La Unión Europea asume que la guerra en Irán no será un conflicto pasajero. Con el mercado energético en vilo y el barril de Brent instalado en la inestabilidad, la Comisión Europea ha comenzado a diseñar planes de contingencia que incluyen, por primera vez en décadas, el posible racionamiento de combustibles.
El comisario de Energía, Dan Jorgensen, ha dicho que «será una crisis larga». Aunque actualmente el suministro no corre peligro inminente, el bloqueo del estrecho de Ormuz -arteria vital por la que fluye el 20% del petróleo mundial- y la imprevisibilidad de la política exterior de Donald Trump obligan a Bruselas a ponerse en lo peor.
¿Qué supondría este racionamiento? Los expertos sugieren que las medidas no llegarían a un apagón eléctrico (inviable en países como España por su dependencia del gas), pero sí podrían afectar directamente al ciudadano:
- Transporte: Restricciones de circulación por matrículas o fomento obligatorio del teletrabajo.
- Aviación: Limitaciones en el suministro de queroseno, una de las mayores preocupaciones del sector.
- Climatización: Topes de temperatura en edificios públicos y comercios, similares a los aplicados en 2022.
Pese a que la UE cuenta con reservas y mercados diversificados, las autoridades advierten que el precio de la energía seguirá alto durante mucho tiempo, lo que podría generar cambios estructurales en la economía europea.















