Hace cinco siglos un grupo de eruditos coincidieron en Salamanca y cambiaron el mundo. ¿Somos conscientes de ello? ¿Qué hicieron? ¿Cómo lo lograron? ¿Qué herramientas emplearon? Mar Cebrián, profesora de Economía e Historia Económica de la Universidad, resuelve estas cuestiones y plantea otras en una larga entrevista donde se acercarán esos 500 años. Y… si a la charla hubiera que ponerle una canción sería Depende, de Jarabe de Palo.
Aclárenos. Escuela de Salamanca o Escuela Austriaca.
Escuela de Salamanca.
¿Parece que los austriacos se ‘vendieron’ mejor?
Pero, ¿por qué vas a unir Escuela de Salamanca con Escuela Austriaca?
Entonces… ¿Por qué existe esa especie de imprecisión entre una y otra para los que no somos economístas?
Es verdad que ha habido autores que lo han intentado… pero no tiene nada que ver. La Escuela Austriaca podemos englobarla en la economía moderna. La Escuela de Salamanca no lo es. Por eso no soy partidaria de definir a estos autores, los de la Escuela de Salamanca, como verdaderos economistas.
¿Se puede hablar de precursores?
Sí, pero no auténticos economistas.
¿Por qué?
Porque estos autores no separan la economía de la moral. Tampoco aplican reglas generales, como hacen los economistas. Los Austriacos, ya sí. Desde Adam Smith ya se puede hablar de la Economía en sentido de Ciencia Económica. Pero a partir de Adam Smith, siglo XVIII.
¿Adam Smith sería la bisagra?
La bisagra… si lo piensas como el padre fundador de la Economía como Ciencia. De ahí para adelante, todos son economistas.
¿Por qué se ha confundido?
Porque los austriacos son los grandes defensores del libre mercado y en contra de la intervención; son los defensores de que la demanda determina en el precio. Estas ideas de la Escuela Austriaca ya están presentes en los teóricos de la Escuela de Salamanca. Pero, de ahí a decir que Escuela Austriaca es Escuela de Salamanca o viceversa, no.
Si en el Derecho de Gentes se asienta el Derecho Internacional de ahora. ¿Fue la Escuela de Salamanca precursora de la teoría del valor subjetivo?
Los escolásticos no elaboran ese aparato teórico. Su objetivo principal sigue siendo determinar cuándo un intercambio es moralmente justo, no construir una teoría económica del valor. Para hablar propiamente de teoría subjetiva del valor se requieren elementos que los escolásticos no desarrollan como una teoría explícita de preferencias individuales; el concepto de utilidad marginal; una explicación sistemática de cómo las valoraciones individuales generan los precio o un modelo analítico del funcionamiento del mercado.
O sea, que no es teoría subjetiva.
No, no lo es, porque la teoría subjetiva es la marginalista y eso ya son economistas puros y aplican ya unas leyes exactas que valen para todo, unos conceptos que ellos no manejaban. Además, ellos siguen sin separar la economía de la moral.
¿Qué dicen de la propiedad privada?
Ellos son defensores de la Ley Natural.
¿En qué consiste?
Los primeros escolásticos decían que lo natural es que vengas al mundo con un pan debajo del brazo y con una casa… No. Ellos son católicos y beben de Aristóteles, de la Biblia y del Derecho Natural. Lo normal es que vengamos todos sin nada. Por lo tanto, la propiedad privada estaría mal. Pero, también dicen que hay que defender la propiedad privada, porque como decían ellos, valoramos más algo que es nuestro que cuando no lo es.
En la actualidad, ¿de qué estaríamos hablando?
Sería la tragedia de los comunes, el agotamiento de los recursos naturales. Tú vas al mar y parece que no pasa nada si tiras mierda, en tu casa no lo haces. Los de la Escuela de Salamanca defienden la propiedad privada en el sentido de que si algo es nuestro, lo cuidamos más y encima trabajamos más por mejorarlo. Incrementa la productividad y la riqueza.
¿Qué límites ponen?
Los escolásticos siempre van a tener un: depende. Como la canción de Jaraba de Palo.
