No es fácil vivir en concordia, orden y tranquilidad. Cuesta permanecer sin mostrar disgusto ante las tensiones que produce una ciudad ruidosa, vecinos escandalosos y conciudadanos dados al griterío. Sorprende que se haya casi normalizado el alboroto, no respetar al vecino e increpar al que se queja del ruido. Difíciles de resolver son los problemas que causa la mala educación y que vayan a más los incapaces de aceptar una crítica.
La mayoría trabajamos, paseamos, vamos de compras y tomamos café rodeados de agitación, bullicio y ruido, por lo que no extraña que aspiremos a lugares tranquilos, nos hablen con pausa y vivir en calma. Un día de estos hemos de reunirnos en son de paz para pedir a la autoridad que la ciudad, además de segura, esté bien señalizada, abunden los espacios públicos, zonas verdes y se llame al orden a quienes provocan ruidos.
Toca sacudirse con serenidad y paciencia de situaciones tan desagradables, molestias y enfados que nos ponen a prueba. A todos nos incumbe hacer de la ciudad un lugar amable, limpio y grato en que vivir satisfechos y saludables, también requerir a nuestros representantes municipales que escuche a sus habitantes, llenen de verde plazas y calles, cuiden los barrios y habiliten lugares de encuentro. Esto tiene arreglo, porque no hay problema que no podamos resolver juntos y nunca es demasiado tarde para hacer lo que se quiere.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
Aliseda, una puta coja (2018)
Lluvia de cenizas (2021)
Puesto a recobrar el aliento (2023)
Sombras en el jardín (2024)