Opinión

Trump todavía estaba allí

Líderes religiosos de Estados Unidos realizaron una oración para el presidente Donaldo Trump pidiendo protección divina para su vida y las tropas en Irán.

Cuando despertó, Trump todavía estaba allí. En el famoso microrrelato de Augusto Monterroso, la presencia del dinosaurio
apunta a lo inaudito, quizás a lo monstruoso, un monstruo surgido de una pesadilla. Nunca lo sabremos porque el relato es muy corto y el lector debe aportar las claves que faltan. En cualquier caso esa presencia inesperada apunta a lo que está fuera de tiempo y lugar, quizás a un viaje en el tiempo, vía pesadilla, en el que un pasado monstruoso se nos hace presente y muy real.

El ser humano nunca coexistió con los dinosaurios, gracias a Dios o a Noé, que en su barca impermeable no embarcó a ninguno y se ahogaron todos. Aunque hay expertos que hablan de un meteorito y no de Noé. Pero aunque el ser humano no coexistió con los dinosaurios, a veces sueña con reptiles.

Dejémonos ahora de arqueologías más o menos ficticias y regresemos al tiempo actual, en el cual Trump lleva a cabo sus fechorías.

Casi todos reconocemos que nuestro panorama actual es regular tirando a negro. Hay en eso una especie de consenso al cual contribuye la figura de Trump. Este energúmeno, o sea Trump, se ha empeñado en dar a su mandato rasgos apocalípticos y lo cierto es que lo está consiguiendo.

Más allá del fondo depredador de recursos y territorios que subyace en los actuales conflictos armados, no hay que perder de vista la componente teocrática de algunos de sus impulsores. Cuando un tipo como Trump, cabeza visible o instrumental de un extremismo religioso fanático y anticristiano (en el polo opuesto del mensaje evangélico), se enfrenta a los ayatolás de Irán, lo hace precisamente como uno de los nuevos ayatolás de Occidente que quieren acabar con toda la herencia cultural de la Ilustración y del humanismo renacentista, pero también con la herencia cultural del cristianismo original.

Como todos sabemos -salvo Díaz Ayuso que no se entera- uno de los objetivos declarados por Trump es destruir Europa, cuna de muchos de los logros más fructíferos en la línea del progreso humano. Y lo está consiguiendo, y además con suma facilidad, gracias a la colaboración de algunos líderes europeos decepcionantes que le llaman «papi».

En este caso no cabe la menor duda: esos líderes europeos que llaman «papi» a Trump son patéticos. ¡Qué bajo han caído! ¿Nos arrastrarán con ellos?
¿A que nadie imaginaba hace poco que Europa estuviera liderada por semejantes marionetas del poder estadounidense? Pues habrá que hacerse a la idea, porque aquel proyecto llamado Europa se está desmoronando delante de nuestras narices a toda velocidad, gracias a Trump y a sus colaboradores internos: Ayuso, Abascal, Feijóo, Rutte, y compañía.

Por tanto reconozcamos como evidente que destruir Europa es uno de los proyectos estrella de Trump y de su movimiento MAGA. Y reconozcamos que no ha tenido ningún empacho en expresarlo a las claras.

Tanto él como su vicepresidente Vance (otro miembro del club cerrado de los teócratas) lo expresaron sin andarse por las ramas. Lo que no imaginábamos era que ese objetivo fuese tan fácil de alcanzar. Y mucho menos que algunos líderes europeos colaboraran en esta tarea de demolición.

Sorprende lo rápido que ha ocurrido todo, tanto en lo que se refiere a la demolición de Europa como en lo que se refiere a la demolición del Derecho internacional.

En este sentido el genocidio en Gaza es un hito histórico que no tiene vuelta atrás. Sus autores y colaboradores aparecerán señalados en los libros de Historia con una nota de infamia.

Cuando Trump declaró esos objetivos como parte principal de su programa, los líderes europeos se tendrían que haber puesto en modo defensa y deberían haberse unido como una piña frente al matón. Eso esperábamos los ciudadanos europeos confiados en nuestra civilización y cultura europea. También confiados en nuestra trágica Historia.

Ocurrió justo lo contrario: algunos de estos «líderes» empezaron a hacer genuflexiones ante el matón, a dar muestras de un vasallaje infame, buscando beneficios particulares para ellos y los suyos, y a llamarle «papi». Ese es el aspecto ciertamente deprimente que presenta Europa y el germen mismo de su desintegración en marcha.

Y no les importa además a nuestros líderes que los ciudadanos europeos estemos mirando y viendo todo esto. Ni que Trump se vanaglorie, incluso ante las cámaras, de esa humillación y de esa relación de dominio y vasallaje. Insensatamente nuestros líderes le siguen considerando un socio.

