Un cadáver de veinte mil años de antigüedad aparece en una cueva de Cantabria. Hasta ahí, nada extraordinario. El problema es que entre sus restos hay fibras de denim, una lentilla de contacto y un esqueleto que acumula fracturas que deberían haberlo matado varias veces. La conclusión que acaba imponiéndose es tan simple como imposible: alguien ya viajó en el tiempo, llegó al Pleistoceno y no logró volver. Con esa premisa de thriller de primera categoría arranca Tras las huellas del tiempo, la nueva novela del escritor salmantino Daniel H. Barreña.
Pero esto no es solo una novela de viajes en el tiempo. Es algo más ambicioso y, en su mejor momento, más emocionante: una aventura que se adentra en el pasado geológico de la península Ibérica con la misma tensión con que otros autores exploran junglas o ciudades en guerra. Las tres protagonistas -Sara, paleontóloga doctoral obsesionada con los fósiles del Eoceno ibérico; Ana, física que trabaja con gravitones en la sierra de Guadarrama; y Paula, profesora de francés sin aparente vocación aventurera- forman un trío creíble y bien construido que arrastra al lector desde un pub madrileño de viernes por la noche hasta el Jurásico, el Triásico y el Pérmico.
Barreña escribe con una energía contagiosa cuando maneja el diálogo y la acción, y sabe poblar sus escenarios prehistóricos con una precisión que no abruma sino que fascina. El Iberosuchus, un cocodrilo corredor del Eoceno español de cuatro metros de largo, se convierte en una de las criaturas más memorables de la novela y que vale como homenaje al profesor Emiliano Jiménez, uno de los grandes estudiosos de esta época geológica y uno de los referentes en tortugas fósiles del mundo; los episodios ambientados en las grandes extinciones en masa tienen una escala épica que pocas ficciones geológicas han sabido capturar. La ciencia no está aquí de adorno: está en el centro, explicada con rigor pero también con pasión genuina.
La novela tiene la generosidad -y a ratos la exigencia- de quien quiere que el lector salga sabiendo más de lo que entró. Casi setecientas páginas, una bibliografía académica extensa y notas a pie de página que remiten a investigaciones reales convierten el libro en algo difícil de clasificar: ni divulgación pura ni thriller al uso, sino un híbrido que apuesta por la inteligencia del lector sin pedirle un título universitario.
Para quien disfruta de la ciencia ficción con fundamento, de los relatos de aventuras con sustancia o simplemente de las historias que expanden el mundo en lugar de reducirlo, Tras las huellas del tiempo es una lectura estimulante y diferente. Barreña ha escrito la novela que quería escribir, sin concesiones fáciles, y eso, en el panorama actual, ya es una rareza que merece atención.