¿De qué depende?
¿Es bueno ser dueño de algo? Sí, pero depende. Si tú eres dueño de algo por el mero hecho de acumular, de la avaricia, es anteponer la riqueza a Dios. Ahora bien, si tú eres dueño de algo, pero lo compartes con el bien común, entonces sí que defiende la propiedad privada.
¿Por ejemplo?
Si yo tengo tres palacios y los utilizo para alojar a los sin techo.
Y, ¿el libre mercado?
Lo defienden, pero con un depende. Siempre que no rompa el bien común, que lo respete.
¿En qué sentido?
Si te lucras con el mercado internacional, pero tus prácticas son ilícitas, engañando o defraudando, no lo defendería.
¿Proteccionismo sí o proteccionismo no?
Es un debate a lo largo de la Historia Económica. Los mercantilistas dirán que hay que proteger las economías.
¿Qué dicen los de la Escuela de Salamanca?
Son defensores del libre mercado, pero con límites, que se respete el bien común y la Justicia Conmutativa.

Esto se empieza a plantear con el descubrimiento de América…
Sí.
¿No se había formulado antes con la Ruta de la Seda?
Sí, Aristóteles o Santo Tomás de Aquino ya habían hablado del precio justo. Ya se habían debatido, pero no habían mirado la misma realidad, porque el mundo era completamente distinto. A partir de la llegada de los españoles a América todo cambia.
¿De qué modo?
Aumenta la población, el comercio internacional, las prácticas comerciales… empresas, prestamos. Empieza el crecimiento económico, los precios… algo que no se había vivido nunca antes. Esto es otro mundo.
¡En todos los sentidos!
Sí. Aristóteles y Santo Tomás de Aquino no lo habían vivido. Los de la Escuela de Salamanca empiezan a vivir una situación de auge, de crecimiento económico, de acumulación de dinero y beneficios, de prácticas mercantiles… Y, empiezan a preguntarse: ¿Es lícito?
¿Qué responden?
Aquí viene toda la importancia de la Escuela de Salamanca. Sí yo era un mercader, iba a confesarme y le preguntaba al confesor: ‘¿Es lícito que yo esté ganando dinero con estas prácticas?’ Todo estaba surgiendo en ese momento. Imaginemos la importancia de Sevilla con la Casa de Contratación; Castilla, que es una de las grandes zonas a nivel mundial en riqueza… Comienza a surgir nuevas prácticas y se plantean nuevos dilemas jurídicos, morales y legales. No saben qué hacer. Todo ello, dentro de la religión Cristiana.
¿Qué hacen los confesores?
Los confesores asesoran a los fieles y a los confesores los orientan los teóricos de la Escuela de Salamanca. Llegan a tener tanta importancia que hasta la monarquía, banqueros, gente de mucho peso les preguntan sobre si es lícito lucrarse, fijar un precio por encima del precio de mercado, cobrar un tipo de interés por prestar dinero…
Se empiezan a pedir préstamos para hacer viajes de ultramar…
¡Claro! Empresarios que necesitan dinero para embarcarse en esas travesías, pero también la monarquía española que pidió grandes sumas de dinero a banqueros como los Fugger. Todo esto empieza a plantear nuevos dilemas, porque empieza a haber una economía monetaria, comercial, nuevas empresas… que antes no habían conocido este volumen.
¿Cómo ven los teóricos de la Escuela de Salamanca pedir interés por prestar dinero?
Lo resuelven con un criterio de grandes mentes. Sin estos autores de la Escuela de Salamanca se hubiera paralizado el crecimiento.
¡Tanto!
Sí, porque lo que hacían es justificar lo que estaba sucediendo en la época, en tiempo real. Tomás de Mercado había vivido en México antes de ser sacerdote, conocía de primera mano las ferias de Castilla y el consulado de Sevilla. Vivió de cerca las prácticas. Los otros las conocían porque lo escuchaban de los confesores.

Hipotéticamente. ¿Qué hubiera pasado si estos estudiosos no hubieran existido?
