“¿Quién te dijo que vinieras a México? ¿Quién te aconsejó tan mal, Ayuso?”

David Toscana, escritor mexicano, presentó ‘El Ejército ciego’ en la librería salmantina Letras Corsarias
David Toscana presentó en Salamanca 'El ejército ciego'.

Tiene una conversación pausada y con un sutil acento mexicano. David Toscana vino a Salamanca a presentar El Ejército ciego a Letras Corsarias. Siendo de México y estando en Salamanca se habló de Hernán Cortés, de Francisco de Vitoria y por extensión de Isabel Ayuso y, en la charla, se mencionó a Pedro Sánchez. Aunque parezca lo contrario, los temas eran más sociales que políticos.

Siendo mexicano, no puedo resistirme a preguntar. Han tenido a Isabel Ayuso en su país y casi provoca un conflicto diplomático. ¿Pasó allí desapercibido el problema?
No, no pasó. Ni tampoco está desapercibido, porque ahora está allí Cayetana Álvarez de Toledo. En general, los mexicanos no tenemos problemas ni con España, ni con el Rey, ni, hasta hace poco, con Ayuso.

Ni con Álvarez de Toledo…
Ni con nadie. Teníamos esta maravillosa relación con España. En mi época, me enseñaron que éramos la fusión, nos volvimos una mezcla. Sin importar qué tanto por ciento de sangre indígena tuvieras o que todos tus antepasados vinieran de Europa. Cuando leemos la historia de la conquista, nos volvemos aztecas, ningún niño la lee diciendo: ‘¡Viva Hernán Cortés que le quemó los pies a Cuauhtémoc!’. En esa escena particularmente. Pero, comprendemos la historia y en lo que nos dejó. La llamamos la madre patria a España. Tenemos apellido, descendientes… Estamos encantados de todos los republicanos que llegaron en el 36’.

¿Qué paso?
Hasta que López Obrador azuza el avispero y hay gente que empezó a moverlo.

¿Por qué?
En parte, porque así se distraen y porque López Obrador se convirtió en una religión. Y lo que diga, es lo correcto.

¿Qué opinan los indígenas?
A la mayoría ni les enseñan historia, porque hay que echarle muchas ganas para que vayan a la escuela. De pronto, el no indígena o el mestizo, le empezó a decir al indígena lo que tenía que sentir: ‘Es que tú tienes que tener rabia por lo que pasó hace 500 años’. Y contestan: ‘Pues yo ya ni me acordaba. Por lo que tengo rabia es porque aquí vivimos en la pobreza…’. Pero, nos quitamos un poco la responsabilidad y se la pasamos a los españoles de hace 500 años.

El tema no estaba en las conversaciones cotidianas.
No era algo que tuviéramos en la cabeza, hasta que López Obrador lo mete y por supuesto, la mayoría de la gente no lo apoyaba. Pero, viene Ayuso a mover el avispero y entonces piensas: ‘Pero, ¿quién te dijo que vinieras? ¿Quién te aconsejó tan mal?’. Es que con todos los migrantes que hay en Madrid, nosotros –mexicanos- no somos la mayoría…

Pero qué más da México, que Perú, Colombia…
Es un movimiento político muy torpe. Nadie se lo explica. No ganaste nada y perdiste. Encima, en vez de decir que cometió un error, empezó a decir que la quería boicotear… Una bola de cosas que dices: ‘¡Eso no paso!’. Por si fuera poco, ahora está Cayetana Álvarez de Toledo diciendo cosas parecidas.

Estamos en Salamanca, tiene la posibilidad de hacerse una fotografía en la fachada de la Universidad y decir que Hernán Cortés estudió ahí.
Cuando López Obrador le mandó la carta al Rey, el que entonces era el agregado cultural de México en la embajada, un hombre sabio, dio una charla sobre Hernán Cortés y la última frase fue: ‘Hernán Cortes murió conquistado’. Era la forma perfecta de decir que tuvo su parte mexicana, sus amoríos, descendencia, su comida, su paraíso… ¡Hombre! Separar esto y exigir una disculpa, me parece tan infantil.

