Democracia hay, pero va en aumento el hartazgo por quienes debieran ser su ejemplo y sostén. Causa fatiga su inoperancia, indigestan sus disputas y propician desilusión. Les sobra talento para destripar políticamente al adversario y les falta sentido de Estado para trabajar por el país que alardean defender y mejorar. O se corrigen de sus obcecaciones y enconos o irán a menos las ganas de participar en lo que tanto ha costado lograr.

Ya ven, a todos se les llena la boca con palabras como libertad, justicia y dignidad, pero lo que está a la vista es que los que gobiernan quieren más poder y los que están fuera arrebatárselo para ejercerlo ellos. Les digo que lo que hay son espadas de doble filo desbastando por la derecha y la izquierda. Y, para colmo, vivimos tiempos de desinformación aguda, se celebran discursos sin sustancia y se fomentan los enfrentamientos.

La impresión es que cada uno va a lo suyo y, sin reparar en medios, aun no teniendo fundamento y razón, pretenden imponerse, aplastar al competidor y que triunfe la desfachatez política. Escasean entre quienes ejercen la autoridad los que destaquen por su buena educación, muestren eficacia en el trabajo y defiendan con ahínco la libertad y la justicia. Aguantar y paciencia hay que tener, pero merecer tanta inutilidad no. ¡Basta ya!

Por lo demás, ya saben: recientemente el papa León XIV, en el Congreso de los Diputados, ha hecho un llamamiento a acabar con la polarización y los insultos. Le han aplaudido, pero escuchado no. Siguen la confrontación, la abominación personal y los malos modos.

Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor

Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)

Sobre el autor

Manuel Rodríguez Barba

Manuel Rodríguez Barba

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