Nadie debería dudar a estas alturas del siglo XXI que el deporte femenino vive un momento de expansión global, en toda España, y también, en la provincia de Salamanca. La revolución viene produciéndose durante la última década, observando claramente como el número de equipos, licencias y competiciones no deja de aumentar de forma progresiva. Se trata de un crecimiento que se impulsa gracias a un trabajo incansable de clubes modestos, el respaldo institucional y, muy especialmente, por el compromiso de las propias jugadoras.
En cada rincón de Castilla y León, las ligas territoriales han experimentado un incremento sostenido de participación y de afición, y Salamanca ha contribuido a esa tendencia con entidades que han apostado por crear cantera y dar continuidad a las futbolistas. Clubes como el Club Deportivo Salamanca Fútbol Femenino cuentan ya con equipos en varias categorías formativas, reflejando una base estructurada y en crecimiento.
Una revolución que se percibe en todos los ámbitos de la sociedad, con especial intensidad en el entorno digital. Un avance que se vive en paralelo a la demanda de herramientas tecnológicas para estar más cerca de sus deportistas como, por ejemplo, descargando la bet365 app para España, un programa para móvil ideal con el que apostar por estos clubes, pero, sobre todo para seguir marcadores y estadísticas.
Una base que ya no deja de crecer
De forma general, es la base y su trabajo, meticuloso, sin focos, y sin eco mediático el que explica este despegue del fútbol femenino salmantino. En campos municipales, en entrenamientos a última hora de la tarde y en ligas autonómicas donde aumenta día a día el número de aficionados, es donde se construye el verdadero motor de este crecimiento.
La Liga GONALPI de Castilla y León, donde compiten varios equipos de la provincia, se ha convertido en un espacio clave para el desarrollo competitivo. El Unionistas de Salamanca CF Femenino, por ejemplo, participa en esta categoría y ha llegado a liderar la clasificación en algunas fases de la temporada, evidenciando un salto cuantitativo y competitivo del proyecto.
Es una evolución que se ha ido fraguando durante años, muchas niñas salmantinas tenían que integrarse en equipos mixtos o abandonar la práctica federada al llegar a ciertas edades. Hoy el panorama ha cambiado radicalmente gracias a la creación de más estructuras específicas, más entrenadoras tituladas y una mayor sensibilidad por parte de los clubes.
Como no podía ser de otro modo y viene sucediendo en todo el planeta, también ha cambiado la percepción social. El fútbol femenino dejó de mirarse como una actividad complementaria, para contemplarse como una disciplina con identidad propia.
Retos pendientes para consolidar el salto
A pesar del crecimiento, el fútbol femenino salmantino todavía convive con desafíos estructurales que condicionan su desarrollo a medio plazo. El primero, como cabe suponer, es el económico. La mayoría de proyectos siguen dependiendo de cuotas de jugadoras, pequeños patrocinadores locales y el esfuerzo voluntario de técnicos y directivos.
Es inevitable la comparación con el fútbol masculino y la diferencia de recursos sigue siendo abismal. Sin embargo, el modelo de clubes populares que existe en Salamanca, con fuerte implicación social, está permitiendo avanzar sin perder estabilidad. El propio Unionistas, nacido del impulso de sus aficionados y con miles de socios participando en la vida del club, representa bien esa cultura deportiva participativa que beneficia también al fútbol femenino.
La continuidad de las jugadoras en edad juvenil es otro reto que se va superando gracias al trabajo de los clubes que coinciden en que la captación en categorías benjamín y alevín ha mejorado mucho, aunque permanece esta dolorosa fuga de talento en la transición hacia el fútbol senior. Factores como los estudios, la movilidad o la falta de referentes cercanos influyen en ese abandono.
En relación a las infraestructuras y aunque Salamanca dispone de instalaciones modernas como el estadio Reina Sofía, inaugurado en 2021 y con capacidad para casi 4.900 espectadores, la mayoría de los equipos femeninos compite en campos secundarios con muy poca opción de visibilidad.
En cualquier caso, el sector se presta al optimismo. A nivel nacional, el fútbol femenino ha incrementado asistencia y profesionalización en los últimos años, con crecimientos de público superiores al 10 % en la máxima categoría, lo que está generando un efecto arrastre hacia las competiciones territoriales.
En Salamanca ese impulso se percibe de forma gradual pero constante. Más niñas se inscriben cada temporada, más clubes abren sección femenina y el seguimiento mediático, aunque todavía discreto, es mayor que hace cinco años.
El crecimiento del fútbol femenino en la provincia es el resultado de muchas temporadas de trabajo desde abajo, de entrenadoras que han abierto camino y de jugadoras que han decidido quedarse cuando antes era más fácil marcharse. El siguiente paso será consolidar esa base y convertirla en una estructura sostenible.
















