partidos y siglas no puedo pensar en otra cosa que en la película de los Monty Python (La Vida de Brian) en la que los del Frente Popular de Judea, los del Frente Judaico Popular y otras micro organizaciones, concentran su energía en odiar al de al lado en vez de luchar contra el verdadero enemigo común que tienen enfrente, los romanos.
Y claro, así asistimos, en mi caso con incredulidad, a la enésima intentona de aglutinar a esa izquierda del PSOE en un proyecto que ilusione y que transmita a los ciudadanos una voluntad seria de voluntad de aportar y no ser el nuevo partido que consiga un puñado de diputados por Madrid y poco más. Diputados y diputadas que suelen coincidir con las “mentes pensantes” que han fundado el Nuevo Frente Popular de Judea. Constato un hecho, no hay maldad en mis palabras…
Este proyecto, al que le deseo todo lo mejor, ha nacido con voluntad de sumar, pero no me equivocaré si digo que la dinámica terminará siendo de separación, expulsión mutua y recelos permanentes. Y ojalá me equivoque.
Los datos, que suelen ser tozudos, muestran que en los últimos procesos electorales la dispersión de la izquierda del PSOE ha producido menos representación que la que se hubiese obtenido sumando todos esos votos. Ya lo habrá captado el lector: voto tirado a la basura. Algo que hace que muchos se planteen si el domingo electoral merece la pena hacer el esfuerzo de votar.
Mientras la derecha se reagrupa en dos grandes siglas capaces de cohabitar institucionalmente, la izquierda alternativa busca resquicios ideológicos o de planteamiento programático, para no ponerse de acuerdo y que solo llevan a fragmentar el voto progresista. Y es que no se me va de la cabeza la famosa frase de “Programa, programa, programa” de aquel comunista andaluz, que sirvió de manera más eficaz a José María Aznar que a los votantes de izquierdas. Cosas de los iluminados de la Judea Popular…
Y es que la única e imposible solución pasa por la articulación de esta izquierda en algo creíble, en un movimiento que transforme las energías dispersas en una fuerza común, en la que los objetivos sean claros: acabar con los romanos. Priorizando la eficacia sobre el logo, y en la que un matiz ideológico no se convierta inmediatamente en un motivo de escisión.
Hay que ensanchar las bases… ¡No!
Hay que ensanchar la esperanza… ¡No!
Hay que ensanchar otra cosa random y moderna que se nos ocurra….
No te preocupes, yo te lo traduzco: hay que ensanchar la cosa que sea mientras sea yo el que encabeza el proyecto, pues si lo encabeza el del Frente de Judea la cosa está jodida…




















