Opinión

Siempre nos quedará Dubái…

Rascacielos de Doha, en Dubái. Imagen de ekrem en Pixabay

En los últimos años, el desierto de los Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en el paraíso para una ‘clase privilegiada’ que identifica la libertad con no pagar impuestos. El planteamiento es simple: «El Estado me roba. Mis impuestos subvencionan a quienes no producen, a los de las paguitas y a otros piojosos. Mi dinero me pertenece solo a mí, que para eso lo he ganado yo».

Sin embargo, la reciente inestabilidad geopolítica en Oriente Próximo a muchos les ha servido como un baño de realidad que deja al descubierto la simplicidad y equivocación de este pensamiento liberal de salón.

Irse a Dubái por motivos de ‘optimización fiscal’ (el eufemismo moderno de no tributar en España) implica una elección clara. No es una migración por necesidad laboral o de cualquier otro tipo, sino un cálculo en función de unos beneficios particulares. Al hacerlo, se acepta residir en un sistema donde rige la sharia, donde los derechos de la comunidad LGTBI son inexistentes y donde las libertades civiles están supeditadas a una monarquía absoluta.

Lo que resulta indignante y alucinante a partes iguales para cualquier contribuyente español medio, es que quienes huyen de las imposiciones y del robo de una democracia europea terminen refugiándose en un régimen autoritario bajo la premisa de la libertad. Se cambia la financiación vía impuestos de unos servicios públicos que benefician a todo el conjunto de la sociedad por rascacielos, ahorro propio y lujo, ignorando que esa burbuja de supuesto bienestar está a escasos kilómetros de conflictos crónicos.

El acabose llega cuando han estallado los recientes incidentes bélicos. Aquellos que abogan por un mundo donde cada uno debe valerse por sus propios medios, de repente han descubierto el valor de un pasaporte español. Nada más cerrarse el espacio aéreo, el discurso de estos emprendedores de medio pelo se desvanece para dar paso a la exigencia de repatriación y lloriquear para que Papá Estado, ese Estado al que dieron la espalda, les saque del atolladero.

Es aquí donde me surge una pregunta: ¿Por qué el resto de los ciudadanos, los que sostenemos nuestro sistema público con esfuerzo diario, debemos financiar el rescate de quienes decidieron dejar de contribuir al mismo? ¿Por el mero hecho de haber nacido aquí? Y tengo serias dudas…
La repatriación no es un servicio gratuito de taxi. Es un despliegue diplomático y militar con un alto coste, al que ellos se negaron a contribuir. Pedir que el Estado -ese mismo ‘Estado opresor’ del que huyeron- envíe aviones para sacarlos de un problema que ellos mismos eligieron al mudarse a una zona de riesgo, es el ejemplo máximo de la incapacidad para comprender cómo funciona el mundo o ser imbécil, o ambas cosas a la vez.

El liberalismo sostiene que el individuo puede prosperar de manera aislada, a través de su supuesto mérito y sin atisbo de solidaridad alguna. Sin embargo, una crisis como la que estamos viviendo demuestra que hay elementos que el capital privado no puede comprar en momentos de caos. La diplomacia, la protección y auxilio de toda la infraestructura de un país y ciertos tipos de logística, no te los puedes pagar por tu cuenta, por muy liberal y emprendedor que te consideres.

Y de todo lo anterior, la culpa no es de quienes nos quedamos aquí pagando impuestos. Es la consecuencia directa de tomar decisiones libres por parte de quienes creyeron que podían vivir al margen de la sociedad pero bajo su protección en caso de emergencia.

Anotación para liberales: la libertad conlleva responsabilidad. Si se elige el modelo de ‘lo mío es mío’ para las ganancias, resulta cínico pedir el modelo de ‘lo de los demás es de todos’ para las pérdidas. Esta situación debería servir (no creo que se consiga) como una lección de humildad y una reivindicación del contrato social: los impuestos no son solo para ‘subvencionar a los pobres’, sino para garantizar que, cuando el mundo explote a nuestro alrededor, tengamos una red que nos sostenga.

Deja un comentario

No dejes ni tu nombre ni el correo. Deja tu comentario como 'Anónimo' o un alias.

Te recomendamos

Buscar
Servicios