Más allá de la chusca anécdota protagonizada por dos procuradores de Vox en pugna por un escaño supuestamente preferente, poca cosa reseñable dejó el pleno de las Cortes que ha investido de nuevo presidente de la Junta a Alfonso “Fonsi” Fernández Mañueco, una sesión convertida casi en un mero trámite una vez que el acuerdo previo suscrito entre PP y Vox -a partir de ahora “el pacto del corta y pega”- despejaba cualquier duda en materia programática.
El candidato Mañueco se esforzó en querernos hacer creer que el principio de “prioridad nacional” no comporta discriminación de ningún tipo, pero resulta muy difícil ocultar el tinte xenófobo que envuelve el conjunto de medidas englobadas bajo ese marchamo. A “Fonsi” le sentó fatal que, en su debut en estas lides, el socialista Carlos Martínez sacara a colación el célebre “burruño” en que el presidente convirtió las reivindicaciones esbozadas por Vox para negociar los Presupuestos de la Comunidad para 2025. De “cena fría”, calificó el portavoz socialista lo que ha tenido que tragarse Mañueco para volver a ser investido presidente.
Con el paso del tiempo, lo cierto y verdad es que el “burruño” ha pasado a ser un inocente sapo al lado del “phyllobates terribillis” (el batracio más venenoso del mundo) que suponen las medidas asociadas a la “prioridad nacional”. Y Mañueco, al que desde el siglo pasado no se le conoce otra ocupación laboral que el ejercicio remunerado de la política, está muy acostumbrado a desayunarse sapos. La famosa frase de Groucho sobre los “principios” figura en su frontispicio político, como ya demostró en su anterior pacto con Vox, de cuyos postulados renegó 24 horas después de que los de Abascal dieran por roto el acuerdo de gobierno firmado en 2022.
Obsérvese, a modo de ejemplo, el devenir del antediluviano Proyecto de Ley de Concordia, que el PP -a través del consejero y eminente jurista “Luismi” González Gago y del entonces portavoz parlamentario a la fuga, Raúl De la Hoz, abrazó sin la menor objeción- para meterlo en un cajón tan pronto como García Gallardo y demás compañeros mártires desalojaron sus despachos en la Junta. Pero arrieritos somos. Y ahora Mañueco y los suyos van a tener que tragarse semejante bodrio, concebido por la ultraderecha patria para blanquear la dictadura franquista.
En fin, cumplido el trámite de la investidura y tras haber tomado esta mañana posesión, Mañueco dará a conocer en cuestión de horas, posiblemente este viernes, la composición de su nuevo Gobierno, integrado por otros ocho miembros del PP y tres de Vox.
A la vista de los desconcertantes ajustes introducidos en el organigrama de competencias para poder cuadrar (en algún caso a martillazos) el pacto con Vox, hay varias consejerías que no tienen un titular claro. Como siempre, hay que atender los dos factores que siempre ha observado el PP a la hora de conformar el gobierno de la comunidad: el reparto territorial y la cuota femenina. Y a lo anterior yo añadiría además el comodín del Senado y los posibles relevos en el Consejo Consultivo y el Consejo de Cuentas, instituciones que, al igual que el Procurador del Común y el Consejo Económico y Social, no admiten ya más demora en su renovación.
Contemplado todo ese puzzle, la incógnita más importante a despejar es el destino del hasta ahora consejero contra el Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, quien no parece que vaya a ocupar el escaño de senador autonómico al que parecía destinado tras su achicharramiento político durante la anterior legislatura. Dos son las consejerías en las que podría recalar: Presidencia e Industria. Si tuviera que apostar, descartaría la primera, sin apenas presupuesto, y me inclinaría sin lugar a dudas por la segunda. “Rey Sol”, otrora “Pañuelitos”, es más de manejar presupuesto.
Como ya apunté en anterior “trastienda”, la gran damnificada por el pacto con Vox es la hasta ahora vicepresidenta única y consejera de Familia, Isabel Blanco, quien, además de ver completamente desmembrada la que hasta ahora ha sido su Consejería, queda relegada a una vicepresidencia segunda. La consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, en su momento una gran apuesta de Juan Vicente Herrera con Rosa Valdeón como primera titular, ha sido sacrificada por Mañueco sin ningún miramiento. Y Blanco se despide de ella con mucha más pena que gloria, dejando por completo empantanada la aplicación de la Ley de Residencias que supuestamente iba a resolver las graves carencias, sobre todo de personal, que se evidenciaron con ocasión de la pandemia. Un fracaso sin paliativos.
Una vez que Mañueco desplazó a las Cortes a las anteriores consejeras de Industria y Educación, Leticia García y Rocío Lucas, el PP está obligado a incorporar como mínimo dos nuevas mujeres (o tres, si no reacomoda a la de Agricultura, María González Corral) para cumplir mínimamente la cuota, máxime cuando Vox no aportará mujer alguna al nuevo gobierno.
En este punto lo más probable es que la procuradora vallisoletana María Pardo, directora general de Vivienda bajo las órdenes de Suárez-Quiñones, se haga cargo de la consejería de Medio Ambiente. Y otra posible incorporación sería la de la procuradora abulense Cristina Sanchidrián, que encaja además en el factor territorial, ya que el PP de Ávila carece por completo de representación en el alto "staff" de las instituciones autonómicas. A mayor abundamiento, Sanchidrián es jefa de servicio de la consejería de Movilidad, cuyo hasta ahora titular, José Luis Sanz Merino, ahuecará el ala de la Junta para ocupar un puesto de portavoz adjunto (alrededor 100.000 euracos de vellón) en el grupo popular de las Cortes.
No está claro quién se hará cargo de la Consejería de Educación, de la que amputa la competencia en Universidades, que pasa a la de Industria. Así las cosas, los dos únicos consejeros que con toda seguridad repetirán serán Carlos Fernández Carriedo (no en vano ese-eterno-chico-bien-mandado-que vale-igual-para-un-roto-que- para-un-descosido) y Alejandro Vázquez, este ultimo reforzado al desplazarse a Sanidad competencias en materia de Bienestar Social procedentes de la extinta (q.e.p.d.) consejería de Familia.
En lo que se refiera a Vox, están claros dos de sus tres elegidos: Carlos Pollán, vicepresidente primero y consejero de Desregulación, Familia y Ayudas Sociales, y Alberto Díaz Pico, consejero de Cultura. Para hacerse con Agricultura andan en liza el veterano Pedro Medina, director general de la PAC en el anterior gobierno PP-Vox, y Joaquín Antonio Pino, presidente de Asaja en Ávila. Al igual que el presidente del mismo sindicato en Valladolid, “Moncho” Alonso García, Pino es un activo militante del partido de Abascal.
P.D.- Vengo observando, y me llama la lógica atención, el hecho de que los medios impresos más afines al PP y a la Junta de Castilla y León nunca utilizan los términos "ultraderecha" o "extrema derecha" cuando se refieren a Vox, ya sea en sus editoriales como en los análisis de sus principales articulistas. Ignoro si ese deliberado intento de blanquear al partido ultra obedece a una decisión propia de estas abnegadas cabeceras periodísticas o responde a una consigna emitida desde el Colegio de la Asunción. Aquí lo dejo.