La ciudad del silbato, el bocata de jamón y la Rúa arriba y abajo

¿El número de turistas y visitantes repercute en la economía real de Salamanca?

Lo turistas buscaban la sombra este sábado en Salamanca. Pablo de la Peña. (ArchivoI
Lo turistas buscaban la sombra este sábado en Salamanca. Pablo de la Peña. (ArchivoI

Un grupo de turistas avanzaba siguiendo a su guía, que los dirigía a golpe de silbato. Más que una visita cultural, aquello parece por momentos una prueba deportiva o un partido de fútbol.

Cada toque de silbato resonaba en la Plaza Mayor y atraía la atención de quienes paseaban por allí y de las personas que se encontraban en las terrazas cercanas. A pocos metros, otro grupo animaba el ambiente y uno de sus integrantes iba disfrazado de Pedro Picapiedra. Una escena curiosa y llamativa que, unida al trasiego habitual del centro, llevó a preguntarse qué imagen ofrece Salamanca y, sobre todo, qué tipo de turismo está fomentando.

Los salmantinos de toda la vida, los que conocen la ciudad al dedillo, continúan caminando a su puesto de trabajo, a tomarse un tentempié o lo que surja. Poco después, se fijan en algo que contrastaba con la sensación de bullicio que aparentemente transmitía el centro de la ciudad: la mayoría de las terrazas estaban vacías o con muy poca ocupación. Mucha gente caminando por las calles, sí, pero pocas personas sentadas consumiendo. Una imagen que invita a reflexionar sobre el verdadero impacto económico de ese turismo que tanto se promociona.

La escena hace pensar en las campañas turísticas impulsadas por el Ayuntamiento. Anuncios, vídeos promocionales, presencia en ferias, acciones de marketing y recursos públicos destinados a atraer visitantes. Todo ello se presenta como una apuesta por el desarrollo económico de Salamanca. Pero la pregunta es inevitable: ¿qué turismo estamos consiguiendo atraer?

Porque, observando lo que ocurre muchos días en el centro histórico, los charros tienen la sensación de que se ha consolidado un turismo de paso. Llegar a Salamanca, recorrer la Plaza Mayor, subir la Rúa, bajar la Rúa, buscar la rana, hacer unas fotografías, escuchar unas explicaciones rápidas, comer un bocata de jamón o sacar algo de la mochila y continuar viaje. Un turismo que gasta más zapatillas que euros.

Naturalmente, todos los visitantes son bienvenidos. Salamanca debe seguir siendo una ciudad abierta, hospitalaria y orgullosa de mostrar su patrimonio. El problema no son los turistas. La cuestión es si el éxito debe medirse únicamente por el número de personas que pasan por nuestras calles o por el beneficio real que dejan en la ciudad.

Salamanca posee un patrimonio excepcional, una Universidad histórica reconocida en todo el mundo, catedrales impresionantes, museos, cultura, gastronomía y una identidad propia que merece algo más que una visita acelerada de unas pocas horas. Sin embargo, da la impresión de que muchas veces es solo una parada obligatoria en una excursión exprés.

Quizá haya llegado el momento de replantear algunas prioridades. Tal vez las campañas de promoción deberían orientarse menos a aumentar cifras y más a atraer visitantes que permanezcan más tiempo, que disfruten de la gastronomía local, que visiten museos y espacios culturales, que compren en el comercio de proximidad y que contribuyan realmente a la economía salmantina.

Porque una ciudad no vive de las fotografías que se hacen sus visitantes ni de los grupos que recorren sus calles siguiendo un silbato. Vive de la actividad económica que generan, del valor que aportan y del vínculo que establecen con el lugar que visitan.

“Mientras observaba aquella escena en el Corrillo, con el silbato sonando cada pocos segundos y los grupos recorriendo el centro histórico, no pude evitar pensar que quizá estamos confundiendo éxito turístico con simple acumulación de personas. Tal vez el verdadero éxito no sea contar cuántos suben la Rúa y cuántos la bajan, sino conseguir que quienes llegan a Salamanca descubran una ciudad extraordinaria, quieran quedarse más tiempo y contribuyan a que siga siendo una ciudad viva”, puntualiza Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca.

Salamanca está a punto de convertirse en la ciudad del silbato, el bocata y la Rúa arriba y abajo.

 

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Lira Félix Baz

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