Lo que se está planteando como ‘unidad empresarial’ en Salamanca está lejos de percibirse como un proceso claro, natural y respaldado de forma amplia por los propios empresarios, más bien al contrario, distintas voces dentro del tejido empresarial lo interpretan como un intento de reorganización impulsado desde arriba, con más peso de las estructuras internas que de la voluntad real de las asociaciones de base.
El punto de partida de esta situación se remonta a abril de 2022, cuando se produjo la dimisión del entonces presidente de CES Salamanca y el relevo automático por parte del vicepresidente, Antonio Rollan, conforme a los estatutos, sin cuestionar la legalidad del proceso, sí se ha señalado que la ausencia de un proceso electoral abierto o de una ratificación expresa en asamblea ha podido generar una falta de legitimidad percibida, especialmente relevante cuando desde esa posición se impulsan procesos de integración que afectan a todo el sistema empresarial, en este contexto, se da la circunstancia de que quien asumió esa responsabilidad se ha mantenido en el cargo desde entonces, consolidando su posición dentro de la organización.
En paralelo, uno de los intentos más claros de avanzar hacia una integración real entre organizaciones empresariales en la provincia se produjo bajo el liderazgo de Diego García al frente de Ceoe Cepyme Salamanca, quien defendió públicamente la necesidad de una estructura unificada, sin embargo, aquel proceso no llegó a buen término y se desarrolló en un contexto de fuertes tensiones internas, discrepancias estratégicas y resistencias dentro del propio sistema organizativo, lo que acabó derivando en su salida, precisamente en el marco de ese intento de unidad.
Por un lado, hay un liderazgo que accede al cargo sin refrendo electoral inmediato y que se mantiene en el tiempo y, por otro, un intento de integración más explícito que termina en conflicto interno y salida del dirigente que lo impulsaba, lo que refleja hasta qué punto la unidad empresarial no es un proceso sencillo ni exento de costes dentro de las propias organizaciones.
A partir de ahí, el problema no es solo de origen, sino de funcionamiento, porque una de las críticas más repetidas dentro del entorno empresarial es que el equilibrio entre empresarios y estructuras técnicas se habría deslizado la idea de fondo de que las organizaciones empresariales deben estar dirigidas por empresarios, no por técnicos, ya que se considera que los equipos técnicos están para asesorar, ejecutar y garantizar el funcionamiento administrativo, pero no para marcar la estrategia ni condicionar decisiones de fondo, según señalan las fuentes consultadas.
En este punto se añade otro elemento a tener en cuenta, la dimensión y el peso de las propias estructuras técnicas en ambas confederaciones y en las asociaciones que las integran. Distintas opiniones dentro del sector señalan que existe un número elevado de técnicos en todo el entramado, lo que introduce una dificultad añadida en cualquier proceso de integración, no solo por la reorganización funcional, sino por la necesidad de encajar puestos, responsabilidades y estructuras que, en muchos casos, pueden resultar duplicadas, y nadie quiere ser el sacrificado.
Subyace una motivación económica, ya que se trata de perfiles con niveles retributivos elevados en comparación con la media provincial, en algunos casos situados en cifras que se perciben como especialmente altas dentro del contexto local, lo que complica aún más cualquier ajuste, en términos prácticos, integrar estructuras con este volumen de personal y estos costes, porque eso implica tomar decisiones complejas sobre continuidad, reubicación o reducción, generando tensiones internas evidentes.
En este contexto, algunas voces dentro del ámbito empresarial apuntan a que ya se estarían produciendo movimientos internos, salidas o reajustes en determinadas posiciones técnicas, interpretados por unos como procesos de adaptación organizativa y, por otros, de forma más crítica, como decisiones orientadas a facilitar un eventual escenario de integración. En cualquier caso, se trata de percepciones existentes en el entorno, no de hechos acreditados de forma concluyente.