Sin salir del Casco Histórico, se da un paseo hasta el convento de los Dominicos y se hace una fotografía allí, porque fue donde los sabios de la Escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria a la cabeza, le dieron derechos a los indios. No todo lo que hicieron los españoles fue malo.
No, no lo fue. Pusieron universidades, hospitales… Ya lo dijimos, pero para rematar: Tú y yo somos hermanitos.
(Carcajada)

David Toscana presentó en Salamanca ‘El ejército ciego’.

¿Por qué cuando se tiene una desgracia unos sacan ‘petróleo’ de ella y otros se hunden?
Creo que en el momento inicial, todos se hunden. El día que me cortan la pierna, voy a estar maldiciendo y bastante triste. Pero, el día que estreno mi prótesis, puede que esté contento.

La misma persona puede tener los dos puntos de vista…
Pues… creo que de arranque, tienes la pena, la derrota, la frustración… pero, claro que te levantas de eso y aprendes. Alguien que tenga tendencia a la tristeza, quizá no se levanta de una pena, pero en un lugar y otro vemos gente que tira para adelante y la tradición en el ser humano es levantarse.

¿Cuánta astucia debe tener un gobernante?
Depende de la situación que vive y de los gobernados. En México hemos tenido gobernantes sin astucia en tiempos nobles y cuando los tiempos son más difíciles, si no son corruptos, al menos necesitan un poco más de astucia. En tiempos de guerra se necesita astucia; en tiempo de paz, un poco menos. No sé cuánto de astuto sea Pedro Sánchez… pero si lo fuese, la está perdiendo un poco.

¡No le pueden tocar más situaciones!
Tienes astucias para mover ciertas piezas, pero a veces el juego te sobrepasa. Y en vez de astuto, si te cambian de juego, te vuelves bastante malo. Le ocurrió a Michael Jordan que dejó el baloncesto por el béisbol.

Y volvió al baloncesto.
Sí. Yo soy escritor, pero si decido ponerme a cantar, ya no estoy en mi terreno. ¡Qué sé yo! Hay momentos, situaciones… y cuando la mente te da para eso, pareces astutos, y cuándo no, la misma persona, pero en situación distinta…

Es un necio.
Lo he pensado muchas veces. A veces uno se siente muy inteligente, porque ha leído mil libros, pero cuando me sueltan en el desierto, prefiero tener al lado a un hombre de campo. Toda la astucia es situacional.

Su libro El Ejército ciego transcurre en el siglo XI, 1014, justo cuando comienza el segundo milenio. ¿Cree que fue tan oscura esa época cómo nos la han vendido?
Me puse a leer mucho sobre el año 1000 y no fue oscura. Las crónicas hablan de que se construían iglesias, que por supuesto están hechas para que duren. La gente vivía su vida. Además, hay que tener en cuenta que no todos estaban viviendo en el año 1000.

Cierto.
Los búlgaros estaban en el 6522, que era el año que tenían buena parte de aquel lugar. La idea de contar a partir de Cristo, es por ahí del año 600 y muy poca gente la tomó. Poco a poco se empezó a considerar, pero no se trata de que estuviera Cristo naciendo y ahí con los Reyes Magos y dijeran: ‘Vamos a empezar a contar los días’. (Risas)

Sobre todo no tenían Google.
No, se empleaba el calendario Juliano, que además estaba muy desfasado. La conclusión de los medievalistas es que por ahí hay alguien que vaticinaba cosas terribles, pero que la gente no lo tomaba en cuenta.

David Toscana presentó en Salamanca ‘El ejército ciego’.

¿Cuántas veces se puede reescribir la Historia?
¿Cómo escritura o como metáfora de que se vuelve a repetir?

Me da lo mismo, juegue con las dos.
Hay cosas que aparentemente se repiten, pero nunca son iguales. Hay muchas guerras que se pierden por desgaste. Uno piensa que no se debería caer en esas trampas y se vuelve a caer. Ves una guerra y otra… Ves lo que hizo Afganistán con Rusia y los gringos que pensaron que no iban a cometer el mismo error, fueron y lo hicieron igual. Sin que se viva igual, la pregunta sería si uno aprende. Hay una frase muy común que dice que el que no conoce su historia está destinado a repetirla. Pero, eso sería en lo malo. A veces, hay que conocerla para repetir las cosas buenas.

