El vitalismo de Menchu Gal llega a La Casa Lis

El museo salmantino presenta más de treinta obras de esta pintora, libre y pionera que atrapan a quien las contempla con esa gama irresistible de colores

Exposición de Menchu Gal en La Casa Lis. (Foto Pablo de la Peña)
Exposición de Menchu Gal en La Casa Lis. (Foto Pablo de la Peña)

El Museo Art Nouveau y Art Déco - Casa Lis de Salamanca ha inaugurado hoy jueves 9 de julio de 2026 la exposición retrospectiva "Menchu Gal" con más de treinta obras de esta pintora y pionera pertenecientes a la Fundación Menchu Gal.que podrán visitarse hasta finales de octubre en Salamanca.

Las obras de Menchu Gal (Irún,1919-2008), que se conservan en el Museo Reina Sofía, la colección del Banco de España en Madrid, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el MACBA, la Fundación Telefónica y la colección privada de Carmen Thyssen-Bornemisza, entre otras, podrán disfrutarse este verano en el Museo Art Nouveau y Art Déco – Casa Lis de Salamanca en la exposición retrospectiva de la autora que se ha inaugurado esta mañana. La autora, pionera en el panorama artístico español, “crea su propio universo y no se enmarca en ningún estilo pictórico, aunque siempre ávida de conocimiento, conoció todos los ismos que nos regaló la centuria pasada. Sus pinturas adquieren un estilo único y libre que las hacen inconfundibles, reflejo de su espíritu cosmopolita” (Marisa Oropesa, comisaria de la exposición).

Menchu Gal se trasladó a París antes de cumplir quince años por consejo de su profesor de pintura, Gaspar Montes, quien supo ver el talento de tan precoz artista. En la capital francesa recibió clases del maestro del cubismo Amédée Ozenfant y allí fue donde la joven guipuzcoana descubrió a Matisse y el fauvismo. Posteriormente, regresó a Madrid con veinticinco años y allí ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, alojándose entretanto en la Residencia de Señoritas regentada por María de Maeztu, institución en la que impartieron clase figuras tan relevantes como María Zambrano o Maruja Mallo. No obstante, su formación se vio interrumpida por el estallido de la Civil, que la llevó de nuevo al exilio. Después, en 1943, volvió de nuevo a Madrid, donde entró en contacto con los artistas de la Escuela de Vallecas a través de Bejamín Palencia. Fue entonces cuando se adentró en el expresionismo y, fascinada por él, como por otros ismos, desarrolló un estilo propio, basado en un tratamiento del color muy particular que se convirtió en su sello artístico.

A lo largo de su dilatada carrera, participó en Exposiciones Universales y numerosos certámenes, obteniendo un galardón con un significado histórico y especial: en 1959 se convirtió en la primera mujer en recibir el Primer Premio Nacional de Pintura. A esta distinción se suman el Gran Premio de Acuarela en la II Bienal de Arte del Caribe (1954), el Premio al Mejor Retrato en la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona (1955) y el Premio Biosca (1960), entre otros.

La exposición “Menchu Gal” en el Museo Casa Lis de Salamanca ofrece a los visitantes un viaje a través de la evolución artística de la pintora mediante una cuidada selección de sus géneros más queridos y recurrentes, donde siempre encontró la inspiración: retratos, bodegones, interiores y paisajes. Como descubrirá el visitante de esta muestra, la artista destaca en todas sus obras por las gamas del colorido empleado, si bien en el caso de los retratos, además, puede apreciarse que va más allá de la simple representación del personaje a través de colores y trata de captar la esencia y alma del retratado, en su mayoría mujeres representadas con fuerza y elegancia, abstraídas de un ambiente que no tiene importancia respecto al personaje protagonista. Alejada de la forma, la pincelada de Menchu Gal, poco dibujada, está pendiente de la luz para buscar la emotividad de sus cuadros. Así puede apreciarse en los retratos “M.R.” (1965) o en el desnudo de “Piluca Martínez” (1966).  De igual modo, destaca la fuerza de los retratos de “Jesús Montes Iturrioz” (1963) y “Retrato de mujer con vestido azul” (1933).

En lo que respecta a sus bodegones, la mayoría fueron pintados durante su etapa en Madrid, ya que cuando regresó al País Vasco dio más importancia a otros géneros como el de los paisajes marítimos. En los bodegones destaca “la hermosura de la sencillez, la paleta pulcra y luminosa característica de la artista” (Marisa Oropesa, comisaria de la exposición). Menchu Gal convierte objetos cotidianos llenos de vida, colores y arabescos en el centro de atención de las composiciones, con protagonismo y significado propios.

Otro de los géneros que cultivó la artista fueron los interiores, centrados en la luz, las decoraciones, los personajes o los animales. Estas pinturas, que muestran la realidad cotidiana y la intimidad del hogar, “fueron realizadas con una extrema delicadeza y calma, como si el objetivo principal de la artista, consciente de que invade una escena privada, fuera transmitirnos una sensación de sosiego y recogimiento” (Marisa Oropesa, comisaria de la exposición).

La muestra dedica su último gran eje a uno de los pilares de la trayectoria de Menchu Gal: los paisajes. Su vocación paisajística despertó al aprender a mirar los campos de Castilla junto al artista Benjamín Palencia quien le enseñó a apreciar esos parajes tan distintos de los de su tierra natal. La exposición recoge estos parajes castellanos, así como sus marinas llenas de fuerza, sus vistas urbanas de Hondarribia y los paisajes del Bidasoa y el valle de Baztán, caracterizados por una paleta luminosa y un vigor extraordinario. Como señala la historiadora Bárbara Rose, sus últimos años los pasó en el País Vasco, concentrada en su querido paisaje: el contorno de Fuenterrabía, las orillas del río Bidasoa, las montañas Baztán y los viñedos de La Rioja. Su paleta es luminosa y centelleante, su pincel trisca por toda la superficie”.

Más de un siglo después de su nacimiento, esta exposición en el Museo Art Nouveau y Art Déco - Casa Lis de Salamanca reivindica el lugar definitivo que Menchu Gal ocupa en las páginas del arte. En palabras de la comisaria, Marisa Oropesa, recordando al crítico Francisco Calvo Serraller, la pintora demostró "una auténtica vocación" cuya relevancia definitiva "no depende de la aleatoria actualidad, sino que lo decidirá el tiempo, un tiempo que le pertenece al arte".

Fotos: Pablo de la Peña

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