El bolsillo
Lo que sí parece generar coincidencia en ciertos sectores es la percepción de que, en este tipo de procesos, tanto en las confederaciones como en las asociaciones que las integran, los equipos técnicos tienden a proteger su posición, su estabilidad y sus condiciones económicas, pudiendo primar en algunos casos la lógica de conservación del puesto y del nivel retributivo sobre una visión más amplia del interés general del conjunto del tejido empresarial, una percepción que, sin constituir una afirmación generalizada ni acreditada de forma objetiva, forma parte del debate existente y que no se puede eludir.
Este factor introduce una dificultad adicional, ya que quienes forman parte de esas estructuras pueden, al mismo tiempo, influir directa o indirectamente en los procesos de reorganización, lo que incrementa la complejidad y alimenta la sensación de que el equilibrio entre gestión técnica y representación empresarial no siempre es nítido, según señalan otras fuentes.
Este punto conecta directamente con uno de los elementos más sensibles del escenario actual, el papel del secretario general de la Cámara de Comercio, desde una perspectiva institucional, su función debería ser estrictamente técnica y neutral, garantizando la legalidad y el correcto funcionamiento de la entidad. Precisamente por esa posición, se considera que no debería intervenir ni mediar en procesos de integración o unificación entre organizaciones empresariales como CES y Ceoe Cepyme Salamanca.
Sin embargo, el hecho de que su figura pueda ser percibida como influyente en este tipo de dinámicas genera dudas sobre la neutralidad institucional, especialmente cuando se trata de procesos que afectan al equilibrio de poder dentro del tejido empresarial. A eso se añade un elemento que, sin implicar irregularidad alguna, sí resulta relevante en términos de percepción: el nivel retributivo del puesto, situado en cifras superiores a los 60.000 euros anuales, una cantidad legal y pública, pero que contrasta de forma evidente con la realidad económica de la mayoría de empresas de la provincia.
La combinación de capacidad técnica, estabilidad en el puesto y nivel salarial elevado refuerza la preocupación de algunos sectores consultados sobre el peso real de estas figuras dentro del sistema, especialmente si se percibe que pueden influir en decisiones que deberían corresponder exclusivamente a los órganos de representación empresarial.
Foco de resistencias
En paralelo, existe un problema estructural que hace especialmente difícil cualquier integración real. Las organizaciones empresariales no son entes simples, están formadas por múltiples asociaciones sectoriales, cada una con sus propios intereses, tamaños y realidades, cualquier proceso de unificación requeriría, en la práctica, el acuerdo de un número muy elevado de asociaciones, lo que hace extremadamente complicado alcanzar posiciones cercanas a la unanimidad.
A esto se suma un factor determinante, el sistema de cuotas, las aportaciones económicas no son iguales en todas las organizaciones ni para todas las asociaciones, una integración obligaría a redefinir quién paga cuánto y, por tanto, quién tiene más peso, lo que introduce un conflicto directo entre financiación y poder interno. Este elemento por sí solo explica gran parte de las resistencias existentes.
Todo ello se produce en un contexto donde también se han mencionado tensiones internas, dimisiones y cuestionamientos sobre el funcionamiento de las organizaciones, sin que existan resoluciones firmes que acrediten irregularidades, pero sí un clima de desconfianza en determinados sectores.
En este escenario, hay un actor que observa todo este proceso con una mezcla de interés práctico y cierta comodidad, los sindicatos, desde la lógica de la negociación colectiva, una estructura empresarial más unificada simplifica enormemente la interlocución, menos interlocutores, menos dispersión y, en consecuencia, procesos más ágiles, o al menos más manejables.
Desde una perspectiva crítica, algunas voces señalan con cierta ironía que esta preferencia no responde necesariamente a que el modelo sea mejor o más representativo, sino a que resulta más cómodo, cuando el volumen de trabajo es elevado, contar con un único interlocutor reduce complejidad, tiempos y esfuerzo, aunque ello pueda implicar una menor pluralidad de posiciones dentro del propio tejido empresarial.
Dicho de otro modo, una patronal unificada puede ser muy eficiente… al menos para quien tiene que negociar con ella, otra cuestión distinta es si esa simplificación beneficia realmente a la diversidad y representatividad del conjunto de los empresarios.