¿Por qué cree que hay ahora tanta ‘devoción’ al cambio?
Si me preguntas en unas cosas soy progresista y en otras conservador. No creo que haya que desechar todo, hay que conservar mucho, como la arquitectura, con el lenguaje soy muy conservador y con más cosas y con otras, le doy la vuelta al progresismo. No creo que podemos estar divididos entre una cosa y otra.

¿Por qué no interesa el relato de los vencidos cuando nuestra vida –como producto cultural judeocristiana- tenemos como referente a un hombre humillado?
En el caso de la religión sí, pero es un vencido…

¡Qué resucita!
Sí, vuelve a los tres días. Entonces, me aguanto un poco el tormento. Ciertamente, hay mucha derrota y mucho triunfo. España también tiene sus triunfos de 1492, la Armada Invencible… Estas batallas de las que tanto se vanagloriaba el mismo Cervantes, que están en la conquista.

Han pasado más de 500 años de eso…
Sí, no se puede vivir de las glorias pasadas. Y, ahora que no estamos en época de las grandes aventuras… Bueno son campeones de fútbol y esas cosas. Pero, no son los heroísmos, ni las aventuras de antes. Es otro tipo de tiempo, de celebración, satisfacción… Ciertamente, no queremos jugárnosla como héroes. Hubo una época en que se iba a la Luna y el espíritu de aventura te mandaba en una pieza de chatarra hasta allí. Ahora, ya no se puede ir.

¡Por qué será!
Porque ya nadie se sube en esos… Ahora, todo tiene que estar tan perfecto. (Risas) Ya nadie se atreve a cruzar el mar con una carabela. Ahora llevas radios, localizadores, motores… un montón de aparatos. Si tú lees noticias de los años setenta, había tal cantidad de accidentes aéreos, que hoy la gente no se subiría. Hoy es una posibilidad entre millones. Somos más cobardones.

David Toscana presentó en Salamanca ‘El ejército ciego’.

En El Ejército ciego escribe que ‘En la taberna cualquiera es el más valiente’. ¿Se podía hacer una extrapolación en la actualidad a las redes sociales?
(Silencio) Lo pensaba en función de que cuando la gente no está en cierta situación, siempre sabe lo que hubiera hecho y qué era lo correcto. Si hubo un atentado terrorista, sin mencionar detalles específicos para no ser irrespetuoso, siempre hay personas que dicen lo que hubiera hecho.

A toro pasado, consejo acertado.
Lo ves muy claro conversando en una taberna, pero cuando te están apuntando con un rifle no es lo mismo. Por eso partía yo de esta idea. Una vez escuché a Pérez Reverte, hablando de unos terroristas que habían matado a gente, y el dijo: ‘Yo no me voy sin echarme a uno’. Pues… ¡No lo sé! Te tienen humillado, con un cañón en la sien… no es fácil decir que te vas valiente, cuando en muchas ocasiones jugar al pacífico es salvarte, es poder negociar algo.

En esas situaciones sí que somos conservadores.
En México lo veo mucho, hay muchos secuestros. La gente dice: ‘¡Es que yo… Antes de dejarme secuestrar, hubiera…!’. Y, uno se pregunta: ‘¿Por qué se dejan?’. Algo tiene que ocurrir y hay que comprender lo que pasa, para no jugar al valiente, cuando no te ha tocado.

¿Por qué el ser humano permite que se comentan aberraciones, incluso cuando uno forma parte de ellas?
(Silencio) Siempre me he preguntado por qué puedes estar de un lado y del otro. Veo policías antimotines que le están dando de garrotazos a tipos que están protestando. Si cuando ellos solicitaron el puesto de policía, no se lo hubieran dado y hubieran terminado como empleados de banco, no comprenderían cómo esos policías actúan así. Hay algunos experimentos que hablan de cómo la gente asume muy fácilmente un rol y cómo te cambia toda la perspectiva. Casi todos somos pacifistas, pero lo somos cuando hay paz.