Está mal visto lucrarse, pedir un tipo de interés por prestar dinero… Se hubiera paralizado el crecimiento. Lo que hicieron fue justificar lo que estaba ocurriendo en el punto de vista económico, la expansión comercial, crediticia y de los negocios. Hasta ese momento no se podía prestar dinero y pedir un tipo de interés por ello.
¿Cómo lo resolvieron?
Si yo te presto 20€, no te podía pedir mañana, dame 20€ más uno. ¿Cuál era el pensamiento hasta ese momento? Que el dinero desaparece con su uso. Si te presto 20€, el dueño de ese dinero ya no soy yo, eres tú. No puedo pedirte algo a cambio, porque ya no soy dueño. Lo único que puedo pedirte es que me lo devuelvas.
¿Qué hicieron?
Fueron muy listos. Imaginemos que yo tengo una casa y te la alquilo, es lícito cobrarte por ello, porque la casa no desaparece con su uso en condiciones normales. Pedir un tipo de interés por el dinero, era el pecado de usura. Pero, estos autores empiezan a ver qué está sucediendo y dicen que si hay circunstancias extrínsecas al préstamo, pueden justificar el tipo de interés.
¿Qué circunstancias son?
Hay tres causas. La primera, te embarcas en una travesía para cruzar el Atlántico y necesitas dinero. ¿Qué riesgos hay? que la embarcación se vaya a pique y no me devuelvas el dinero. Si existe este riesgo de que no me lo puedas devolver, está justificado que pida un tipo de interés por ese dinero por riesgo de impago.
La segunda suposición.
Puede que me lo devuelvas, pero yo te dije en cuatro meses y la travesía ha durado ocho. Por lo que ese daño que estoy sufriendo por no haberme devuelto el dinero en tiempo y forma, justifica que me tengas que pagar un tipo de interés.
Y la última.
El coste de oportunidad. Esto es un concepto modernísimo que se lo enseñamos ahora a los estudiantes. ¿Qué es lo que dejo yo de obtener por presarte a ti dinero? Imagínate que te presto el dinero y mañana me viene una persona con una idea de negocio y al no tener ese dinero, dejo de tener la oportunidad de invertir. Estas tres circunstancias, que son ajenas a lo que es el préstamo del dinero, justificaban el cobro de interés. Esto se daba en esta época. Fue importantísimo, porque gracias a esta justificación, que llega a banqueros, monarcas, empresarios… y, es un respiro para ellos, sin la pena de ir al infierno, para poder pedir un interés por el dinero. Esto hizo que creciera el comercio y las empresas.
¿Qué beneficios obtuvo la ciudadanía en cuanto a si el precio de mercado era moralmente legítimo por el solo hecho de surgir del acuerdo libre?
Muchos de los precios de los bienes necesarios estaban tasados por el concejo, el príncipe… La idea era proteger a los más necesitados y que no hubiera un abuso.
¿Qué plantean los autores de la Escuela de Salamanca?
¿Está bien que el precio del pan esté tasado? Ellos son defensores del libre mercado, pero…
Depende.
Eso es. Imagínate que hay una mala cosecha, por lo que hay una carestía de cereal y sube el precio del cereal y del pan. ¿Esto es justo? Luis de Molina dice que sí y Vitoria, que no. ¿Es libre que tú pagues el precio más alto? Sí, porque nadie te obliga a pagar 5€ por una barra de pan. Pero, ¿moral? No, porque no te queda más remedio que pagar ese precio, porque sino no comes pan. En estos casos, Vitoria diría que está bien que se establezca un precio fijado por ley y que sea lo más justo para ayudar a los que más lo necesitan.
¿Qué otros beneficio consiguió la sociedad?
Hay un precio tasado, sin que haya una situación de carestía, pero que ese precio no cubre la producción. ¿Qué ocurre? Que si eres un empresario y el precio tasado por ley te obliga a vender por debajo del coste de producción, lo que haces es cerrar. Eso reduce la oferta y con ello se encarece el precio. Esto estaba sucediendo.