En conjunto, el problema de fondo no es solo si la unidad es deseable, sino en qué condiciones se plantea, porque si los empresarios no participan de forma directa, si las asociaciones de base no validan el proceso, si los técnicos adquieren un protagonismo superior al que les corresponde y si desde posiciones institucionales que deberían ser neutrales se percibe influencia en el proceso, la llamada unidad difícilmente puede entenderse como un proyecto plenamente representativo.
La cuestión es clara, las organizaciones empresariales deben responder a los empresarios, no a sus estructuras internas, y cualquier proceso de integración debería construirse desde abajo, con transparencia, participación real y respeto al equilibrio entre representación y gestión técnica, de lo contrario, más que una unidad empresarial, lo que se percibe es una reordenación del poder.
Texto: Chenche Martín Galeano.


















13 comentarios en «Las trabas para la unificación de las patronales de Salamanca»
«Habló el toro y dijo….Muuuuuuu!». Un sesudo artículo que podría servir como elemento de reflexión, si no fuera porque el firmante se aprestó con denuedo a cumplir el papel que le habían encargado favoreciendo la ruptura y amparándo las actuaciones de esos técnicos que ahora pretende denostar. Tiene razón con el relato de un taimado técnico que le propinó una sonora patada en el «postquam» cuando ya no se le necesitaba y que intenta ser el Rasputin salmantino. No anda muy fino, sin embargo, cuando se refiere a cierto presidente de la Plaza de San Román y a las razones de su marcha. Ese señor tenía un desconocimiento total del funcionamiento de las organizaciones empresariales, creyó que había heredado un reino y en su papel de Rey decidió entregar el castillo abriendo las puertas de atrás, aunque la verdadera causa de su caída en desgracia fue que escatimaba las cuotas de su empresa a la organización, como informó este mismo diario, sin que hasta el momento nadie haya dado explicaciones sobre este asunto y sobre si, en un arranque de vergüenza, pasó por caja para resolver su deuda antes de marcharse haciendo «fuu» como el gato. Así que «Consejos doy que para mí no tengo…»
Antes de opinar conviene conocer bien los hechos. Yo también participé en esa iniciativa de unidad empresarial, que en ningún momento fue un proceso de integración ni de fusión de confederaciones.
Además, no es cierto que el presidente dimitiera por desacuerdos: lo hizo por la falta de apoyo de sus propios compañeros —incluidos los de la Cámara de Comercio—, después de haber denunciado internamente posibles casos de corrupción un mes antes.
Por eso, para hablar con rigor, es importante saber de qué se está hablando. He leído personalmente todos esos escritos y mensajes como compañero suyo, y sinceramente, ha tenido más paciencia de la que muchos habríamos tenido en su lugar
Totalmente de acuerdo, al Presidente de CEOE en Salamanca se lo cargaron sacaba el tema cuotas los técnicos qye en ese momento no les interesaba la fusión porque no la tenían controlada.
Gran visión del problema empresarial en esta Salamanca de nuestras entretelas. Se nota que no siempre es cierto aquello de :»quod natura non dat Salmantica non praestat». Esto es reflejo de nuestra ciudad en casi todo.