Es más fácil.
Lo que imaginaba Lennon que todo el mundo está en armonía… ¡Qué bonito! Pero, resulta que no… ya te invadió alguien. Entonces, ¿qué haces? Ya no te vuelves pacifista, te vuelves patriota, valiente, guerrero… alguien que va a defender a tu familia y eres otra persona. Y otra vez… ya no es el tema de la astucia, si no de la actitud, de la valentía, pero… Mira, los rusos estaban muy contentos invadiendo Ucrania, porque en dos meses iban a ganar la guerra…

Se está alargando mucho.
Sí. Y, cuando les dijeron que iban a reclutar a jóvenes, agarraron los aviones y se fueron los que pudieron. Otra vez no es lo mismo ser patriota cuando el ejército está peleando, que cuando te dicen ahora te toca a ti.

¿Cuál sería la respuesta?
No la tengo. Las novelas tratan de este asunto; de cómo somos, de todas las contradicciones del ser humano… Me gusta la novela de guerra. Ves las novelas de la Primera Guerra Mundial, donde hay gente en las trincheras y unos lloran, otros son valientes, otros piensan en la mujer que dejaron en casa… Me parece un laboratorio interesante de la condición humana.

David Toscana presentó en Salamanca ‘El ejército ciego’.

Háblenos un poco de su humor negro como una de sus señas de identidad, dicen que conjuga el Lazarillo de Tormes con la Metamorfosis de Kafka.
Toda esta en la novela… el Siglo de Oro, la picaresca, Don Quijote… Soy muy enamorado de este mundo. Lo llaman la picaresca, pero el humor aunque no tengas el pícaro, es lo mismo. Es un humo que no siempre causa gracia a día de hoy.

Nos hemos vuelto con el humor, lo mismo que con las aventuras…
El humor ha cambiado mucho en este siglo. Hay cosas que te ríes en privado, pero no en público. Hay bromas que ya no haces. Hay cierto humor que está presente en los libros, que no necesariamente estaría presente en la vida real.

Por ejemplo.
Hablamos del Lazarillos… hacérselo pasar mal a un ciego. Si lo ves no te hace gracia, pero cuando lo lees, sí, porque la Literatura es esto, jugar con otro registro que no es el de la realidad dura. Te puedes reír de que a un hombre de 50 años lo tiren del caballo y lo apaleen o que a Sancho lo estén manteando. El humor negro tiene que ver con esto, de que te ríes o al menos sonríes, con algo que naturalmente no tiene gracia. Podemos imaginar escenas en la Literatura. Una, van llevando a un muerto en un ataúd y se desmonta y cae el finado.
(Risas)

Creo que si pasa en la vida real… también lo haces.
Sí, pero ahí con la viuda llorando… como que no.
(Carcajada)

¡Quién no se ha reído en un funeral!
Depende. Hay algunos funerales muy tristes. No es lo mismo que el muerto sea un adolescente, que lo sea el abuelo dicharachero que le llegó su hora. Los funerales tienen sus niveles de gracia.

Su obra se ha publicado en quince idiomas, entre los que se incluyen el árabe, francés, griego moderno, italiano, y serbio. ¿El fracaso, la muerte, el amor, la venganza, el duelo son inherentes al ser humano o depende del mapa vital que tengamos?
No se entiende igual por dos cosas. Primero, por la traducción, que ya lleva algo y cuando manejas humor todavía es más peligrosa. Los dos peligros los tienes siempre en el humor y en el erotismo.

Curioso.
Traducción, más humor, más diferencias culturales… no siempre es igual. Por ejemplo, esta novela – El Ejército ciego- me la entendieron bien en Bulgaria y ya se tradujo y publicó. Se entusiasman mucho sobre la novela. En cambio, escribí una sobre Polonia y los polacos no la quieren, porque dicen: ‘¿Qué está haciendo este mexicano y por qué mete humor negro en una tragedia nacional?’. No me comunico con ellos. Esa novela que no la quieren los polacos, en otras partes me la tratan muy bien. No cruzas las fronteras así como si fueras Schengen. Siempre hay alguna cuestión cultura que puede trabarse y tienes que caer en manos de un buen traductor.

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