Opinión

¿Nazismo en Israel?

El Muro de las Lamentaciones en Jerusalén.

¡Que perversos son a veces los giros de la historia! ¿Cómo es posible que el régimen más antisemita de la historia nos venga a la memoria a la vista del sionismo radical que gobierna hoy Israel? Pues sin duda ambos muestran rasgos similares en más de un aspecto clave. Decía Primo de Rivera que la Falange Española no era un movimiento fascista, pero que compartía con el régimen de Mussolini, del que recibía estipendios, «alguna coincidencia en puntos esenciales». Algo así ocurre en este caso.

Veamos algunos de esos puntos esenciales que hermanan al sionismo radical y al nazismo. Es el caso del concepto de ‘espacio vital’, ligado al expansionismo militar del III Reich en países circundantes, buscando una ‘Gran Alemania’ dominante en el centro y Este de Europa.  Análogamente, los sionistas aspiran al ‘Gran Israel’ que incluye no solo Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano, sino todos los territorios prometidos por Yavéh a Abraham en el Génesis (15), desde el Nilo al Eúfrates logrando así la hegemonía en todo el Próximo Oriente.

Este expansionismo imperialista tiene que ver con otro aspecto común al nazismo y al sionismo: su racismo, su desprecio y odio hacia grupos étnicos o culturales diferentes y su querencia de un ‘Nuevo Orden’ internacional bajo la supremacía de razas ‘elegidas’. Hitler despreciaba a los eslavos y odiaba a los judíos, por lo que su política racial fue desde la discriminación política y social hasta la ‘Solución final’ o exterminio. Netanyahu y sus aliados extremistas van por ese camino. El acoso y expropiación territorial de los palestinos en Cisjordania, los desplazamientos masivos de la población y el despiadado bombardeo de zonas urbanas cabrían bien en el repertorio de prácticas nazis. Y ¿qué es Gaza, sino el mayor campo de concentración del mundo?

A estas alturas, el saldo de la ‘guerra’ arroja más de 73.000 víctimas mortales, mayoritariamente civiles palestinos. Entre ellas hay 1.600 sanitarios, 390 agentes de NN.UU. al servicio de los refugiados y 259 periodistas. En ambos casos cabe hablar, pues, de crímenes de guerra y de genocidio. Pero, para mayor escarnio, es comparable también la pasividad de las potencias occidentales en uno y otro caso. ¿Hasta cuándo va a durar este nuevo ‘apaciguamiento’?, ¿habrá que esperar, como en los años 30, a que estalle un conflicto aún mayor en la zona para que intervengan las potencias europeas y paren los pies a Netanyahu?, ¿por qué en Ucrania sí y en Palestina no?

Se invoca también en ambos casos a un dios para justificar la prepotencia y la guerra.  Hitler declaró: «la Providencia nos conduce, actuamos conforme a la voluntad del Todopoderoso» y presentó la guerra como una «defensa de la civilización occidental cristiana» (como por cierto hizo aquí el ‘Movimiento’ durante la Guerra civil, lo mismo que los obispos y, ay, la Universidad de Salamanca). Luego vendría la culminación de la historia universal con el ‘Reich de los 1.000 años’.

Los judíos ortodoxos se atienen a la promesa de Yavéh a Abrham y esperan además la llegada del Mesías. Según Ben-Gurión, padre fundador de Israel, el retorno del pueblo judío a ‘su país’ era el comienzo de la era mesiánica, que acabará cuando todas las naciones vivan mirando hacia el sagrado monte Sión. Los sionistas cristianos de EE.UU., poderoso lobby protector del Israel genocida, comparten esa visión, aunque hablan más bien de la inminente ‘Segunda Venida’ de Jesucristo, primer acto del drama que acabará en el Apocalipsis. (Ya en este plan, añadimos, ¿no podría ser visto Trump como la encarnación del Anticristo?). Todo esto, si no es para echarse a reír, resulta un poco escalofriante, teniendo en cuenta la deriva creciente de episodios bélicos y atrocidades, la presencia de armas atómicas en Israel y la posibilidad de que las tengan sus adversarios (no solo Irán). Si el Próximo Oriente fue la cuna de la civilización occidental podría ocurrir que fuera también su tumba. Ahí estamos. Si normalmente la esperanza es anhelar que se cumplan nuestros mejores deseos, en estos tiempos debemos contentarnos con que no se realicen nuestros peores temores

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