Salamanca apuesta el sábado por el talento para abordar ‘El Stabat Mater’, de Haydn

Cristina Alario y Raúl Rodríguez, piezas clave del Coro de Cámara universitario, desvelan la intensidad tras los ensayos de la gran cita del sábado en el Caem, donde participarán junto con los músicos de la Orquesta Clásica del Teatro Liceo
Cristina Alario y Raúl Rodríguez, contralto y tenor del Coro de Cámara de la Usal, participan en el concierto del sábado en el Caem

Cristina Alario y Raúl Rodríguez, piezas clave del Coro de Cámara universitario, desvelan la intensidad tras los ensayos de la gran cita del sábado en el Caem, donde participarán junto con los músicos de la Orquesta Clásica del Teatro Liceo en la interpretación de El Stabat Mater, de Haydn. Un viaje emocional que une veteranía y juventud bajo el peso de una obra maestra.

En el mundo de la música coral, hay obras que se cantan y obras que se habitan. El Stabat Mater, de Joseph Haydn pertenece a las segundas. El próximo sábado 21 de marzo, a las 20:00 horas, el Caem se convertirá en el centro de una experiencia sonora de primer orden, donde los músicos de la Orquesta Clásica del Teatro Liceo y las voces del Coro de Cámara de la Universidad de Salamanca unirán su talento para disfrute del público.

Para entender la magnitud de lo que se vivirá sobre el escenario, Cristina Alario y Raúl Rodríguez, contralto y tenor del Coro de Cámara de la Universidad de Salamanca, nos acercan a esta obra maestra que trata del dolor de una madre por la pérdida de un hijo.

La conversación con ellos es, en realidad, un recorrido por la historia viva de la institución. Cristina Alario es la voz de la experiencia: 33 años en el coro. Entró siendo una estudiante de 18 años y hoy, el coro es su familia. «Desde los 10 años siempre he cantado; es una parte fundamental de mi vida», explica. Frente a ella, Raúl Rodríguez representa el presente y futuro de la formación. Llegó a Salamanca para cursar sus estudios y, en apenas cuatro años, ha encontrado una segunda casa.

Ambos coinciden en que el coro es mucho más que una escuela, es una forma de vida diferente: «Aquí no hay individualidades; tienes que conseguir un sonido conjunto. Es una actividad totalmente social donde aprendes a escuchar al otro para que el sonido sea homogéneo», reflexiona la contralto. Una actividad social que favorece tanto “la mente, el cuerpo y el espíritu, siempre digo que debería ser casi obligatorio en los colegios”, confiesa.

Este grupo de voces unidas lo componen junto al director, Bernardo García Bernalt, 26 voces (siete sopranos, siete contraltos, cinco tenores y siete bajos). Todos ellos viven esta experiencia como algo muy especial y emocionante. La pieza representada es de las primeras obras sacras que escribió Haydn y su exigencia requiere de una formación importante. Preparar una cita así requiere una gran disciplina. Desde enero, el coro ensaya todos los domingos bajo las indicaciones de Bernardo García-Bernalt, preparándose para el encuentro final con la orquesta y los solistas.

Cristina Alario y Raúl Rodríguez explican que están organizados en tres grupos: la orquesta, los solistas y el coro. Cada uno de estos grupos tiene sus ensayos a lo largo del año y los fines de semana previos al concierto se reúnen en un encuentro intensivo para preparar la armonía del grupo. Aun así, cada uno tiene una preparación previa individual. “Trabajamos cada uno en casa, lo ponemos en común en el coro, con el director y después nos centramos en ensayar todos juntos”.

El Stabat Mater es una obra escrita originalmente para el Viernes Santo, aunque la versión que se escuchará en el Caem este sábado, 21, a las 20.00 horas, tiene más instrumentos de viento y mayor volumen sonoro. Trata el dolor de la Virgen al pie de la Cruz, un sentimiento que Cristina Alario define como «profundamente humano, independientemente de la religión».