Esto es una vergüenza de niveles máximos entiendo al que escribe que lo haga descafeinado por miedo pq lo da y de verdad es mas fácil que todo esto en el tejido empresarial se lleva mas de 30 años los mismos señores repartiendose todos los fondos el antiguo CONFAES ahora CEOE llego a su máxima expresión con Mesonero el cual fue presidente de confaes y camara de comercio hay ya se mataron entre ellos como buitres entoncesnces nació una esperanza CES con Chenche a la cabeza y rompió el monopolio pero en un corto periodo lo hicieron dimitir y volvieron los mismos a por lo mismo dinero poder y subvenciones y colocaciones a dedo R. PRESIDENTE CES SIN ELEGIR DESPUES DE AÑOS NO CONVOCA ELECCIONES PERO SE JACTA DE QUE SU TÍO ES
PRESIDENTE DEL SENADO (ROLLAN DUEÑO DE **** EMPRESA REGADA DE FONDOS PUBLICOS) , P. HOMBRE DE PAJA DE LA VERDADERA MANO EN LA SOMBRA EL NUEVO NOMBRADO DIRECTOR GENERAL DE CEOE R., (VIVE DE FONDOS PUBLICOS) creo cobra lo indecible cercano a los 100.000 euros al año mas los fondos opacos que se manejan. CAMARA DE COMERCIO PRESIDENTE A.D. hijo de P.D. dueños de la G***** (REGADA DE FONDOS PUBLICOS) hombre en la sombra E. Ch. secretario general y intimo amigo personal de R. de Ceoe por supuesto Cobra cercano otros 80.000 y colocado en camara parejas y exparejas (TODOS VIVEN DE FONDOS PUBLICOS) y sus directivas ya de traca digo los que de verdad manejan no los hombres y mujeres de paja para sus trejemanejes F. SE PRESENTA NO SE LE QUIERE PERO LE HACEMOS UN NUEVO JUGUETE VILLARES IMPULSA
D. ***** (REGADA FONDOS PUBLICOS) PRESIDENTE DE CEOE-CEPYME LO ECHAN INCLUSO POR IMCUMPLIR PERO SE VA A LA COMPETENCIA QUE ODIABA A HOSTELERÍA E INTENTAMOS UNA UNIFICACIÓN (ES COMO SI EL PRESIDENTE DEL REAL MADRID ES CONSEJERO DEL BARSA )
QUE NO ESTAS PERO ERES AMIGO NO PASA NADA AL PASTEL SE TE HACE EMPRESARIO DE RECONOCIDO PRESTIGIO Y PLENARIO DE LA CAMARA ECT ECT
y asi se llega a esta situación en la cual se es gran empresario pero regado de fondos públicos donde unos cuantos señores 15 o 20 manejan y se chupan los recursos de todos con el beneplácito de sindicatos (REGADOS FONDOS PUBLICOS) los cuales sus dirigentes se quieren presentar a políticos y por supuesto sus amigos políticos donde desde las instituciones se dan esos fondos públicos con la mirada complice de la oposición.
En fin como el cuento erase una vez tres amigos que se hicieron técnicos y con sus compadres ,,,, SALAMANCA TIERRA DE ARTE Y SABIDURÍA
No te caracterizas, querido amigo, por tu prosa.
Este señor tiene toda la razón. Resulta vergonzoso el dineral que están cobrando muchos técnicos en asociaciones y confederaciones, cuando además ese dinero procede en gran medida de fondos públicos. Al final, se pierde el foco de lo que realmente importa.
Lo de la supuesta “unidad” no es más que una forma de ganar cuota de poder entre ellos, lejos de cualquier interés real por mejorar el tejido empresarial. Mientras tanto, el empresario de a pie está a lo que tiene que estar: trabajar, generar empleo y contribuir a que la ciudad prospere.
No es el empresariado: son cuatro que quieren mandar y una decena de técnicos que se lo llevan calentito. Mientras tanto, la mayoría de los empresarios está a lo suyo, sacando adelante sus negocios, creando empleo y sosteniendo la economía real.
Y todo este ruido, al final, le viene de fábula a ******* ********* ******* y al Partido Popular, que ven cómo estas divisiones internas desvían la atención de los problemas de fondo.
La unidad de las confederaciones empresariales en Salamanca es, en teoría, un gran propósito. Sin embargo, en la práctica, los técnicos han sido siempre quienes han concentrado el poder real. Se apoyan en tres o cuatro empresarios que disfrutan de la visibilidad, de salir en la foto y aparentar protagonismo.
Mientras tanto, el trabajador de a pie, el autónomo y el pequeño empresario quedan en un segundo plano. Estos no buscan protagonismo, sino que sus asociaciones les faciliten la vida, que les ayuden en su día a día, no que se la compliquen con estructuras opacas, dinámicas poco claras o intereses difíciles de entender.
La sensación que queda es la de un sistema cerrado, poco transparente, donde lo importante no siempre es apoyar al pequeño empresario, sino mantener ciertas posiciones de poder.
