Durante la charla con Sofía Muñoz Félix, hablaremos de células, equipos, esfuerzo y recompensas. Tiene una conversación tranquila, sosegada y firme. Quizá cualidades que necesita para su trabajo como investigadora en el Instituto de Biología Funcional y Genómica, Centro Mixto de investigación de titularidad compartida entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Salamanca.
Hace ahora tres años recibió la beca Marie Sktodowska-Curie Actions. ¿Cuánto aportan a la investigación este tipo de ayudas?
Muchísimo. Esta era una ayuda de la Unión Europea que sirve para fomentar la movilidad de investigadores postdoctorales. Personalmente, en mi caso fue la oportunidad que me abrió las puertas para tener una posición estable dentro del sistema científico. Y, al grupo que me recibió, el tener un investigador postdoctoral, que es un impulso muy fuerte.
Y, ¿al ánimo del investigador?
Es un reconocimiento al trabajo. Pasamos mucho tiempo trabajando en temas que a veces no funcional, poniendo a punto experimentos… Es como un reconocimiento a todo. Es un impulso hacía arriba de tu ánimo y tu ego, dentro del ámbito profesional. Además, es un reconocimiento de mis pares, de los colegas.
Su beca estaba relacionada con una nueva línea de investigación sobre tolerancia al daño en el ADN. Sabiendo que la exploración es una carrera de fondo. ¿En qué punto está su trabajo?
Esa beca fue para realizar una investigación en el laboratorio de Avelino Bueno, del Centro de Investigación del Cáncer. La desarrollamos allí y luego me he movido como investigadora independiente y estoy comenzando mi propia línea. Digamos que aquella estaba terminaba y publicada.
Me lo pone fácil. ¿Qué está investigando ahora?
Cada célula humana tiene dos metros de DNA –ADN- y está compactado en el núcleo que mide como 10 micras. Esto tiene que estar muy condensado, pero el DNA tiene que funcionar, que expresarse en los genes, replicarse, repararse… Está muy regulado. Nuestro grupo de investigación se centra en los mecanismos que regulan la estructura y la función del genoma.
¿Qué ocurre cuando deja de funcionar correctamente?
Se producen enfermedades como el cáncer, enfermedades neurodegenerativas… Es como entender las bases moleculares que subyacen a este tipo de enfermedades.
Ustedes ponen los ‘andamios’ para ayudar a otros investigadores…
Nosotros y otros grupos realizamos investigación básica, que se reivindica poco.
Somos todo oídos.
Nosotros ayudamos a entender cómo funcionan nuestras células para poder repararlas. Si se estropea el coche tienes que entender cómo funciona primero. Todavía no sabemos cómo funcionan, aunque estamos muy avanzados, hay muchas cosas que desconocemos y hay muchos grupos que nos dedicamos a esto. Por supuesto, que si lo entiendes encontrarás una solución cuando esto deja de funcionar.

Por curiosidad. Cuándo se investiga una cuestión determinada es posible que se lleven sorpresas y que se abran otros caminos que no habían contemplado. Si es así, ¿cómo reconducen esta nueva vía?
Cuando trabajas lo haces con una hipótesis, para ver qué pasa. A veces ocurren cosas inesperadas y si son interesantes te permiten formular nuevas hipótesis y continuar tirando del hilo.
O sea que la investigación puede ser flexible.
Mucho. Ningún día es igual al anterior. Es lo que me gusta de mi trabajo. Tienes tu hipótesis y si formulo este experimento, lo más probable es que tenga este resultado, pero en muchos casos no da ese resultado y tienes que reformularlo.
Cuando eso ocurre, ¿le sale una sonrisa o pone cara de incredulidad?
(Risas) Hay de todo. Hay veces que es interesante en positivo y a veces… Es interesante en todo caso.
Tienen en común con los actores que deben saber improvisar y que están en crisis. ¿Por qué se apuesta tan poco por la ciencia o por el teatro siendo fundamentales para que crezcamos como sociedad?
No sé de teatro. (Risas) ¿Por qué se invierte poco en ciencia? Porque somos cortoplacistas. Uno invierte en cosas que te da rendimiento en corto plazo. En nuestro caso, las ventajas siempre son a largo plazo. Por eso creo que se invierte poco. La importancia de lo que haces hoy, no se ve pasado mañana, más bien en años. En nuestro caso, todavía más.
¿En qué sentido?
Siguiendo con el símil de los andamios, nosotros ‘ponemos’ ladrillos. En mi área de conocimiento aportamos esta pieza que encaja con el de otro grupo de investigación y eso permite que vayamos hacia adelante. Necesitamos muchos grupos y años para que haya frutos. No quiero ser pesimista, pero para que llegue un medicamento al mercado… Incluso los profesionales que hacen una investigación más traslacional tardan años.
¿La investigación base que usted desarrolla puede servir para diferentes enfermedades?
Sí, estudiamos como unas pequeñas ‘maquinas’ moleculares organizan el DNA y mutaciones en éstas causan cáncer o enfermedades neurodegenerativas. Entender cómo funcionan puede ser útil para otros grupos de investigación.
A ustedes los tienen que adorar.
(Risas) Nos tenemos que adorar todos entre nosotros.