“Es una obra con muchísima dificultad técnica; hace falta que los solistas sean de primer orden”, recalcan. Pero más allá de la técnica, la pieza cuenta una historia universal: El Stabat Mater habla del sufrimiento de una madre por la pérdida de un hijo. Para la contralto ahí reside su fuerza: “Habla de sentimientos profundamente humanos. Ese desgarro, ese dolor de una madre. Independientemente de tu sensibilidad religiosa, todos conocemos y podemos sentir ese sentimiento”.

Al hablar sobre sus momentos favoritos, las respuestas revelan la estructura emocional de la obra. Raúl Rodríguez se queda con el comienzo impactante: “Ese inicio lánguido y triste donde entra la orquesta, seguido por el solo de tenor, muestra ya desde el primer número todo el nivel y la intensidad de la obra”.

Por su parte, Cristina Alario pone el foco en el contraste del final. Su momento favorito es el número 13, el penúltimo: “El texto diceCuando el cuerpo muere, es el clímax trágico, un dúo entre soprano y alto que es una preciosidad conmovedora. Sin embargo, ese dolor no es el final. Y el número final explota hablando de la gloria del paraíso. “Ahí la atmósfera cambia completamente, se enciende la luz. Es un cierre lleno de esperanza con una parte de soprano casi virtuosística que hay que escuchar para vivirlo”.

Cristina Alario y Raúl Rodríguez, contralto y tenor del Coro de Cámara de la Usal, participan en el concierto del sábado en el Caem.

La conversación con los artistas lleva a hablar sobre el mundo cultural de la ciudad. Para ambos, Salamanca está viviendo un “momento muy dulce en la música”, que no es fruto de la casualidad, sino de un soporte educativo y profesional de alta calidad.

“En Salamanca tenemos la suerte de contar con el Conservatorio Profesional y el Conservatorio Superior de Castilla y León”, explica Rodríguez, quien vive de primera mano esa realidad como estudiante de canto. Esta concentración de centros de enseñanza superior convierte a la ciudad en un lugar lleno de talento y la cuna de muchos intérpretes de instrumento y voz. “Es un privilegio que muy pocos lugares tienen”, añade.

Además, a este ecosistema musical, en este caso vinculado a las dos universidades (la USAL y la Pontificia), se le añade una tradición coral destacada como motor de excelencia ambas instituciones.

Por otro lado, siguiendo con la excelencia musical salmantina, encontramos Academia de Música Antigua de la Universidad de Salamanca “Es un referente nacional e internacional para la formación en música barroca y antigua”, recuerda Cristina Alario. Según explica, esta institución lleva desde los años 90 formando músicos y recuperando un patrimonio que deja una huella profunda en la ciudad.

Todos estos ingredientes son los que permiten que este sábado el escenario del Caem brille con luz propia. “La orquesta que nos acompaña es de un valor importantísimo; son profesionales muy vinculados a la ciudad, músicos que han nacido aquí, que han estudiado en nuestros conservatorios o que hoy son profesores en ellos”, subrayan. Es, en definitiva, una apuesta por el talento de la ciudad para abordar a uno de los grandes genios de la historia.

La cita del sábado a las 20.00 horas no solo destaca por la partitura, sino por el liderazgo artístico detrás de ella. Para los coralistas, es fundamental reconocer la labor de Alfonso Sebastián, a quien definen como un músico «fantástico» con una capacidad única para transmitir la esencia de cada nota, así como el trabajo previo de Bernardo García-Bernalt, encargado de preparar y dirigir al coro.

Más allá de la técnica, lo que late en cada ensayo es un profundo sentimiento de pertenencia. Para Cristina Alario y Raúl Rodríguez subirse al escenario del Caem no es solo un acto individual, sino un compromiso colectivo. “Pertenecer a un coro siempre es un compromiso, pero en este caso, además, tenemos el respaldo de la Universidad de Salamanca”, explican. Ese orgullo de representar a una institución con tanta historia, añade una capa de responsabilidad y emoción a cada nota.

El esfuerzo de meses, los domingos de ensayo y el trabajo individual en casa se resumen en un objetivo: que el público salmantino conecte con la obra tanto como ellos. “Hay pasajes tan pegadizos y bonitos que sales de los ensayos cantándolos, se te quedan en la cabeza”, confiesa el tenor con una sonrisa.

Por. Lara Arias Lordén.

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