Ante el acoso impertinente del módulo, Herminio llamó al administrador.
-Tenía entendido que el altavoz sólo habla cuando se lo pides, pero este habla cuando quiere y ya me tiene aburrido.
-Verá, es que este módulo es una versión mejorada, con más autonomía, para darle más seguridad...
-¡Soy yo el que necesita autonomía! No lo aguanto más.
Quedaron en que iría un operario a cambiar el aparato.
Mientras tanto empezaron a ocurrir cosas extrañas en la casa.
Al día siguiente se despertó tarde. Eso le ocurría las noches de lluvia, que ahora seguía oyendo golpear en la ventana, invitándole a seguir en la cama. Pero al levantarse comprobó que la calle estaba seca y que el ruido venía del módulo.
-Buenos días, Herminio. Sabía que el sonido de la lluvia te ayudaría a descansar.
Se dirigió al baño y tenía la luz encendida. Qué raro, pensó, suelo apagar siempre la luz. En la cocina se encontró luego la cafetera y la tostadora puestas. Esto es cosa del puto aparato ese, pensó. No aguanto más, se dijo. Exasperado, fue hacia él dispuesto a llevarlo al trastero. Pero al acercarse le oyó decir:
-No se te ocurra tocarme, Herminio. Podría traerte malas consecuencias.
Aunque era hombre de temple, desistió. Pensó en represalias del administrador; últimamente tenía problemas con la puntualidad de los pagos.
Las cosas se pusieron feas desde entonces: ruidos nocturnos, músicas intespestivas, espasmos sonoros, aparatos sin control...
En lo más profundo de una noche le despertaron ruidos confusos, como golpes sobre una pared o un mueble. Luego eran como arañazos… Se levantó: era su gata, que se había quedado dentro del armario sin él darse cuenta. Le costó retomar el sueño, pero volvió a despertar con el ruido de voces, esta vez como de ultratumba.
Como si viniera del más allá, vio un espectro que atravesaba la pared y se acercaba a él, lento y amenazante:
-Prepárate. Ya se acerca.
-¿Para qué me tengo que preparar?, ¿de qué estás hablando?...
-Tú sabrás cómo has vivido. Las cosas que has hecho a lo largo de tu vida y no debías haber hecho. Las cosas que no has hecho y sí debías hacer. Ahora ya no hay remedio. Tu tiempo acaba.
Recordó que en el momento previo a la muerte, se decía, uno concibe simultáneamente el conjunto de su vida.
La sombra se extendió poco a poco hasta cubrir todo su campo visual. A la vez su corazón se fue encogiendo hasta que dejó de latir.
(Continuará)
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