Echen una mirada amplia a su alrededor, a este nuestro mundo civilizado de hoy. Cuenten uno por uno a los líderes de este mundo que han alzado su voz para indicar a Trump que no están dispuestos a secundar sus fechorías. Que le digan de frente que con ellos no cuente para iniciar una guerra que no tiene respaldo legal ni democrático, y que pisotea una vez más el derecho internacional, y que se ha iniciado cometiendo crímenes de guerra repugnantes como es el bombardeo y masacre en una escuela de niñas.

Cuenten también uno por uno a los que denunciaron y se opusieron sin ambigüedad al genocidio palestino en Gaza. Cuenten las voces «civilizadas» que han dicho bien alto que no están dispuestos a respaldar todos esos atropellos que ya constituyen de facto un estilo de intervención imperialista y fascista.

¿Las han contado? ¿Qué hemos de deducir de ese silencio atronador, casi unánime, de los líderes civilizados frente a un matón de casino mafioso que va sembrando muerte y destrucción? ¿Nos puede ayudar en esta deducción el hecho de que uno de los primeros actos de esta agresión en Irán haya consistido, como decimos, en bombardear una escuela de niñas causando una masacre? ¿O la consideración de que venimos de un genocidio en Gaza, aún en marcha y también silenciado?

Pues ni aun así. Nuestros líderes no alzan la voz, inclinan la espalda y ponen la mano a ver si el amo del mundo les da una propina. Y si la alzan no es para condenar esos actos de barbarie, sino para decir que el fin justifica los medios.

El mal que provocan las tiranías no se resuelve con otra tiranía, con una tiranía más grande o más poderosa, o simplemente con una tiranía aliada.
Conviene fijarse, en el inicio de estos conflictos, quién comienza la agresión (es un dato que registra la Historia), que en este caso ha comenzado precisamente en medio de un proceso de negociación.

Aun así, hay quien le pide explicaciones a Pedro Sánchez por su postura de defensa del Derecho internacional, pero no se las pide (ni se les ocurre) al papi Trump por pisotearlo.

Y, sobre todo, este caos, cuyas consecuencias pagaremos los ciudadanos de a pie ¿Podemos opinar? ¿Nos llevarán nuestros líderes europeos a una guerra ilegal de consecuencias imprevisibles para todos sin consultarnos, de la misma manera que Trump tampoco les ha consultado a ellos antes de iniciar su ataque? ¿Democracia europea? ¿Democracia americana? ¿Somos ya suficientemente adultos y suficientemente demócratas para que los
ciudadanos titulares de la soberanía nacional opinemos y decidamos si queremos tener o no bases estadounidenses en nuestro territorio? ¿Y por qué no un referéndum para decidir si queremos o no estar en la OTAN del papi Trump?

Pero volvamos a los ayatolás: «Durante la reunión, pastores evangélicos rodearon al presidente en el Resolute Desk y ofrecieron oraciones pidiendo guía, sabiduría y protección mientras lidera el país. Imágenes y videos del evento muestran a varios líderes religiosos colocando sus manos sobre Trump mientras oraban» (El Pais 6 MAR 2026).

Estas imposiciones de manos y contactos brazo con brazo de grupo cerrado y fanático de la fe (la que sea), son cada vez más frecuentes en los espacios institucionales y supuestamente laicos del poder democrático de Occidente. Y desde luego el trumpismo alimenta con ganas ese disparate y la involución que conlleva.

Para entender un poco de qué va esto y cómo podemos acabar en medio de un enfrentamiento demente entre ayatolás, conviene ver ese magnífico documental de la directora brasileña Petra Costa que revela y denuncia las conexiones íntimas, de hipnótica dependencia, como de gurú hacia su pupilo-siervo, que se establecieron entre un pastor «evangélico» de extrema derecha, Silas Malafaia (en el papel de gurú) y Bolsonaro (en el papel de pupilo-siervo que obedece ciegamente sus órdenes).

El documental se titula «Apocalipsis en los trópicos» y lo peor es que ese estilo de fanáticos radicales y extremistas de la fe (la suya) que intervienen la política y adulteran la fe, está cada vez más extendido.

No es inconsecuente con estas adulteraciones e intromisiones de la fe en la política de todos, el hecho de que «la revista estadounidense Forbes lo clasificó a Silas Malafaia -el gurú extremista y religioso de Bolsonaro- como el tercer pastor pentecostal más rico de Brasil, con un patrimonio estimado de 150 millones de dólares» (Wikipedia).

Yo la verdad prefiero que ningún ayatolá, ni de aquí ni de allí, decida por nosotros y sustituya la democracia por una teocracia. Hasta ahí podíamos llegar en este proceso imparable de humillación y retroceso.

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