Respeto totalmente al que decide dedicar todo su esfuerzo vital a hacerse millonario, si lo hace con honradez y respetando a las personas y el medio ambiente. Si así logra la felicidad, perfecto, pero permítanme que dude esto último.
Hay estudios que indican que para algunas personas la obtención de dinero produce altas descargas de dopamina, una recompensa temporal en el cerebro que hace buscarla una y otra vez, como en la droga. El caso más claro de este fenómeno es la ludopatía, y está el ludópata de las tragaperras y el de Wall Street.
La dopamina funciona también como un estímulo placentero ante las necesidades naturales, como comer, beber o el sexo, pero entonces, tras la descarga, produce después saciedad. A diferencia de esto, un estímulo como la droga produce un efecto insaciable que necesita subir la dosis cada vez más. Una posible explicación de por qué hay gente que tiene tanto dinero que es imposible gastárselo en mil vidas y todavía necesita más. Dicho claramente: se chutan euros por la vena.
La diferencia entre un placer temporal de una droga y la felicidad plena está también en la duración del efecto. Obtener un reloj de oro produce un subidón de dopamina, pero, pasado poco tiempo, el efecto baja y el reloj en la muñeca ya no causa ese placer; hay que buscar un nuevo estímulo, una nueva dosis.
Sin embargo, mantener a los amigos de la infancia no es un placer temporal, sino una felicidad plena y sostenida a lo largo del tiempo, para toda la vida y sin necesidad de incrementar la dosis.
Veo cómo la gente pretende comprar con dinero la felicidad de una manera que resulta cómica y triste a la vez. Hay empresas que certifican si un autógrafo es real para venderlo por internet.
Con mi melomanía adolescente son muchos los autógrafos de músicos que conservo. Especial mención desde este diario a Celtas Cortos, que, tras su concierto en la Plaza Mayor de Salamanca, al ver la insistencia de un crío de 15 años a la puerta del camerino, directamente abrió la puerta, me dejó entrar donde estaban cenando, charlaron un rato conmigo y me firmaron un póster todos los miembros. ¿Se imaginan la felicidad de un chiquillo de 15 años ante esa experiencia vivida con sus ídolos músico-ideólogos? Pues bien, si me certifican los autógrafos y vendo el póster, ¿de verdad hay alguien tan imbécil como para pensar que comprando mi póster va a sentir lo que yo sentí?
Hay empresas de turismo solidario que te ofrecen la posibilidad de hacer voluntariado, siempre con niños o animales, nunca con ancianos o personas con gran dependencia que necesitan cambio de pañales, pagando previamente y siempre con la posibilidad de hacerte fotos con los niños durante la actividad y subirlas a las redes. Creo que, si prohibieran el móvil en el recinto, se les hundiría el negocio, en lo que ya se ha convertido en una atracción turística. A veces pienso si esos niños no se sentirán como la mujer barbuda en los circos del siglo XIX.
¿Cómo puede haber gente picando en un negocio que se basa en hacer creer que la satisfacción que se obtiene haciendo el bien lleva contrato, seguro médico y de viaje, y una financiera para la posibilidad de pagarlo en cómodos plazos?
Hace unos días recibí la llamada de un comercial de seguros. Me ofrecía medio millón de euros por la muerte de un hijo, como si el medio millón me fuera a restaurar el dolor.
O el negocio del turismo en sí mismo. Por los altibajos de la vida, he estado en buenos hoteles en Nueva York en viajes de empresa y en albergues de literas con mochila y buenos amigos. ¿Dónde creen que era más feliz?
Mis mejores recuerdos de las fiestas de joven han sido o en los pisos de estudiantes de Salamanca o en las peñas de los pueblos, donde uno era admitido por ser "amigo de...". Si el criterio de admisión hubiera sido tener dinero para pagar una entrada cara, traje de fiesta y ropa de marca, desde luego que no hubiera habido ni tan buen ambiente ni tan buenos momentos.
El caso extremo de esto es la prostitución. ¿Alguien piensa que la felicidad que se obtiene del amor se puede comprar con dinero? Como esos padres que pretenden demostrar el amor a su hijo saturándolo de juguetes en días señalados, de los que se les va a pasar la ilusión a los 15 días, mientras que, si el niño tiene besos y abrazos de sus padres y buenos amigos, la felicidad será continua y durante toda su infancia.
Lo mejor que he tenido en mi vida —los amigos, los amores, la familia, la siesta en plena naturaleza, el canto de los pájaros al frescor del amanecer, la visión al llegar a lo alto de una cima cargado de las endorfinas que libera el esfuerzo, la lluvia de estrellas tumbado en la hierba en las noches de agosto, los atardeceres que parecían pintados por Van Gogh, las buenas conversaciones, las risas, la música que alimenta el alma, la salud, la conciencia tranquila, las enseñanzas de los maestros que me encuentro por el camino— no me ha costado ni un euro. Si de esto tienen, den gracias a Dios y no le pidan más. Dad al César lo que es del César.
Sí, amigos, la felicidad es gratis, "para todo lo demás…".
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