Vicente del Bosque habla de Garrido desde el corazón y para el 'corazón'

El ex seleccionador de fútbol recuerda en una entrevista en la revista Lecturas cómo eran sus veranos en el populoso barrio salmantino

Vicente del Bosque
Vicente del Bosque

Vicente del Bosque lleva a gala ser salmantino y ha compartido con los lectores de la revista del corazón Lecturas cómo eran sus veranos de niño en el barrio más populoso de la capital: Garrido. 

El ex seleccionador de futbol recuerda una infancia de calle, “sin grandes lujos”, con la leche de polvo y el queso que repartían en la escuela. “No teníamos veraneos, nuestro veraneo era la calle, tomando el fresco”, relató para Lecturas. 

Los vecinos se conocían y las calles eran como la de los pueblos, por lo que sacaban las sillas a la puerta y se podían ver escenas similares a las que se viven hoy día en localidades pequeñas de Salamanca, donde los mayores hablan y los niño, porque en verano sí que hay, juegan alrededor. Se hablaba de ciclismo, de toros y de fútbol, pero no de política. “De política no se podía hablar”, afirmó Del Bosque, que pasó la infancia en plena dictadura de Franco. 

El ex seleccionador también habló de la influencia de sus padres en la entrevista de Lecturas. “No éramos tan independientes como los chicos de ahora”, señaló.

Su padre, explicó, “no se podía permitir lujos”. En casa había comida, ropa y lo imprescindible, pero poco más. Las dificultades económicas no se comentaban delante de los niños y, cuando los adultos tenían que hablar de dinero, los apartaban.

Del Bosque describió a su padre como un hombre progresista que había estado en la cárcel durante la guerra. También recordó que, cuando él tenía entre 10 y 12 años, en su casa se vivían momentos de tensión cuando llegaba propaganda política al buzón. Su padre intentaba ocultarla y escuchaba radios clandestinas en voz baja. “Supongo que yo soy la consecuencia de mi infancia”, puntualizó. 

Su madre procedía de Ledesma. Empezó trabajando en casa de una tía rica y allí se cruzaron los caminos de sus padres. Más tarde, su padre atravesó una etapa especialmente dura cuando se quedó en el paro.

La escuela ocupa un lugar destacado en sus recuerdos. De hecho, él estudio Magisterio. Vicente del Bosque compartió con los lectores de Lecturas que guarda una imagen muy nítida de los cuatro maestros que tuvo entre los seis y los diez años: don Ramón, don Ángel, don Celedonio y don Juan.

Fuera del aula, su mundo era la calle. “Yo estaba todo el día jugando en la calle; era inagotable”, explicó. 

No obstante era buen estudiante y sus padres le regalaron una bicicleta por aprobar segundo de bachillerato. Tenía 12 años y recuerda lo que pagaron sus padres por ella: 1.735 pesetas, una cantidad muy alta para la época.

En la entrevista recordó a su hermano Fermín y que juntos iban al instituto, que estaba al otro lado de la ciudad. 

El fútbol apareció pronto, aunque Del Bosque no tenía claro desde niño que su futuro fuera a estar ligado a ese deporte. Contó que, cuando llegó a Madrid con 17 años, lo hizo “a la aventura” y sin saber si realmente iba a convertirse en futbolista.

Aquel viaje marcó el final de su infancia. Del Bosque se dijo que, si lo hacía bien, tendría fortuna. También admitió que su carácter obediente le ayudó a adaptarse: si le instruían, pensaba, podría salir adelante. Y en ese proceso fue decisivo llegar al Real Madrid.

Antes de eso, su relación con el fútbol ya estaba vinculada a su padre y a la Unión Deportiva Salamanca. Su padre fue socio del club toda la vida y acudía a El Calvario. 

Al final de la entrevista concedida a Lecturas, Vicente del Bosque dejó una frase significativa: “No, no he dejado de ser un niño”. Aseguró que sigue teniendo síntomas de aquel niño que fue, incluido el acento de Salamanca y algunas palabras propias de su tierra, como “lígrimo”, que definió como “puro, neto, claro”.

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