Este Sr. lo explica muy bien y sin entrar en acusaciones, entiendo que por tema demandas, pero ha pasado un poco de largo en el tema Cámara, que últimamente parece una mala copia al club de los 60 o First Day, todo son parejas, secretario y exnovia. Secretario y mujer, pareja de técnicos, dos amigos del secretario. Todo dinero público y como galante del empresario salmantino.
Como diría José Luis Moreno, Toma Medalla
Lo que está ocurriendo en torno a la Cámara de Comercio de Salamanca no puede entenderse como un simple ajuste estratégico. Lo que refleja, en el fondo, es una preocupante falta de transparencia y una tendencia hacia dinámicas de control poco abiertas en una institución que debería ser plural y representativa.
Hace apenas unos meses, CEPYME Salamanca defendía una postura firme, con intención clara de disputar el rumbo de la Cámara. Aquella posición parecía alineada con la necesidad de dar voz a un tejido empresarial amplio y diverso. Sin embargo, el giro hacia una candidatura única encabezada por AD resulta difícil de explicar sin un relato público sólido.
Lo más llamativo no es solo el cambio de postura, sino la rapidez y la falta de transparencia con la que se produce. Cuando una organización que aspiraba a liderar opta por alinearse sin un debate visible, surge una duda razonable: ¿se está actuando en beneficio del conjunto de los empresarios o en función de acuerdos cerrados en círculos reducidos?
El contexto, además, refuerza esa percepción. La llegada de AD tras la salida de BC ya apuntaba a una continuidad en el liderazgo. Ese tipo de relevos pueden ser legítimos, pero pierden credibilidad cuando no van acompañados de procesos abiertos y competitivos.
Si ahora se consolida una candidatura única en torno a esa misma figura, el riesgo es evidente: una Cámara sin contraste, sin alternativas reales y, por tanto, con menor capacidad de representar la diversidad empresarial de Salamanca.
Porque el problema no es el consenso, sino su origen. Cuando la unidad sustituye al debate y la candidatura única se impone sin explicaciones claras, la institución deja de parecer un espacio común para convertirse en un ámbito cada vez más cerrado.
Y entonces la pregunta es inevitable: ¿quién está tomando realmente las decisiones y con qué nivel de legitimidad frente al conjunto de los empresarios?
La labor de los sindicatos en la representación de los trabajadores es hoy un tema que daría mucho que hablar. Existe la percepción de que, en demasiadas ocasiones, se acercan en exceso a la patronal, buscando acuerdos y espacios de entendimiento que pueden diluir la defensa firme de los intereses laborales.
Se plantea incluso la idea de unir organizaciones para simplificar la negociación colectiva y evitar conflictos. Pero entonces cabe una pregunta legítima: si se defiende la unidad, ¿por qué no se unifican también los propios sindicatos? ¿Por qué debe haber varias organizaciones sindicales si lo que se busca es concentrar la interlocución?
Este planteamiento recuerda, para algunos, a modelos del pasado en los que la representación quedaba centralizada, reduciendo la pluralidad. La negociación del convenio de hostelería es, para muchos, un ejemplo claro de cómo estas dinámicas de concentración pueden influir en los resultados.
En definitiva, el debate no es menor: cómo garantizar una representación real, plural y eficaz de los trabajadores sin que se pierda independencia ni capacidad de defensa.
Esto ya parece un chiste, un auténtico circo con vasos comunicantes donde todo está más que conectado. El ex de la Cámara, ahora próximo pregonero, sigue moviendo hilos desde Comercio; mientras, los hosteleros de CES están más pendientes de cómo apartar a su presidente en las próximas elecciones que de otra cosa.
Por otro lado, el de autoescuelas juega a ser vicepresidente de esa supuesta patronal “fusionada”, aunque lo de someterse a unas elecciones no parece ir mucho con él. Y entre bambalinas, los de siempre: el “director del cotarro” por un lado, con más peso por sueldo que por gestión, y el otro gran técnico que acumula cargos y poder, actuando como guía en la sombra… hasta que deje de interesar y empiece el siguiente movimiento.
Al final, este es el verdadero tejemaneje de la llamada unidad empresarial: mucho reparto de sillones, muchas estrategias internas y poco de lo que realmente importa. No hay más