Foto: Ical / Archivo
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La educación requiere ganas, saber y paciencia, no se contradigan los que están en ello y mucha convicción. Conseguir que hijos y nietos nos escuchen y tengan en cuenta no es cuestión de hablar alto ni dar órdenes, requiere confianza, respeto y comprensión. A tener en cuenta es que a usar la gramática se aprende, a obedecer, nunca. Toca, pues, elevarles la autoestima, ponerlos en valor y no ningunearlos.

Del resultado vamos a estar más contentos nosotros que ellos. Bueno es que tengan autonomía para que sean responsables, conocimientos para que sean independientes y no marcarles comportamientos que los hagan subsidiarios. La libertad nunca es dada, se gana. El tiempo de imposiciones, acatamientos y docilidades concluyó. Lo que ahora vale es, sobre todo, la libertad, la verdad y la coherencia. Se hace uso de las propias opiniones y se tiene por autoridad a quien lo merece.

La educación es, además del proceso por el que se transmiten los conocimientos y valores de la sociedad, un derecho impulsor del conocimiento e instrumento para reducir las desigualdades. Herramienta poderosa que genera certidumbre para cambiar lo que haya de cambiarse, aliciente para la prosperidad y salvaguarda de la libertad. Para mejor provecho de la educación, a tener presente el proverbio chino: “No le des un pez, enséñale a pescar”. Y, ya saben, la educación está para resolver problemas no para memorizarlos.

Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor


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Manuel Rodríguez Barba

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