Lydia Rodríguez, vocalista de Presuntos Implicados, deja el grupo dando un portazo. La cantante expone a lo largo de una larga carta sus razones y son desgarradoras en algunos pasajes.
Lydia Rodríguez comparte con sus seguidores que tiene una mezcla de sentimientos, pero con la absoluta certeza de que es el momento de cerrar una etapa.
Expresa que quiere empezar por lo más importante: gracias. “Gracias de corazón por vuestro amor incondicional, por cada aplauso y por arroparme desde el primer día. Si hoy me pusieran en la tesitura de elegir si volvería a recorrer este camino, elegiría que sí mil veces, pero única y exclusivamente por vosotros, los fans”, puntualiza.
Sin embargo, el viaje detrás de los escenarios fue muy distinto a lo que se veía bajo los focos. “Durante mucho tiempo me hicieron sentir completamente excluida; en el grupo yo no tenía voz ni voto. A esto se sumó una presión estética constante que terminó por desgastarme psicológicamente”, matiza.
Asegura que la hicieron sentir mal de forma sistemática “con mi peso, mi ropa, mi maquillaje y mi pelo, como si mi valía como artista dependiera de encajar en unos cánones absurdos”.
“El control sobre mí llegó a ser tan extremo que no tenía libertad de expresión en lo absoluto, ni siquiera para hablar de lo que yo quisiera en mis redes sociales personales, arrebatándome la libertad de ser quien realmente soy”, matiza
No obstante, lo más doloroso de todo esto fue la absoluta falta de compañerismo. “Ellos fueron cómplices de los maltratos que sufrí y jamás me defendieron. Soporté situaciones intolerables alimentadas por el ego exagerado de los otros componentes; unos egos que no solo me dañaron a mí, sino que fueron el verdadero impedimento para el desarrollo y el crecimiento del propio grupo”, comparte.
Está convencida que nunca olvidará el día en que un manager de la banda me soltó una frase que me marcó: “Cuando subas al escenario todos te tienen que querer follar. Cosas que hoy en día, afortunadamente, son intolerables y denunciables, y por las cuales aún no he recibido ni una sola disculpa”, añade.
Hoy, con la perspectiva del tiempo y habiendo vivido todo esto en su propia piel, es cuando entiende perfectamente a Sole Giménez y los motivos que la llevaron a marchase en su día.
Por si fuera poco, a nivel profesional la situación era insostenible: no le permitían trabajar en otras cosas fuera de la banda, incluso cuando el grupo no generaba dinero y económicamente las cosas eran difíciles. “Sumando a que hace años que no se hace nada en el grupo, no tiene ningún sentido seguir estancada en un lugar donde no hay proyectos, no hay evolución, no te dejan avanzar y, sobre todo, no hay respeto humano ni profesional”, relata.
Por todo ello, asegura que se va con la cabeza alta y muy ilusionada por el futuro.
“Quiero que sepáis que esto no es un punto y final para mí, ya me estoy preparando para lanzar nueva música, un proyecto propio donde mi voz -en todos los sentido- sí sea escuchada y donde podré reencontrarme con todos vosotros desde la libertad, la dignidad y el respeto”, concluye y da las gracias por estar siempre ahí y lo mejor está por venir.