Se empeora la situación…
Sí y hay un mercado negro y se vende por un precio superior. En este sentido, ayudó mucho a la ciudadanía. Solo se mantenía el precio tasado cuando había una carestía.

Usted comenta que el precio justo depende de la estimación común de los hombres, de la valoración que compradores y vendedores hacen del bien en el intercambio. ¿Qué sucede si esta estimación es irracional?
La estimación puede variar en cada momento. Por ejemplo. El botón charro lo valoramos mucho en Salamanca, pero nada en Ávila. La estimación común, lo que estimamos la mayoría de los salmantinos, es que apreciamos mucho el botón charro y lo pagamos. El precio varía dependiendo de las circunstancias y el momento. Imagina que tú pagas por un artículo de lujo una burrada. ¿Es irracional? Sí, pero ellos justifican que se pague, porque tú puedes pagar por ese artículo de lujo lo que creas. Otra cosa es en los bienes necesarios.
Sobre el beneficio y la libertad económica. ¿Tiene límites morales el beneficio?
Sí los tienes. No es malo lucrarse, pero depende.
Es la palabra más repetida en la entrevista…
(Risas) No es malo el beneficio, pero si lo haces con el engaño, es malo. Por ejemplo. Compras un caballo y pagas 200 reales, que es el precio de mercado, pero te vendo un caballo que sé que está enfermo, te oculto información. Los autores de la Escuela de Salamanca condenan que obtengas beneficios mediante coerción, fraude, engaño o poder de monopolio.
Pero legalmente no está condenado.
No. Un legalista diría: Todo precio establecido por ley es legal. Los de la Escuela de Salamanca dirían, es legal, pero no es justo. Esto va calando en la sociedad. Las prácticas se hacían y había engaño. Pero, si se iban a confesar y les decían que si tenían estas prácticas, iban al infierno, se lo pensaban. Era una sociedad católica y tenía mucho peso la religión. Eran asesores muy prestigiosos.
¿Cree que la Salamanca de la calle es consciente de la importancia de estos señores?
No, en absoluto. No ya de la Escuela de Salamanca, es que no creo que sepan porque un colegio en Salamanca se llama Francisco de Vitoria.
¿Qué les debemos a estos eruditos?
En la situación en la que estamos, les debemos el tratar de vincular lo económico con lo moral, porque estamos en una sociedad en la que el egoísmo se está anteponiendo al bien común. ¿Es legal? Sí, pero se rompe la justicia conmutativa. No tener un egoísmo particular, sino mirar un poco más allá de nosotros mismos y tener en cuenta si con nuestras actuaciones estamos haciendo algo bueno.
¿Qué nos dirían?
Que actuemos siempre en concordancia con el bien común. Si hay algo que es un recurso que es un bien común, no sobreexplotarlo, cuidemos lo que es de todos. Esto va muy bien con todo lo relacionado con la economía ecológica, ambiental, cambio climático… Todo lo relacionado con las cláusulas abusivas. Esto ha sucedido, el prestar abusando de la ignorancia de la persona que pide el préstamo y tipos de interés que a medida que pasa el tiempo va aumentando.
Si los clásicos que escribieron Lope de Vega o Cervantes tienen vigencia hoy en día, a los de la Escuela de Salamanca, le ocurre lo mismo.
¡Claro! Movimientos como el comercio justo o el consumo responsable parten de la idea de que no todo precio de mercado es moralmente aceptable. Esta preocupación recuerda directamente al problema escolástico de cuándo un intercambio respeta la equivalencia moral entre las prestaciones.
Por ejemplo.
La banca ética y muchas iniciativas de microfinanzas incorporan criterios sobre la legitimidad del beneficio y el impacto social del crédito. De algún modo reabren preguntas muy cercanas a las discusiones escolásticas sobre usura, lucro y justicia en las transacciones financieras. O, la responsabilidad social corporativa introduce criterios extraeconómicos para evaluar la actividad económica: impacto ambiental, condiciones laborales. Esto recuerda la idea escolástica de que la actividad económica no puede juzgarse solo por su resultado económico, sino también por su legitimidad moral.
