Usted realizó una estancia posdoctoral en el Francis Crick Institute de Londres…
Mi doctorado lo hice aquí, en el Instituto de Biología Funcional y Genómica –IBFG- e hice un postdoc en el Crick de siete años, uno de los centros más punteros de Ciencias de la Vida de Europa. Después, tres años de investigación en el Centro del Cáncer de aquí, gracias a la ayuda Ramón y Cajal, que es la primera que tienes como investigador independiente, y me vine otra vez al IBFG.
¿Cuánto vértigo produce la experiencia de estar en Londres?
¿Vértigo? Ninguno. (Risas) Salí de mi zona de confort… Más bien fue una experiencia a disfrutar y de aprendizaje.
¿Al concluir esa etapa o un experimento tiene la sensación que produce hacer ejercicio: me costó tomar la decisión, pero mereció mucho la pena?
Cualquier cambio requiere un esfuerzo. Tenemos la inercia de seguir en el mismo sitio en el que estamos. Irme a Londres me costó, pero volverme también me costó. Moverme del Centro del Cáncer aquí… Siempre cuesta cambiar de rol, pero cuando tomas la decisión de hacerlo es por un motivo positivo.
¿Cuánto esfuerzo hay que realizar para acceder a uno de los institutos más prestigiosos del mundo en investigación?
Para conseguir progresar en la vida hace falta esfuerzo. Fue también actitud, tener ganas de crecer. No fue una losa que tenía que llevar encima. Lo hice por una motivación, un entusiasmo, una vocación… Para acceder al Crick le escribí un correo al que después fue mi supervisor y me dijo que fuera. Llevaba mi trabajo de tesis, que era muy bueno, le gustó. También cuenta las ganas que tienes de trabajar en ese lugar.
¿Los investigadores son vocacionales?
Creo que sí.
¿Qué papel juega la frustración en la investigación?
Hay una parte de puesta a punto. Al principio, cuando comienzas la tesis doctoral no sale casi nada, porque estas aprendiendo. Y, una vez que eres un experto, por decirlo de alguna manera, también tienes que poner un poco a punto tus experimentos hasta que salen. No sabría decirte el ratio. Un experimento bien hecho siempre te tendría que dar una respuesta. No sé si es la hipótesis que planteas u otra. Hay veces que técnicamente no te sale y eso requiere, dependiendo del campo, repetirlo mínimo tres o cuatro veces.
¿Siempre?
Sí, una vez que sale una cosa, hay que repetirla. Tiene que ser reproducible. Al menos tiene que salir tres veces. Por eso, los que hacemos ciencia experimental requiere trabajo. Por muchas ideas o hipótesis que tengas, sin trabajo no sirven de nada.

¿Qué diferencia hay entre investigar en Londres o Salamanca?
Cuando estuve en Reino Unido era un ambiente más internacional que el de aquí. Otras diferencias se derivan de la falta de dinero.
¿Pedimos dinero?
(Risas) Siempre estamos pidiendo dinero para investigar.
¿La ciencia entiende de géneros?
No debería, pero todavía hay una brecha. Hay muchas más mujeres que hombres que empiezan las carreras en Ciencias de la Vida y si te vas a puestos más altos, la mayoría son hombres. Como el gráfico de tijera. En algún sitio, las mujeres nos vamos cayendo por el camino.
¿Los inversores entienden de género?
(Silencio) Tampoco deberían. Aquí los inversores suelen ser fundaciones privadas o dinero público y están evaluados por nosotros mismos, por pares, por lo que sería responsabilidad nuestra, por decirlo de alguna manera.



















